Revista Intemperie

Pacquiao versus Mayweather

Por: Intemperie
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Breve recuento antes de la “pelea del siglo”

 

¿Viste? Es la diferencia que hay entre el fútbol y el box. En el fútbol comienzan a los abrazos y terminan a las trompadas. En el box comienzan a las trompadas y terminan a los abrazos

Félix Frascara, periodista de El Gráfico, a Renato González

 

Hoy sábado 2 de mayo, en Las Vegas, Nevada, se llevará a cabo la anunciada “pelea del siglo” entre el estadounidense Floyd Mayweather y el filipino Manny Pacquiao. El evento ha generado verdadera histeria alrededor del mundo, de la que Chile no ha estado exento. En nuestro país, será TVN la encargada de transmitir en vivo el evento, y, a diferencia de muchos países del mundo, lo hará de manera gratuita.

Llama la atención esta súbita preocupación nacional, dado la escasa o esquiva cultura nación respecto al deporte de los puños. Figuras como Heriberto Rojas, Martín Vargas, Carlos “Cruz” Cruzat o la joven Carolina “Crespa” Rodríguez han sido los emblemas o postaestardartes de un deporte siempre cuestionado por su agresividad, las apuestas en su entorno, o las consecuencias de salud a posteriori.

En Chile llega la disciplina a fines del siglo XIX con inmigrantes que tanto en Valparaíso como en Santiago se juntan en improvisados cuadriláteros a compartir unos puños. Más que ser deporte, el boxeo se empieza a desarrollar de la mano de teatros de barrios y circos ubicados en sectores como La Chimba, Franklin o Yungay.

Los años treinta del pasado siglo fueron, probablemente, los años dorados del box en Chile. Estanislao “El Tani” Loayza fue una de las primeras figuras reconocidas. La popularidad del púgil podía incluso superar la de los futbolistas, siendo este un deporte no tan masivo ni popular como hoy en día. En los años cuarenta, por su lado, Arturo Godoy lograba disputar dos veces el título mundial contra Joe Louis quedando en la historia como uno de los mejores en lo suyo. Solo Martin Vargas lograría disputar más veces coronas mundiales.

Volvamos abruptamente a Mayweather, el deportista que más ingresos genera en el mundo (por sobre automovilistas, tenistas y futbolistas) y Pacquiao, actor, cantante y diputado en su país. La mayoría de los especialistas coincide en que si este encuentro se hubiera pactado hace seis o siete años, Pacquiao sería fijo ganador. Hoy por hoy, nadie ha podido vencer el abrumador record de 47 victorias y cero derrotas.

Pac-man, como cariñosamente se le dice a Pacquiao, tiene 57 victorias, 5 derrotas y 2 empates. Un historial un poco menos “limpio”, pero igual de abrumador que el de Floyd. Si bien la victoria parece estar anunciada para Mayweather Jr. (hijo y sobrino de importantes boxeadores), nace la esperanza del milagro filipino. Es que a veces cuesta ponerse del lado de la perfección o la excelencia.

Mayweather no conoce la derrota, tocar fondo, cuestionarse todo. Tampoco conoce el tercer mundo, lo que es otra especie de derrota. Para él el box es algo genético, que se lleva en la sangre, se siente su peso, pero no es una salida, o salvavidas. No conocer la derrota es no conocer el funcionamiento de la vida en este mundo.

Por su lado, Pacquiao ha sabido reponerse tras sus derrotas contra Juan Manuel Márquez (su némesis mexicano) y no tan solo desde el boxeo. Podemos ver al filipino en alrededor de cuatro películas, en comerciales de los productos más inverosímiles o cantando éxitos que arrasan en Filipinas pero pasan sin pena ni gloria en occidente. Su figura en oriente es la de una suerte de embajador o redentor de su cultura. El fervor se deja sentir en uno de los pocos deportistas de elite y personaje mediático en aquella república pérdida al sur del mar chino.

Sabemos que este sábado, Pacquiao entrará al ring con una canción de su autoría y en su esquina estará su madre haciendo sincréticos rezos, cristiano-chamánicos, contra Floyd (sí, la madre de Pac-man increpa a sus contendientes para que no dañen a su hijo). Su derrota o victoria contará en sus encuestas como político. Y es tal vez cierto, puede que no llegue el milagro y sea una derrota más en su levemente manchado historial. Pero sabemos, también, que Pac-man se levantará y derrotará a cada uno de sus fantasmas. La campana sonará en nuestros hogares y será como una suerte de exorcismo.

 

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