Revista Intemperie

Crónica desde Copiapó

Por: Antonia Ávalos
copiapo

Antonia Ávalos narra en primera persona la experiencia de ver anegarse su casa

 

Ya ha pasado una semana desde el aluvión, temporal y desastre natural que todos vemos dentro y fuera de nuestra casa.

Es desconsolador observar cómo los esfuerzos de décadas se los lleva el agua y el barro en una sola noche.

“Lo perdimos todo”, dicen los más afectados.

Como señaló el Diario Atacama, el miércoles pasado los copiapinos nos emocionamos al ver el río Copiapó con agua.

Nos duró poco la emoción.

Pasado el mediodía el milagro se convirtió rápidamente en maldición, cuando el caudal del río rebalsó nuestras medidas urbanísticas.

El flamante y ansiosamente esperado Mall de Copiapó quedó con el primer piso totalmente anegado (el único habilitado, de todas formas), según me han contado.

Las principales calles de la ciudad, que corren paralelamente al río, Copayapu y Los Carrera, tenían un caudal violento. Con esa fuerza que se lleva los 4×4. Para qué hablar de un Mercedes Benz Clase A (creo), como el gris que vi flotando río abajo por el callejón Leonidas Pérez, paralela al río también.

No había que salir en auto con ese desastre.

Durante la tarde, el espanto se empezó a extender por la ciudad cada vez más oscura.

Las noticias mostraban las primeras viviendas trágicamente afectadas, pero lejos se veía la posibilidad de que a nosotros nos pasase lo mismo.

Pero siguió lloviendo, las calles traían cada vez más barro. Los pasajes (aquí se les dice “villa”) se empezaron a inundar y luego las casas de los pasajes, y entre ésas, la nuestra.

Subimos muebles sobre mesas, subimos comida, platos, cubiertos, pan, queso, al segundo piso, desenchufamos el refrigerador y el microondas, cortamos el gas, cerramos las ventanas, tapamos el espacio que queda entre el piso y la puerta, juntamos linternas y velas, sacamos la segunda cama de una cama nido.

Y cuando tuvimos todo ordenando nos dispusimos a ver cómo entraba el agua a la casa. En un santiamén el piso desapareció bajo el barro y se cortó la luz.

Estaba todo oscuro y olía a mierda y tierra recién regada.

 

Fotos: Antonia Ávalos

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