Revista Intemperie

La opereta del caso Penta

Por: Patricio Lillo
ivan moreira

Patricio Lillo acerca de lo grotesco en la realidad, a partir del caso Penta

 

Me entero que alguien, en alguna parte de los Estados Unidos de los cincuenta, tuvo la idea de adaptar Cándido de Voltaire en una opereta, y exhibirlo en los teatros de Broadway. Cándido es ya una sátira. ¿Cómo hacer una opereta, con sus caricaturas y personajes estrafalarios, de una sátira? Mundos rebuscados y recargados. Pero estas cosas, de hecho, funcionan en el show business. Lo grotesco puede serlo aún más sin perder un ápice de su esencia. Ser más entretenido y chistoso. Como esas teleseries nocturnas de cuicas empobrecidas tapadas en perlas.

Se ha develado una serie de correos de senadores solicitando, de manera ilegal, dinero para sus campañas. De todas las aristas del arte de pasar el sombrero -¿no lo ha hecho usted alguna vez?- me quedo con la forma. El tono de los mensajes es, por un lado, de una comicidad incontenible. Carcajadas. Por otro lado, hay en esas palabras un servilismo indecoroso. Grotesco. El remitente se mueve y se retuerce no a la altura de su cargo. Actuando. No es el representante de los ciudadanos. No es la herramienta fundamental de la democracia; la encarnación de ciento cincuenta mil electores. No es el brío del pueblo y etcétera. Parecen esos peones que adornan las aburridas novelas costumbristas que el Ministerio de Educación insiste en mantener en el currículo. Lucen como un borrachín rogando con una palmadita en la espalda por un cigarro. La destreza del bolsero es saber quién es quién. Y qué es qué. Dicho sea de paso, no olvidemos que son todos millonarios. Para que no se diga luego que la gente se pone altanera con la fortuna.

Estamos así, frente a una opereta de varios capítulos que espero con ansias; verdaderas ansias. Con risas y aplausos. En realidad estamos frente a una adaptación; la opereta de la sátira del cliché de una mentira. Una opereta cuya trama es esta; es una noche de lluvia. Los señoritos están de juerga. Están bebidos. El único lugar dónde calentarse es una casa de putas que se ve a lo lejos. Putas con frío pero alegres. Piernas bien abiertas. Allá vamos. ¡Sí Señor!

 

Foto: el senador UDI Iván Moreira (emol.com)

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