Revista Intemperie

El Éxito

Por: Patricio Lillo
bielsa

Patricio Lillo sobre el deporte como una moneda de dos caras: victoria versus derrota

 

El deporte es el mundo de los derrotados. A nivel profesional; cuán difícil es salir campeón de la liga. Cuántos corredores quedan en el camino mientras un keniano de zancos sobrenaturales se abre paso aclamado por la multitud, seguido por un camarógrafo montado sobre una BMW. El purgatorio del tenis está repleto de promesas que nadie conoce ni conocerá.

Coetzee escribe que el deporte nos enseña más sobre la derrota que sobre la victoria, pues somos mayoría los que no ganamos. Que perder no es malo. Bielsa construye parte de su filosofía alrededor de la derrota; en ella ve la oportunidad de renacer. La derrota le parece el estado natural de las cosas, y es por eso que, al ser el responsable de cada fracaso, ofrece su soledad para saciar el hambre de venganza del hincha. El deporte está habitado por quienes disfrutan viendo o practicando para no ganar. Por aquellos que se esfuerzan para ser espectadores de triunfos ajenos. Triunfos hermosos, rutilantes, épicos, pero ajenos. Siempre el archirrival. Siempre el otro equipo. Siempre el de al lado.

En el estadio municipal se juega cada fin de semana una liga para menores en varias categorías. Es un estadio funcional de pasto sintético y graderías de cemento para unas doscientas personas, erigido un barrio de casas subsidiadas con antejardín, diseñado para abaratar costos y no para ganar concursos de arquitectura. A veces me quedo a ver al colista de la temporada. Los últimos de los últimos. Son niños de doce años. Están los papás y el señor que cuida la cancha; siempre relajado, apoyando los codos en la reja. Un quiltro cuida el lugar. Come pan duro y huesos de pollo. Al final de cada partido, yendo en contra de lo recomendado, el técnico reúne a los jugadores y habla en caliente. Les dice que está contento por el juego. Que no importa el resultado. Que ellos jugaron bien. Que ellos creen en algo. Es una charla muy corta expresada en un discurso simple; sin palabras rimbombantes. En realidad, con palabras humildes. Los muchachos se toman las manos y lanzan un grito. Luego se van hacia los camarines. Dos niños, dos compañeros de equipo, se palmotean la espalda y salen caminando juntos. Abrazados.

 

Foto: Marcelo Bielsa (AFP)

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