Revista Intemperie

Estética, poder y género: una conversación con Andrés Ovalle, autor de la exposición “Presidentas de Latinoamérica”

Por: Gabriel Espinoza
andres ovalle

El artista Andrés Ovalle conversa con Gabriel Espinoza sobre las motivaciones detrás de su última exposición en al ex cárcel de Valparaíso

 

De nuestra identidad hablamos siempre que decimos quienes somos y quiénes queremos ser… La forma que hemos cobrado merced a nuestra biografía, a la historia de nuestro medio, de nuestro pueblo, no puede separarse en la descripción de nuestra propia identidad de la imagen que de nosotros nos ofrecemos a nosotros mismos y ofrecemos a los demás y conforme a la que queremos ser enjuiciados, considerados y reconocidos por los demás.-

Habermas, Identidades nacionales y postnacionales.

 

La plaza se dobla y subo el cerro, hace calor y por poco pasa el mediodía. La cárcel arriba promete aire acondicionado, le pongo a la subida. Llego y me saluda Andrés, so gently & kind que este, nuestro segundo encuentro tiene pinta de que puedo preguntar cualquier aberración.

Comenzamos por su vida, sus días en Nueva York donde su experiencia migrante y la estética neorican, la cual dice está llena de poética con matices sápidos y jolgorio, son elementos que colaboran en el cómo abordar la creatividad en sus obras.

Al volver de sus días indocumentados en el norte, Chile lo recibe en 2006 con Bachelet presidenta, y luego el resto de la región haría lo mismo. Así surge una estética particular sobre la cual trabajar, un contexto sin precedentes para él y en parte para el arte: Formalismo del poder en mujeres.

La muestra “Presidentas de Latinoamérica” nace de un compromiso estético con el contexto histórico y la idea de ser testigo de esta – como sale en algunas leyendas de las piezas en la sala – acompañado de una propuesta ecléctica, que incluye en un cuidadoso trabajo de composición figuras pop como Mafalda, y otras no tan pop como Cristina K y el resto de las presidentas latinoamericanas en una exposición particular, como su autor.

Seguimos conversando y el aire acondicionado ya no es lo que tenía en mente, hace frío y afuera la gente de short, polera y verano. Cada 10 minutos espectadores se acercan y comentan frases como “La raja, sácate una foto conmigo”, visitantes deseosos de una palabra se acercan a Andrés, quien bien piolamente se pone de pie y me dice, “disculpa amigo” y participa de conversaciones que implican desde exposiciones a turistas brasileros y portugueses, que asienten sin tener mucha idea de que se les dice, hasta una pareja de chilenos que reside en Londres y se dan vueltas con gracia por el campo blanco de la galería.

Entre tanto ir y venir de Andrés con el público, mis preguntas enredadas, que le vienen a dejar su almuerzo – del cual nunca supe su contenido – en un tuper cubierto de bolsa plástica y el cambio de turno de los guardias, logramos sacar en limpio tres elementos: Estética – Poder y género – Política cultural.

Estética: Andrés plantea su obra dentro de las libertades del quehacer artístico, pero esto debe implicar lo bello (en términos de que una obra es deseable) y trabajo manual, oficio y dejar un poco de lado el concepto, la posmodernidad súper loca (aunque los tintes surrealistas estén presentes), requiriendo del juego en la composición propio de las bellas artes. Otro punto interesante es el de la libertad de plasmar en el mismo cuadro a personajes reales como ficticios. Esto se justifica en la relación ciudadano-mandatario; tanto el espectador como el autor son ajenos a las presidentas, sólo aprehensibles a través de fuentes secundarias: Libros, revistas, televisión. Como todos “son lejanos”, resulta más justificable que personajes de ficción, como el chavo del ocho y Mafalda, o históricos, como Bolívar, puedan vivir sin ningún problema en el mismo plano – para el espectador- que Bachelet y Rousseff.

Finalmente, lo cotidiano brinda lo universal, la cercanía de las presidentas con nosotros simples mortales. Se rompe con la figura pretensiosa de brazo fuerte y cordillera de los andes de fondo: Los presidentes se bañan, cortan las uñas, comen Sandía y conducen Volkswagen beetle.

Poder y género: acá la exposición se plantea como no planfetaria. Este punto es interesante ya que las tendencias políticas de las retratadas presentan matices. Dilma, Cristina y Bachelet representan a la izquierda (sí, algo, gracias) y Laura Chinchilla (Costa rica, que dejó el mando en Mayo de 2014) pertenece al partido de liberación nacional –una cosa rara también– pero las similitudes o construcciones ideológicas no se hacen mucho muy presentes en los cuadros. Sí la historia, sí el contexto pero ninguna de estas mujeres está revestida de poder y ahí Ovalle –como el declara– se apoya del elemento estético que remite al cotidiano para dar una mirada más libre, cercana y desjerarquizada del ejercicio gubernamental. En esto último toma la libertad que le dan las mujeres en el cargo, sin tanto antecedente que marque la pauta.

Hay fantasmas rondando; Evita, Lula y Allende secundan de manera constante las acciones de las presidentas del ABC, pero también el contexto político y el poder de las presidentas se ve en los elementos que acompañan su figura: las protestas afuera de los estadios en Brasil o la bandera de YPF y Cristina sonriendo. Así el poder es un ejercicio más que una forma determinada y se identifica en relación a la actitud y tamaño de las presidentas en la obra.

También discutimos si eventualmente el poder se representa en alguna de las mujeres presidentas, la respuesta se desarrolla durante minutos y es un no. La idea es retratar a la figura de poder fuera de la institucionalidad de su cargo. Eventualmente hay elementos estéticos que guían la codificación de la obra, pero que van más allá de la banda presidencial o el palacio de gobierno.

Política cultural: último punto y bien breve. Andrés cuida sus palabras, la intención no es dejar la “embarrá”, pero sí marcar un punto: No ve una línea estructurada de apoyo a una estética en particular. Los apoyos institucionales en creación –diferente a difusión, cuando la obra ya está terminada– premian en relación a valores institucionales: Rellene las instrucciones y fundamente su proyecto para ganar el fondo. Comentamos un poco más y llega a la conclusión de que falta un apoyo a una estética determinada, un “hacer arte” que venga con apoyos desde la institución, no que el formato de postulación sea el único juicio mediante el cual te financien. Contrasta las experiencias del muralismo mexicano o de las artes que desarrolla EEUU de posguerra, donde instituciones, fundaciones y el estado se hacen cargo de generar una estética determinada…por mientras acá financiamos proyectos pero sin una línea definida más allá de conceptos como Memoria, Patrimonio y cuanto cosa que a urbanistas como a cientistas sociales se les ocurra.

Dejo a Andrés, se debe a su exposición y al público que interrumpe casi por deporte mientras entrevisto. Después de tres horas la entrevista deja ánimos de más, pero no cabría todo en el artículo. Nos despedimos y me voy a engullir una empanada porteña por Salvador Donoso.

Mientras como la empanada trato de hacer la conexión entre la grandilocuente frase de Habermas y el análisis de Andrés sobre su propia obra. Es posible ver que el contexto genera y resignifica la identidad, rodeada de pequeñas acciones cotidianas que devienen universales, y bien pueden revestir la forma de mujer, hombre, lobo, gallo, perro, presidentes u otros, los sujetos siempre se deben a su contexto, por sobre todas las cosas. Sin un lugar es imposible hablar de los espacios que se tornan en él y trazan los valores. Y Ahí la particularidad de las presidentas de Latinoamérica, que son retratadas respondiendo a un continente y lo vertiginoso de sus biografías.

Presidentas de Latinoamérica, se presentó el pasado Diciembre en el Parque Cultural de Valparaíso (Ex – Cárcel), la muestra ofreció 14 cuadros y 4 paneles circulares en la galería, además de encontrarse casi todos los días su autor, quien regaló explicaciones, un tour por los cuadros y respuestas a lo que se le pregunte.

 

Foto: “Presidenta Bachelet estornudando en Caburga”, pintura acrílica y texturas sobre tela de 170 x 130 cm. 2007 (Gabriel Espinoza)

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