Revista Intemperie

El “piropo lindo” y el “piropo feo”… por favor!

Por: Daniela Machtig
acoso callejero

Daniela Machtig toma postura a propósito de la campaña en contra del acoso callejero a mujeres

 

Con toda esta discusión de “los piropos” en la calle, me he sorprendido gratamente al saber que hay muchas, muchísimas, mujeres a las que les molesta el asunto tanto como a mí. Pero también siento mucha frustración cuando noto que, dentro de estas mujeres que estamos en contra del acoso callejero, aún existan algunas que distingan entre el “piropo simpático” y el “piropo ofensivo”.

A ver… que un hombre no sea capaz de asimilar el derecho de la mujer a ocupar el espacio público, y considere en su cabecita que el cuerpo de esa mujer –que va sin un hombre al lado- es entonces de uso público, por lo tanto puede emitir opiniones sobre su apariencia… ¿eso no es violento?

-Ah, no, es que sólo me dijo “preciosa”, entonces no, no es violento. A pesar de que no le he dado ninguna confianza, no me ha preguntado si quiero su opinión, y al hablarme lo hace sin importarle si me puede agradar su opinión (porque lo que yo pueda pensar o sentir, a priori no le importa a nadie, pues soy una mujer).

¿¡Quéee?!

Si un tipo con el que estoy flirteando, con el que tengo onda, al que ya le he dado cierta confianza, intente agradarme con un comentario NO ES LO MISMO que me lo diga un tipo con el que no tengo absolutamente ninguna relación. Y da igual si el que me lo dice es guapo, es joven, y /o no ocupa palabrotas para decirlo. No es lo mismo. ¿Estamos?

Si no dejamos de pensar que nuestra autoestima depende de la opinión que los hombres tengan de nosotras, no vamos a salir de todos esos callejones sin salida en que nos tiene encerradas el machismo. (Sí, escribo “machismo” y no me da miedo de que me digan histérica, frígida, fea, malcogida, etc. [casualmente, patologías machistas que, se supone, debieran ofenderme]). Sinceramente, si un día ningún hombre te dice en la calle que eres linda, ¿eso te convierte en una mujer fea? ¿fea para quién? ¿tu vida está acabada sin la aprobación masculina? Chiquilla, estás en un problema.

Por favor, desmitifiquemos la idea de que los acosadores callejeros piropean a las mujeres lindas (como si fuese un premio), o que están vestidas de una determinada forma, o yo qué sé. Convengamos en que piropean y acosan a cualquiera.

Siento si decepciono a alguien; el tipo que esta mañana te dijo “preciosa” no lo hizo en un acto de incontinencia pasional al morirse de amor instantáneo por ti. Lo siento, pero no. El fin del piropo no es adular a la mujer; es pasar por sobre ella. Acosar a las mujeres no es un gesto amoroso, es violencia de género; es un acto violento en el cual un tipo intenta aplastarte con su falo. Simbólicamente, claro.

¿Qué si soy femi-nazi? Uy, sí, qué doloroso ese insulto. Pero antes de que me digan gratuitamente “histérica” (gracias Freud por ese material), respóndanme sólo dos preguntas:

1. ¿Alguien cree que el tipo que acosa en la calle REALMENTE ESPERA seducir a una mujer?

(Si no le cabe en la cabeza la pregunta, sólo imagínelo: Una mujer tiene deseos fulminantes de tener sexo sólo por escuchar a un hombre decirle “m’ijita, con ese cuerpo, qué no le haría”. Segundos después corrió hasta su auto y le practicó sexo oral hasta atragantarse y morir. ¿Suena ridículo? Lo es.).

Si el acosador no espera nada de su acción, es un absoluto despropósito. ¿Por qué acosa entonces?

2. ¿Qué tan frecuente es que un tipo acose a una mujer, estando esta acompañada de un hombre? Cuando esto ha sucedido, generalmente el acosador le pide DISCULPAS AL HOMBRE, y no a la mujer. O sea, mujer acompañada es respetada (pues es propiedad del hombre… ergo, a quién están respetando es al hombre), mujer sola es pasada a llevar (pues no tiene derechos por sí misma).

Si el piropo más inocente del mundo (ej: “linda”) tiene la única finalidad de elevar a la mujer (suponiendo que la percepción que los hombres tienen de nuestro cuerpo nos “elevara” realmente), ¿por qué se lo reservan cuando hay un hombre al lado? Si tiene un fin tan noble, ¿no debiera ennoblecer a nuestro compañero también? Parece que no. Sospechoso eso.

Lo que estoy diciendo acá es muy obvio, pero parece que en esta querida sociedad muchos no lo entienden. O, mejor dicho, no lo quieren entender; si no, no me explico todos los comentarios respecto a mis trancas sexuales que me he ganado por hacer notar esto. No quiero que un hombre me acose, y soy histérica. Intento exponer argumentos, y soy extremista (o sea, que además soy peligrosa! Pucha).

En el acoso y el piropo hay una dinámica de poder. Incluso en el piropo más “simpático”; no es inocente dónde, cómo y cuándo se dice. Si no, explíquenme por qué los hombres me piropean cuando estoy en mi trabajo de mesera, pero no así en las otras cosas en que me desempeño. Nunca nadie me ha piropeado mientras hago una visita guiada en el sitio de memoria donde participo. Nadie entró al archivo del museo diciéndome que tenía lindos ojos. Cuando he trabajado en oficinas o instancias similares, en la horizontalidad del trato nunca nadie me hizo comentarios sobre mi aspecto. Sin embargo, con una bandeja en la mano, ahí pareciera que sí tengo lindos ojos y linda sonrisa. Claro, cuando me veo “más profesional”, mi apariencia pasa a un segundo plano. Pero como te sirvo la comida, pierdo mi intelecto, mis derechos y mi respeto; paso a ser un objeto público.

¿Que el piropo no es violento? ¿Es inocente? ¿No es machismo?

Cuéntenle ese cuento a su pene.

 

Foto: ocacchile.org

4 Comentarios

  1. tomas dice:

    Yo siempre he pensado que cuando un hombre le tira un piropo a una mujer en la calle, es mas que nada una forma de hacerse el choro frente a sus amigos, de ganar status, como que piensen “mira que es choro el Juan!”
    por eso la mayoría de las veces que les gritan algo a las mujeres es cuando están acompañados de amigos o compañeros, y cuando están solos en general son mas tímidos.
    ahora, no estoy tan de acuerdo con que a las mujeres que no les importa el “piropo lindo” están mal y debiera importarles, todas las mujeres tienen su propia opinión sobre el tema, y creo que son validas, porque cada una tiene experiencias diferentes.
    Es como si a mi me gritan un piropo en la calle, aunque sea amable o vulgar, me daría lo mismo, seguramente me daría risa o que se yo, pero no puedo comparar mi experiencia con la de una mujer, porque claramente no hemos pasado por lo mismo y porque la sociedad no nos trata de la misma manera tampoco.

  2. Rodolfo dice:

    Estimada, creo que aquí encontró una clave profunda de su linda argumentación: “Si el acosador no espera nada de su acción, es un absoluto despropósito. ¿Por qué acosa entonces?”. Esto es lo que ocurre desproporcionalmente y opera como eje reproductor que mantiene el acoso tan vivo en nuestras prácticas urbanas. El piropo se manifiesta como consenso o es una expresión de una hegemonía, invertida de cualquier sentido de igualdad entre opuestos, en este caso, sexuales. Más que herir o transgredir el cuerpo femenino como objetivización de un deseo carnal, el piropo cumple una función de estabilización de la hegememonía masculina por sobre el cuerpo femenino. Se preocupa de recordar cotidianamente quién manda a quién en lo sexualmente dominado o aceptado por el grupo dominante. Aun así, tratando de superar esa hegemonía y buscando la honestidad, es duramente difícil no caer en tentación de mirar con ojos chispeantes o voltear el zapallo cuando uno ve a una mujer radiante por la calle, apretadísima o sonriente, en el pleno sentido de sus movimientos. Es como si la dominación apretara un botón y te dijera: “viste que estas alienado”. Y quiera uno revolucionariamente superarse, pero algo de esa alienación se multiplica y hace más fuerte. En este cuadro trágico creo que hay una distancia intermedia en la cual uno debería avanzar. Abolir y rechazar radicalmente el acoso femenino, en cualquiera de sus variantes. Pero, vivir y socializar imaginariamente y con la mirada, cualquier impulso espontaneo y carnoso de nuevas posibilidades furtivas callejeras, desde luego, sin distinciones de género. A fin de cuentas, mirar y socializar internamente -tanto hombres sobre mujeres y mujeres sobre hombres- puede ser una conciliación pública y respetuosa, universal, entre los deseos que mantienen funcionando a la humanidad, aunque sea en esos contextos imaginarios y mediocres del solo verse entre pieles. No cree usted, estimadísima?

  3. Arturo Bandini dice:

    Algunas impresiones:

    1) Creo que la histeria no tiene que ver con tu reacción a los piropos, sino con un asunto hormonal que afecta al grueso de las mujeres y que probablemente te puede afectar a ti, a ratos. El escrito no es para nada histérico así que me reservo comentarios;

    2) Considero que sí, el piropo puede ser ofensivo, pero toda sociedad en su raíces implica violencia, imposición de ciertas cosas. Y que un ser desconocido te “diga” o “grite” algo, es una violencia muy menor si se compara con la hostilidad que habita el grueso de este país y, sobre todo, la gente que vive en poblaciones. En síntesis: queja bilz y pap.

    3) Dado el principio de oportunidad que impera en nuestro sistema penal, resulta absurdo denunciar a PDI o Carabineros, puesto que el asunto quedará en nada, se archivará porque hay incluso delitos más graves que nunca son juzgados. Y, honestamente, considerando que el sistema está sobrecargado y no tiene recursos suficientes, esta campaña, si quiere ser efectiva, debiese apuntar a un cambio cultural que difícilmente es obtenible con la participación punitiva del Estado. De todas maneras el esfuerzo es bueno, enseña civilidad, tolerancia, respeto.

    4) Tu texto me lleva al tema que muchas de mis compañeras feministas me han propuesto en algún carrete pseudointelectualoide: penalizar o tipificar el piropo, lo cual me parece una alharaca aberrante, desproporcionada y por añadidura reaccionaria. Pensar que un viejo peineta de la contru o cualquier tipo debe ser privado de su libertad por tirar un piropo, resulta contrario a cualquier tipo de progresismo referido a la función de la cárcel;

    5) Cuando pienso en la realidad de las mujeres en la India, me parece que en este caso la palabra acoso está ocupada con algo de liviandad y umbilicalismo;

    6) Tu texto sangra adolescencia, exuda ese cliché de que el cuerpo de la mujer no puede ser visto únicamente como objeto. En el deber ser, te la creo, pero en los hechos, es visto como tal; y no sólo el cuerpo o el “ser” de la mujer sino el del “otro”, los seres que me rodean. Etiquetar a ese “otro” (mujer, proletariado, miserable, débil) e interpretar su rol o sus circunstancias no es hilar más fino, es seguir reformulando máscaras y antifaces que no van al fondo del asunto: los móviles del individuo, los motivos de la supervivencia personal gracias a una organización gregaria.

  4. Era muy chico, iba con mi vieja de la mano por la plaza y escucho que me gritan: ¡Cuñado! Yo le pregunté a mi vieja por qué me dicen “cuñado” y ella me dice que no es nada, y me sonrió media nerviosa. A través de mi la estaban piropeando a ella.

    Habiendo vivido constantemente situaciones parecidas, me avergüenzan los comentarios de otros hombres que intentan explicar, sin éxito, el neandertalismo básico que se oculta tras un piropo. Lamentablemente son esos mismos hombres quienes le enseñan a sus hijos a piropear creyendo que enseñan a “un hijo de tigre a comerse a todas las mujeres que anden sueltas”. Esas mujeres sueltas podrían ser tu mamá, tu hermana, tu abuela, tu hija, tu esposa.

    El piropo es una forma de insulto (por algo no se le llama “halago”), y como insulto, es una agresión. Por cierto, a mi esposa no la conquisté en la calle con un piropo. Si necesitan clases para interactuar con mujeres, podemos conversar. Les recomiendo dejar el garrote en la casa.

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