Revista Intemperie

Un mal asado

Por: Francisca
thomas rousset

 

El mayor panorama del fin de semana fue un asado al que fui el Sábado, que duró toda la tarde, y después la noche. Nos bañamos, tomamos sol, comimos rico, todo bien. La Nicole (que está medio loca), tiene nuevo novio, o pinche, y nos empezó a contar todo de él, que es mayor, que tiene departamento en la nieve, que viaja al extranjero todo el tiempo. Después nos empezó a mostrar las fotos, pero los hombres cacharon que estábamos en algo y nos empezaron a molestar, así que terminamos las tres en el baño.  Después de un rato, los muy pendejos nos fueron a espiar por la ventana del baño, y cuando los pilamos, nos acusaron poco menos que estábamos en una junta lesbiana o algo así.

Cuando empezó a hacerse de noche, todo se empezó a volver raro también, o tal vez fuera yo que me empecé a sentir lateada de todo. Al fin y al cabo es siempre lo mismo, pienso, las mismas tallas, los mismos temas de conversación. De vez en cuando me baja la sensación de que estamos todos fingiendo, o que somos marionetas. Escuchando a mis compañeros, se me vino a la cabeza la expresión “papitos zorrones”, que me carga, pero de todas formas (me da hasta vergüenza escribirla). Todos hablando a toda boca, peleándose la palabra, tratando de decir algo divertido, o hacerse los choros. Sobre todo, todos tratando de pasarlo bien, me apesta esa compulsión de la gente por la felicidad, la encuentro deprimente.

Cuando empezó a correr un pito me escabullí hasta debajo de un árbol grande que había al lado de la piscina. Al poco rato, el Ramón, que es bien rico, como de ese tipo de “pelo en pecho”, cachó que estaba sola y vino a conversarme. Pero empezó con las mismas tallas, tratando de ser divertido, así que al tiro me aburrió, como que me atosigaba. Después nos vieron y nos empezaron  molestar, así que nos volvimos.

Creo que el único momento entretenido fue cuando se pusieron a contar historias de terror, o de fantasmas, no sé por qué, porque nunca lo habíamos hecho. Según el Juan, que en su casa en el campo penan y varios han visto el espíritu de un tipo ensangrentado. No le creí, pero lo contaba con buena atmósfera.

Cuando ya era tarde empezó a llegar más gente, y la cosa se empezó a prender un poco. La única que era distinta era una chica que nunca había visto (creo que nadie nunca había visto, era como amiga de una amiga). Usaba un pantalón de patas negras apretadas, y unos zapatos cafés grandes, con cadenitas. Me llamó la atención no sé por qué, era guapa, pero no era por eso, se veía como distinta a todas las demás, tenía como un aire distinto, y como que nada parecía importarle. La estuve mirando por un rato, pero no me atreví a ir a hablarle.

Sólo conseguí hablar con un nerd, salido de no sé dónde, que me pillé en el comedor hiper iluminado, sirviéndome bebida. Empezó a hablar de que todos fingíamos un poco cuando estábamos en grupo, por aparentar, y de la importancia del amor, cosas así, que en un principio como que enganchaban con mi rollo, pero después me di cuenta que era un latero. En el fondo era como trancado, le tenía miedo a la vida, esa impresión me dio. Y era como super cartucho, parecía como un cura salido de no sé dónde, con miedo a todo, parecía dando un sermón. Te juro que en la luz radiante del living, donde nos quedamos conversando, con un jeans casi blanco y una camisa clara, parecía alguien de otro planeta, un extraterrestre.

 

Foto: Thomas Rousset

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