Revista Intemperie

Griffero, el esquilo chileno (ojalá no sea cierto)

Por: Federico Zurita Hecht
prometeo el origen

Federico Zurita se pregunta si el último montaje de Ramón Griffero a partir de una tragedia de Esquilo, no transita la pendiente del conservadurismo

 

La pregunta que se formula la obra Prometeo, el origen no es muy original. La obra de Ramón Griffero que actualmente se presenta en el GAM, se interroga acerca de si Prometeo se equivocó al robarle el fuego a los dioses y dárselo a los hombres, asunto que le valió una condena.

Esquilo, que era un conservador, se preguntó lo mismo en su tragedia Prometeo encadenado, en la que el fuego robado constituía una representación del conocimiento. En pleno siglo V antes de Cristo, el militar ateniense que figura como autor de aquella tragedia nos presenta en ésta al titán Prometeo como si fuera un rebelde a quien quisiéramos seguir. Sin embargo, eso, a la larga, no es cierto. Se especula acerca de la existencia de dos tragedias que compondrían, junto a ésta, una trilogía a la usanza de la primera época de las competencias de tragedia en Atenas.

Dado que es sabido que Esquilo fabula con el fin de defender la estructura de poder existente en la sociedad de la que él forma parte (a saber, que los hombres no pueden actuar de forma independiente y que, en cambio, deben subordinarse a los designios de los dioses, representados en la tierra por la autoridad política), es posible presumir que el carácter rebelde del titán en el drama Prometeo encadenado debería desvanecerse en las tragedias que le siguen. Francisco Rodríguez Adrados lo explica bien cuando advierte que en Prometeo liberado (una de las tragedias perdidas) el rebelde debe ceder y obedecer a la autoridad total. A fin de cuentas, bajo la defensa de la lógica hegemónica, el Prometeo de Esquilo no es diferente a sus Clitemnestra y Egisto, a sus Eteocles y Jerjes, o a los Edipo, Áyax y Creonte de Sófocles, otro defensor de la estructura de poder. Después de todo, en el teatro griego el héroe trágico no es alguien a quien el pueblo deba imitar. Es el antiejemplo. Que no te pase lo que a esos reyes y titanes desobedientes, murmura el teatro en Grecia.

Cuando la obra de Ramón Griffero se hace la misma pregunta que se hiciera Esquilo dos mil quinientos años atrás, está pensando en cómo el conocimiento en el ser humano ha generado una serie de perversiones que han producido la justificación (a través de discursos que circulan gracias al saber humano) de la violencia del fuerte contra el débil. Prometeo, el origen tiene la intención de sancionar ciertos caminos que el conocimiento del ser humano ha pavimentado. El problema en esta obra es que, al considerar en su pregunta que Prometeo se pudo haber equivocado, está sancionando todos los caminos que el conocimiento humano ha pavimentado y no sólo aquellos que justifican la violencia; opta así por instalar la sospecha acerca de la autonomía del hombre de directrices metafísicas (las que siempre están representadas en la tierra por una institución poderosa). ¿La obra de Griffero propone la necesidad de ese orden disfrazado de universal?

Es problemático leer de esta forma una obra de Griffero, pues sus trabajos anteriores, en la década del 80 por ejemplo, se caracterizaron por construir una disidencia frente al poder hegemónico de entonces: la dictadura militar. Es sabido también cómo Griffero debió buscar un encauce de sus reflexiones una vez que llegó la democracia. Él mismo lo ha explicado. Luis Pradenas lo cita: “La llegada de la democracia generó en mí y en la mayoría de los creadores un autismo creativo. La pregunta frente a las nuevas situaciones era de dónde hablar. La función o rol del hombre de escena bajo la dictadura, era muy clara […] ¿De dónde se gestaba ahora una poética política si la anhelada democracia había llegado, dónde encontrar el nuevo motor? ¿De qué escribir ahora que no sea representar por representar […]?”.

La respuesta está en el desarrollo de temáticas relacionadas con la identidad y la memoria, asunto que Griffero y otros hicieron en la década del 90. Sin embargo, hoy, en plena época en que el triunfo de la lógica del capital ha sabido fagocitar cualquier intento de contrahegemonía en el arte, los discursos se vuelven ambiguos y transitan al borde del peligro de confundir al amigo y al enemigo. El peligro se concreta en la posibilidad de que, sin plena conciencia, los discursos aporten a fortalecer aquello que inicialmente parecía que iban a denunciar. Al parecer, Prometeo, el origen es un ejemplo de este caminar por un borde peligroso, pues pareciera, finalmente (y ojalá esta crítica se equivoque de punta a cabo), que la nueva obra de Ramón Griffero se cae, desde la misma roca donde Prometeo fue encadenado, al abismo del conservadurismo.

 

Prometeo, el origen

De Ramón Griffero
Temporada: 09 de noviembre al 14 de diciembre
Compañía: Teatro de Fin de Siglo
Elenco: Paulina Urrutia, Taira Court, Antonia Zegers, Manuela Oyarzún, Juan Pablo Peragallo, Danny González y Omar Morán
Horarios: Miércoles 21:30 hrs., Jueves a Sábado 21 hrs., Domingo 20 hrs.
Lugar: GAM, Centro Cultural Gabriela Mistral, sala A2 (edificio A, piso 1)

3 Comentarios

  1. Jorge Rojas dice:

    Encuentro que este es un trabajo crítico muy interesante, me hizo replantearme alguna obras clásica griegas y pensar que de verdad son bastante reacionarias y que seguramente aunque sea un fallido de Griffero hoy muchos creadores que por conseguir un espacio oficial venden su alma al poder.
    Espero que no sea el caso de Griffero.

  2. Fernando Garcia dice:

    Me parece que la crítica es en exceso tendenciosa, ya que tiende a analogar a los “dioses”, cuya fuerza es la voluntad incontestable, con la estructuras de opresión, cuya fuerza es la explotación. Son cosas distintas. Es tendenciosa, porque además planteas que eso ya estaba presente de manera nítida en Esquilo, como si no hubiese duda al respecto. O sea que de un plumazo borras todas las discusiones interpretativas que se han echo sobre la obra, que no son pocas, claro. No he visto esta adaptación de la obra, la verdad, llegué aquí porque un amigo me dijo que la fue a ver y quería leer una crítica: quizás tienes razón de hecho, pero así como lo planteas me parece que reduces todas las cosas, y además que todo esto lo podrías a ver dicho con solo leer el libreto ¿No hay nada que decir sobre el montaje, los personajes, la dirección, el contexto…? Por otro lado ¿Por qué no pensar que los dioses son también una alegoría de la naturaleza, y Prometeo una alegoría de la racionalidad moderna, cuya promesa de emancipación consiste justamente en dominar las fuerzas de la naturaleza por medio de la técnica? ¿Un siglo entero de guerras y lo que llevamos de éste no es acaso suficiente motivo como para sospechar de esa racionalidad? Creo que se le pueden dar bastante más vueltas al asunto, y andar tachando con binomios de guerra fría de si es conservador o progresista, chucha, me parece bastante absurdo políticamente a esta altura del partido. Bueno, no quiero que suene esto como un ataque, de verdad no lo es, solo quise comentar porque me molestan estos reduccionismos críticos, especialmente si vienen de -supongo- un compañero. Saludos.

  3. Fernando Garcia dice:

    Me parece que la crítica es en exceso tendenciosa, ya que tiende a analogar a los “dioses”, cuya fuerza es la voluntad incontestable, con la estructuras de opresión, cuya fuerza es la explotación. Son cosas distintas. Es tendenciosa, porque además planteas que eso ya estaba presente de manera nítida en Esquilo, como si no hubiese duda al respecto. O sea que de un plumazo borras todas las discusiones interpretativas que se han echo sobre la obra, que no son pocas, claro. No he visto esta adaptación de la obra, la verdad, llegué aquí porque un amigo me dijo que la fue a ver y quería leer una crítica: quizás tienes razón de hecho, pero así como lo planteas me parece que reduces todas las cosas, y además que todo esto lo podrías a ver dicho con solo leer el libreto ¿No hay nada que decir sobre el montaje, los personajes, la dirección, el contexto…? Por otro lado ¿Por qué no pensar que los dioses son también una alegoría de la naturaleza, y Prometeo una alegoría de la racionalidad moderna, cuya promesa de emancipación consiste justamente en dominar las fuerzas de la naturaleza por medio de la técnica? ¿Un siglo entero de guerras y lo que llevamos de éste no es acaso suficiente motivo como para sospechar de esa racionalidad? Creo que se le pueden dar bastante más vueltas al asunto, y andar tachando con binomios de guerra fría de si es conservador o progresista, chucha, me parece bastante absurdo políticamente a esta altura del partido. Bueno, no quiero que suene esto como un ataque, de verdad no lo es, solo quise comentar porque me molestan estos reduccionismos críticos, especialmente si vienen de -supongo- un compañero. Saludos.

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