Revista Intemperie

Cosas que hice hoy día

Por: Francisca
puente condell

 

Estuve echada casi dos horas al sol primaveral, en un parque cualquiera de Providencia, tratando de leer los últimos capítulos del libro que me entra en la prueba de mañana. Es mi última prueba pendiente en la universidad, y pensé si no me daría nostalgia más adelante acordarme de este período universitario, pero no creo. Me quede mirando la gente cuando terminé, todos parecían aburridos, o cansados, excepto una pareja de jóvenes barriobajeros (perdón por la expresión) que jugaban y se tocaban como si estuvieran en su propia casa, y eran los únicos felices.

Pasé al mall, no sé bien para qué, tenía la idea vaga de comprarme un par de zapatos, pero no encontré ninguno de mi gusto y después me desinteresé de la idea, y me puse a vitrinear cualquier otra cosa. No sé por qué no me quería ir a mi casa. A la salida de Ripley, frente a una heladería, me crucé con una niña muy linda, rubia, de piel muy blanca. No es un tipo que me guste, pero esta era tan linda, que me quedé como pegada mirándola, parecía un angelito, resplandeciente y perfecto. Tenía unos aritos brillantes, que le quedaban tan bien que me dieron ganas ahí mismo de comprármelos. Busqué en Accezorise y Mng, y en varios lados, pero no los encontré en ninguna parte.

En mi pieza me puse a traducir una canción de un grupo inglés, lenta y tristísima, hablaba de compartir una pena, de alguien que te acompañar a sufrir. Al final, la saqué casi entera.

Me acordé mucho de un ex novio, que tenía cuando salí del colegio, incluso lo busqué en Facebook, por impulso. No había nada especial, salía con unos amigos en la playa, o haciendo deporte, se veía bien y feliz. Después busqué su teléfono en el celular, lo tenía todavía grabado. Seleccioné su número y lo estuve mirando un rato, como si estuviera a punto de marcarlo. Ni siquiera tenía intención de llamarlo, pero pensaba “estoy a un click de cambiar el curso de mi vida”, y me reí.

Después llegó mi papá y entró sin tocar, lo que me apesta. Se empezó dar vueltas por mi pieza, y me empezó a contar un cuento de un matrimonio al que lo habían invitado, y que mi mamá no lo quería acompañar, porque estaba enojada con él, quizás que habrá hecho, el muy cretino.

 

Foto: lanacion.cl

Un comentario

  1. Nydia Pando dice:

    Lo grave es reconocer que quizá esa llamada no cambiaría nada. Quizá iría directo a buzón, porque ya no tienes prioridad. Quizá iría directo a más de tres timbres, porque está con alguien más. Quizá ya ha cambiado el número, y tú ni te enteraste, porque qué necesidad habría de hacértelo saber. Y, en el desapego y la conciencia de lo perdido, de repente se vuelve mucho más atractivo ser por lo menos uno de esa pareja barriobajera, que no tiene idea.

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