Revista Intemperie

Entre desiertos, meteoritos y carreteras sin fin

Por: Joaquín Escobar
la ola

Joaquín Escobar recomienda La ola, de la boliviana Liliana Colanzi, una colección de relatos en los que se entrecruzan personajes occidentalizados con otros provenientes de la cultura indígena

 

Una muchacha que se infiere cortes en sus muslos, un desganado ayudante de fotógrafo que roba objetos sin sentido y una indecisa camarera que planea dejarlo todo para huir, son algunos de los personajes que conviven en el libro de cuentos La ola de la boliviana Liliana Colanzi (1981). En todos los escritos el patrón dominante son las conflictivas relaciones entre padres e hijos. Progenitores burgueses y distantes que pretenden apropiarse indebidamente del destino de sus retoños, reflejando en aquel gesto la desintegración que está sufriendo la institución familia como núcleo de las sociedades contemporáneas. Una tensión constante donde abundan los castigos y los rencores: como el cuento “Retrato de familia” donde un adolescente es amarrado a su cama durante las noches para que no pueda masturbarse. O “Vacaciones permanentes” donde un par de amigos aquejados por su cotidianeidad huyen a otra ciudad mintiéndoles a sus padres.

Siete cuentos protagonizados por individuos que transitan entre la adolescencia y una primera juventud. Siempre soñando con largas carreteras por las cuales escapar, como los protagonistas de la canción de Sabina “Pájaros de Portugal”. La mayor representación de esta figura la hallamos en el relato “Banbury road”, donde dos estudiantes eslovenos le ofrecen a una camarera latinoamericana desprenderse de su rutina para huir con ellos. Al momento de su negación le introducen la angustia: “No se puede dejar todo de un día para otro, contesta bruscamente. ¿Qué es todo? Dice el rubio, pero ella no lo entiende. ¿Qué es todo lo que tienes que dejar?, repite. Ella se sonroja y no sabe qué decir”. Me parece el mejor cuento de todo el libro: bien logrado y escrito, plagado de pequeños detalles que hacen convivir varios microrelatos dentro de uno mayor, al estilo de una muñeca rusa. “Banbury road” se articula con una trama y estética semejante al cuento “Primer amor, últimos ritos” de Ian Mcewan, mostrando ello una influencia de cierta narrativa europea contemporánea en la escritura de Colanzi.

En todos los textos conviven personajes totalmente occidentalizados y otros con una predominante cultura indígena. Como en el primer relato, donde la madre de Alfredito acude a una peluquera japonesa y la nana Elsa que narra historias de diablos rurales. O en el cuento “Meteorito”, donde Ruddy, un pequeño burgués de provincia, considera un paradigma la fuerza que tiene el Capitán América y un niño trabajador que tiene visiones sobre lo que vendrá. En ambos casos hay relaciones de poder entre los personajes, apreciamos la dialéctica entre empleado-empleador que en estos casos también refiere a la de indígena-mestizo.

El crítico literario Antonio Cornejo Polar expone que la colonialidad es una superestructura invisible que se instala durante el colonialismo, a través de la cual observamos relaciones de poder en la que el sujeto de piel blanca es siempre el dominante. Tal hipótesis es palpable en estos relatos, donde los subalternos siempre son minimizados por un patrón no coincidentemente mestizo, es decir, vivimos en una constante réplica de modelos y pirámides.

De un tiempo a esta parte la editorial Montacerdos la está rompiendo. Si ya ha sumado a su catálogo los cuentos de Federico Falco y Mariana Enríquez, nuevamente nos vemos sorprendidos por La ola de Liliana Colanzi. Como recolectores, se sumergen en un bosque de narrativa latinoamericana poco difundida en Chile, y desde este sabio lugar nos traen semillas de fresca y arrolladora literatura.

 

La ola

Liliana Colanzi
Montacerdos editores, 2014

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