Revista Intemperie

La Victoria: historia necesaria mal condimentada

Por: Federico Zurita Hecht
la victoria

A Federico Zurita le parece apropiada la elección de un tema acerca de la historia reciente de Chile, pero no queda satisfecho con la construcción dramatúrgica

 

Tras el éxito de Bello futuro, quizás la mejor obra estrenada en Chile el año 2013, la Compañía de Teatro Síntoma regresa con su nueva obra, La Victoria, la que ostenta la misma pertinencia a la hora de elegir temáticas referenciales de la historia reciente de Chile, pero con menor contundencia dramática que la obra que la precede.

Con la misma fórmula de Bello futuro (trabajo investigativo, dirección de Paula González, dramaturgia de Gerardo Oettinger y el mismo elenco, aunque ampliado por tratarse de una obra con más personajes que la anterior), La Victoria se integra no sólo a una tendencia desarrollada por Teatro Síntoma, sino a una necesidad que nuestra sociedad tiene a partir de la víspera del cumplimiento de los 40 años del Golpe Militar, de refrescar las representaciones de la dictadura a través de ficciones teatrales (1974: Población Tejas Verdes, El Taller, el reestreno de La muerte y la doncella, y muchas otras).

Mientras en Bello futuro la acción se desarrolla en un taller de costura de CEMA Chile, en La Victoria la acción nos lleva a la olla común a cargo de las mujeres de la población La Victoria de Santiago. En ambos casos se alude a espacios donde se despliegan las relaciones de poder en los sectores populares en plena dictadura militar. En Bello futuro aquellas relaciones de poder se presentan ocultas en la apariencia de beneficio, sin explicitar inmediatamente la violencia que, de todos modos, se manifiesta de forma descarnada. En La Victoria, en cambio, las relaciones de poder se presentan explícitamente como violentas a través del hambre, la represión policial y la muerte. Esta explicitación de la violencia que emana desde el mismo referente, propicia una visualización del conflicto dramático que resulta evidente apenas comienza la acción. Esto no es un problema en sí. Cada obra debe presentar sus acontecimientos (entre ellos, la instauración del conflicto) del modo que sea más verosímil o necesario (si recordamos a Aristóteles). En este caso, esto ni siquiera es causa del desarrollo de una visión maniquea. De hecho, La Victoria busca lúcidamente desprenderse de ese riesgo. Sin embargo, tal aceleramiento en la presentación del conflicto, puede ser la causa de que, en esta obra, el desarrollo de la acción presente deficiencias dramáticas.

Así, tras ser presentado exitosamente el conflicto de La Victoria, el desarrollo de la acción se despliega carente de profundidad. Una de las principales consecuencias de esta falencia es la escasa construcción de personajes, donde sólo tres o cuatro de ellos logran perfilar caracteres definidos. El resto aparece como una multitud indefinida que llena turnos de diálogo y espacio. Esto parece deberse, inicialmente, un problema de dramaturgia, pues el montaje realista que formula González (si es que la flexibilidad del concepto “realismo” nos permite usarlo aquí), con la preparación de la olla común con ingredientes reales y con olor a comida en la sala de teatro, construye con eficiencia un mundo ficcional, hasta que, finalmente, la falta de carácter en varios personajes interrumpe su concreción definitiva. En suma, el montaje no corrige (y simplemente posterga) los problemas iniciados en el texto (o tal vez en los ejercicios de creación con las actrices que dieron por resultado el texto de Oettinger).

La falta de concreción de los caracteres de los personajes explica en buena parte la ausencia de desarrollo de sus historias individuales. No es que necesitemos saber cada detalle de la vida de las nueve mujeres que participan de la acción, algo que atentaría contra la unidad de acción (otro concepto que tomamos de Aristóteles). Pero se hace evidente que faltan asuntos por saber para completar el desarrollo de los eventos. Tenemos entonces un problema de unidad de todas maneras, no ya por el desborde de información, sino debido al vacío de información: personajes poco delineados, historias contadas a medias y falta de claridad en el establecimiento de las relaciones entre los personajes. Con esto, el desenlace parece llegar de forma abrupta, cuando el climax parece aún en desarrollo.

Con La Victoria, Teatro Síntoma hace una elección correcta y pertinente del tema a respresentar. De hecho, se puede decir que el trabajo del grupo de González y Oettinger, tal como se ha delineado hasta ahora, es necesario para nuestra sociedad en su intento por pensarse históricamente. Esto es sólo un traspié en el trabajo de un grupo que no teme mirar con ojo cuestionador y agudo el mundo que habita.

 

La Victoria

Compañía Teatro Síntoma.
Dirección: Paula González.
Dramaturgia: Gerardo Oettinger.
Elenco: Catalina Cornejo, Lucía Díaz, Lea Lizama, Daniela Pino, Catalina Torres, Andrea Osorio, Francisca Maldonado, Alejandra Flores, Ana Burgos.
Diseño integral: Josefina Cifuentes, Natalia Morales.
Del 10 de octubre al 9 de noviembre.
Viernes y sábado a las 21 hrs. Domingo a las 20:30 hrs.
Teatro del Puente.

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