Revista Intemperie

Gente que se rompe: una aproximación a Modiano

Por: Rodolfo Reyes Macaya
Patrick Modiano

Rodolfo Reyes nos entrega una semblanza del nuevo Nobel francés, entretejida al ritmo de sus andanzas en la ciudad de dos palabras

 

Cuando pienso en Patrick Modiano, no puedo sino pensar en un hombre alto, ligeramente autista y excesivamente torpe que camina incansable a través de las calles de un París inexistente. Marcado por una obsesión, el olvido.

Pienso en guías telefónicas, números y nombres de calles y personas, como el de Dora Bruder, que no queriendo decir nada es la huella de una mirada oblicua tragada por la luz. “He estado impresionado por las desapariciones, –dijo en una entrevista de 2009 –por las ausencias. Por eso me fascinan las viejas guías de teléfonos en las que aparecen los nombres de los abonados, porque de un año al otro hay gente que desaparece, que se va”

Pienso en el muchacho constantemente postergado de Un pedrigrí, suerte de topografía del desamparo. Con un estilo apretado, casi telegráfico, apunta las idas y venidas de sus padres. Un misterioso estafador italiano y una actriz flamenca. Ambos vivieron juntos en los años de la Ocupación, para luego separarse y volver a (des)encontrarse de modo intermitente. Dejaban al joven Patrick con amigos o en internados. Las sombras de un mundo apenas comprensible y la silueta del hermano desaparecido en los pasillos de la infancia.

Pienso en el revendedor de libros de Más allá del olvido, enamorado de Jacqueline. Una mujer de oficio indeterminado, adicta al éter. Personajes que viven en cuartos de hotel de mala muerte, que deambulan, que se pierden, que se engañan. Y que todavía no tienen la mayoría de edad. Huidas a través de Europa con el dinero de un robo: “Mis únicos buenos recuerdos –dice el narrador–eran recuerdos de huida”.

Pienso en la extraña coincidencia de empezar a leer estos libros y a los pocos días enterarme, por medio de F. (uno de mis libreros callejeros preferidos en esta ciudad de dos palabras) de que Modiano recibió el nobel de literatura. Premio siempre un poco sobrevalorado.

Pienso en las cosas que se rompen, en las personas que se encuentran sólo para perderse otra vez. Pienso en esa idea del pueblo selknam. Dos palabras que ya olvidé y servían para nombrar la muerte. Porque, según escuché, en aquel idioma cuando los hombres dejan de respirar, se pierden; mientras que los animales cuando mueren, se rompen.

Pienso que a veces nos rompemos. No hay modo. Es necesario volver sobre los pasos. Buscar las piezas. Ensamblarlas. Si no se encuentran porque ya no existen, profesar la construcción y la falsificación. Repetirlas una y otra vez como un libro, como el sol, como un mantra.

 

Foto: theguardian.com

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