Revista Intemperie

Muestra Nacional de Dramaturgia: ¿Dónde esta el texto? (Parte VI)

Por: Marco Antonio de la Parra
la flor del lirilay

“La Muestra agarra onda”, opina Marco Antonio de la Parra tras asistir ayer al cuarto día de la Muestra Nacional de Dramaturgia

 

Ayer era el día de estreno de La flor del Lirilay, en sus dos versiones, lamentablemente simultáneas. Escogimos la del Espacio Bunster, dirigido por un trío, Elisabeth Rodríguez, Cristián Plana y Diego Noguera.

Preocupados por quedar sentados en primera fila hicimos cola desde temprano, pero al entrar a la sala nos encontramos que no había tales asientos sino que se trataba de una gran burbuja de plástico con un hombre dentro, vestido hasta los calzoncillos con un buzo gris, mientras en off se escuchaba el cuento La flor del lirilay leído por una voz femenina, una voz mayor.

La asistencia, predominantemente escolares, no circuló por el espacio como era la instrucción a la entrada, sino que se sentó en el suelo a contemplar la burbuja donde el mismo Sebastián Chandía, el autor, realizaba una coreografía de insinuaciones entre baile y desesperación al borde de la asfixia. Más de alguno sacó el programa de la Muestra, el libro rojo de Manuela Infante como lo han llamado algunos, para revisar de qué iba la cuestión.

Extrañaba el gesto del autor de tachar todo su texto, de convertirlo en sub texto, de sumergirlo, de volver “a la página en blanco” y subvertirlo en performance hipnótica, contemplado, fotografiado, en medio del calor del encierro de la misma sala. Tras 30 minutos finalizaba la presentación sin ni una sola palabra del texto enviado a la Muestra en una opción terminal y radical que ponía límites tal vez transgredidos a las intenciones de lo que puede ser una muestra de dramaturgia, tal vez no. La Muestra sino la intervención libre y abierta de los artistas, escritor incluido, sobre el material. El espacio sonoro de Diego Noguera colaboraba creando una atmósfera impresionante que permitía dejarse envolver por este juego visual. Una niñita preguntaba por qué el personaje no se sacaba el gorro del buzo, encerrado en él ocultando su rostro.

A la salida sonreía Sebastián Chandía después de una faena lograda y relataba que los gestos de ahogo del final eran parte del espectáculo. Por lo menos su angustia era ficción, esa gota de ficción que permite que el teatro no se convierta en un ejercicio de realidad en crudo, duro y puro, donde el actor y el autor son la misma cosa, una cosa, la cosa aquella con que parece limitar esta Muestra. Por un lado el audiovisual de Hilda Peña de Rocío Hernández, por el otro la performance de La flor del Lirilay de Plana/ Rodríguez/ Noguera. ¿Dónde quedará Gastos de representación?, el plato de fondo del fin de semana escrito por otro radical, Alejandro “Chato” Moreno?

Repetimos Hilda Peña, el texto de Isidora Stevenson, en la versión de Paula Zuñiga dirigida por Aliocha de la Sotta con diseño de Rocío Hernández, un cuarteto que debería formar un grupo. Se potencian las cuatro de una manera increíble. Nos emocionamos una vez más a pesar de haber leído el texto y verlo ya en sus tres versiones. Una joya. Ya corrían rumores que se negociaba una temporada en un importante centro cultural santiaguino. La sala estaba de bote en bote y el aplauso fue descomunal.

Finalizamos la noche repitiéndonos La chica de Karen Bauer, en la versión de Los Contadores Auditores. Alguno decía que era el mejor texto después de ver el montaje de Alexandra von Hummel. Ya haremos un ranking. La dirección del espectáculo violó sus propias reglas de la primera vez permitiendo a los espectadores recorrer todo el espacio escénico y aumentando peligrosamente el número de la audiencia. Resultado: se perdía de vista continuamente la acción y se ensuciaba el trabajo del cual había visto momentos preciosos en la primera ocasión, con el reglamento estricto de no salir del cuadrante de la sala de esta casa transparente donde ocurre la acción. La propuesta seguía siendo interesante pero nos pareció que perdía. El texto seguía sonando magnífico y doloroso, más sin las imágenes ni el disfrute de las actuaciones muy logradas de algunos actores como Francisca Gavilán por nombrar su doloroso monólogo.

De seguro está funcionando el boca a boca. Hilda Peña se llena y La chica también. Los dos mejores textos hasta ahora. ¿Sus mejores montajes? Mañana un previo ranking, antes de que caiga Gastos de representación de un Alejandro Moreno que se paseaba anoche saludando a medio mundo en Matucana 100.

Volví a comerme un muffin de arándano con jengibre. Y hubo una degustación de cervezas. La Muestra agarra onda.

 

Más información en muestranacional.cl

 

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