Revista Intemperie

Muestra Nacional de Dramaturgia: El arte de conmover al publico (Parte IV)

Por: Marco Antonio de la Parra
hilda pena

La segunda noche de la Muestra Nacional de Dramaturgia se dibujó con emoción en los rostros de quienes asistieron a Matucana 100. Que se corra la bola y las salas se llenen, opina Marco Antonio de la Parra

 

Anoche fue noche de emociones, de las sutiles, de las penetrantes. Dos textos muy distintos, Hilda Peña de Isidora Stevenson y La Chica de Karen Bauer. La temperatura bajó mucho en esta primavera esquiva y zigzagueante pero la emoción caldeó los espacios (no solo las salas).

Partimos con la versión de Aliocha de la Sotta de Hilda Peña en el Espacio Bunster de Matucana 100. La sala casi llena cuando debió haber estado abarrotada de público y debió haber quedado gente afuera. Mucho espectador joven, pocas canas y pocos rostros conocidos del medio teatral. Poca o nula tele. Como que alguien no se está percatando que la generación de recambio del teatro chileno está en esta Muestra 2014.

La Hilda Peña dirigida por Aliocha de la Sotta, con un diseño precioso y sucinto de Rocío Hernández donde todo es justo y ajustado, es una joyita teatral. En 40 minutos afilados como un estilete, deja las lágrimas al borde los párpados y nos mantiene en la punta de las bancas una Paula Zuñiga posesa a la que ya habíamos visto en ese tour de forcé que es La vida doble donde tengo responsabilidades que prefiero obviar. Paula está increíble, maravillosa, conducida por la dirección como en un paseo bordado en cada línea para ir creciendo con el relato hasta el tenue apagón final, resultando de una exultante belleza y un nudo en la garganta. El texto de Isidora Stevenson parece que hubiera sido escrito para ellas y se siente que no podría haber otra versión posible. Tal es la medida con que está realizado donde la luz y el espacio sonoro con un gesto casi desapercibido van taladrando la coraza esa con que funcionamos todos los días. Tan bello que me lo voy a repetir el Jueves (mire el programa y vaya temprano que el boca a boca será implacable diciendo que tal vez sea de lo mejor de la Muestra)

De ahí a la Sala Principal, la gran nave de Matucana 100 donde se proyectó un trabajo audiovisual dirigido por Rocío Hernández sobre el mismo texto, esta vez sobre el rostro dolido de una Amparo Noguera cuya voz en off va diciendo el texto sintetizado de Hilda Peña, conteniendo el dolor en un lento y prolongado paneo que va dejando a Amparo para salir a la calle, mientras el dolor de la protagonista parece ser sumergido por la vida diaria y el tráfago diurno. En 20 minutos la comprobación que el texto de Stevenson es impecable y en su minimalismo de un impacto tremendo.

Medio patidifusos, salimos al espacio abierto para esperar la versión de La Chica de Los Contadores Auditores. Alguien por ahí suplicaba: ¡Una comedia, por favor! Yo le recordaba que los textos habían sido elegidos por un jurado entre cerca de 200 obras, que algo querría decir lo que estábamos viendo y que Ceremonia de premiación, la apertura del lunes, si bien muy oscura, era una comedia al borde de la farsa.

El frío ya se había dejado caer y solo muy pocos, los más vivos, habían traído una bufanda o un chal con que guarecerse.

Los Contadores Auditores habían montado en la Plazuela detrás del Espacio Bunster un espacio mágico: la construcción con listones de madera de una casa transparente, la casa de una familia disfuncional que sufre los impactos de la historia puesta en simultaneidad de textos y de espacios permitiendo solo la entrada de un grupo limitado de espectadores. Originalmente se habló de 15 que luego fueron subidos a 35.

Un personaje masculino recuerda su dura infancia de los años 70 en Chile y podemos ver o dejar de ver la acción eligiendo el punto de vista teniendo la opción de movernos, verlo de pie, tirados, sentados en el piso o en las pocas sillas disponibles.

Como si todo fuera un acuerdo cósmico, la noche se coronó una vez más con la emoción y una vez más el corazón fue capturado por un relato muy bien urdido a partir del coral de voces del riquísimo y tierno texto de Karen Bauer.

Salimos al frío primaveral encendida la cabeza como una antorcha, iluminados, conmovidos. Con ganas (y no miento) de repetirse el plato en cuanto se pueda y preguntándose cuándo estos espectáculos hacen temporada.

La belleza es inolvidable y no perdona. Demanda ser bebida una y otra vez. Que se corra la bola y las salas se llenen. Hoy Los Contadores Auditores trabajarán sobre Hilda Peña y Alexandra von Hummel sobre La Chica, montajes, seguro, muy distintos.

Arriesgarse, por ende. Que la novedad estimula y entusiasma.

 

Más información en muestranacional.cl

 

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