Revista Intemperie

¿Quién será el próximo premio Nobel de Literatura?

Por: Andrés Olave
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Andrés Olave revisa las posibilidades, méritos y desventajas de los actuales candidatos al Premio Nobel de Literatura 2014

 

Durante toda mi vida como adolescente de provincia, en toda clase de tertulias literarias, el tema del Nobel de Literatura salía a relucir; dándole siempre una importancia desmedida. Era como hablar de Dios. Se barajaban nombres, se exponían los argumentos, se peleaba con los otros literatos hasta altas horas de la noche y al final, uno se iba a casa deseándoles a todos el infierno. Ahora, ya en la adultez, observo con pasmo, como la espera ha perdido ese torpe romanticismo y las grandes casas de apuestas como Ladbrokes permiten incluso que uno se juegue algunos pesos por su candidato favorito –como si fueran caballos de carrera– y simplemente cruce los dedos hasta el próximo jueves 9 de octubre

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Haruki Murakami (Maggie Hardie/theguardian.com)

Echando un vistazo a los candidatos, vemos que el preferido, una vez más, es Haruki Murakami, (4/1). Pese a su amplia popularidad el autor de Tokio Blues o Kafka en la orilla es una opción insensata por donde se le mire. La Academia Sueca hace rato que pasa de largo frente a los best sellers, y tiene tantas ganas de premiar a Murakami como de hacerlo con John Irving o Paul Auster. Y basta revisar los currículos de los últimos ganadores para sacar ver que la consigna en este caso parece ser: “no me importa que tan popular seas, sino que tan político seas”.

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Ngũgĩ wa Thiong’o (University Of California/theguardian.com)

El siguiente en las apuestas, y peleando cabeza a cabeza con Murakami es el escritor Ngũgĩ wa Thiong’o (4/1). De nombre impronunciable, el keniata parece a primera vista un buen prospecto: autor de novelas políticas y sociales, estuvo un año en prisión y se opuesto abiertamente al régimen dictatorial de Arap Moi. Casi un hijo predilecto de la Academia, el único obstáculo para Thiog’o es paradójicamente el hecho de contarse entre los favoritos. La Academia es demasiado hipster como para permitirse coronar a un candidato lógico. No por nada Vargas Llosa hubo de esperar más de 20 años a la sombra para que se atrevieran a decir su nombre desde las alturas.

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Assia Djebar (amselschau.ch)

También suena fuerte la argelina Assia Djebar (10/1) pero sería muy extraño que la Academia, bajo su política de rotaciones, premiara a dos mujeres dos años seguidos –y recordemos que el año pasado lo ganó la canadiense Alice Munro. Por esa misma política de rotaciones es muy difícil que alguien de Norteamérica lo obtenga (y eso implica la caída instantánea de las postulaciones de Pynchon, Roth, Delillo y la Oates).

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Ismail Kadare (Murdo MacLeod/theguardian.com)

Si tuviera que ponerle fichas a alguno de los escritores, apuntaría a un perfil que no aparece hace rato: hombre-europeo-novelista; exactamente desde el 2008 cuando le dieron el premio a Jean-Marie Le Clezio. Y en ese perfil entran dos candidatos importantes: Ismail Kadare (10/1) y el grandísimo Milan Kundera (16/1). Puede que por allí vaya la micro.

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Milan Kundera (Lochon Francois/theguardian.com)

Por supuesto, no faltara el alma esperanzada que se plantee la posibilidad que Nicanor Parra, ya centenario, obtenga el galardón. Sin embargo, las oportunidades de nuestro antipoeta claudicaron hace tiempo, exactamente el año 1970 cuando Parra visitó la Casa Blanca e hizo buenas migas con Patricia Nixon. La Academia, izquierdista hasta la muerte, y más precisamente el miembro 18 de la Academia, Arthur Lundkvist –como cuenta en Introducción para inquietos Omar Perez–, le hizo la cruz a Parra, como tiempo después se la haría a Amado, Green y Borges.

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Nicanor Parra (Hugo Villalobos/clarin.com)

Hay un capítulo de Los Simpsons donde Marge recibe una carta donde le avisan que ha sido seleccionada para participar en un concurso de cocina. Marge se levanta exultante del sillón y dice: “alguien que no conozco dice que soy mejor que otras personas que tampoco conozco”. Nuestro orden piramidal y ultra competitivo siempre tiene que tener una figura que se imponga sobre todo el resto, y en este caso, un escritor que por unas semanas nos permita olvidarnos de todos los otros escritores, un faro que nos guíe a través de la oscuridad, que más allá de nuestro propio arbitrio nos diga lo que tenemos que leer.

 

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