Revista Intemperie

¿Por qué nos gusta tanto ver las fotos íntimas de las famosas?

Por: Pablo Torche
jennifer lawrence

La privacidad en tiempos donde el deseo es acceder a la intimidad, a propósito de la masiva filtración de fotos íntimas de celebridades acaecida hace algunos días. Escribe, Pablo Torche

 

La filtración de fotos íntimas de actrices como Jennifer Lawrence, Kaley Cuoco o Vanessa Hudgens, obra del denominado “hacker de las estrellas”, ha sido noticia mundial las últimas semanas, y obviamente las notas que reportan el hecho en los medios on line, se empinan de inmediato entre las más vistas.

La privacidad de los archivos digitales es una preocupación periodística, por cierto, pero lo que verdaderamente interesa a la opinión pública es acceder a la intimidad (de preferencia la intimidad sexual, por supuesto), de nuestras celebridades. No es una avidez puramente sexual en todo caso (fotos de desnudos hay muchas), es algo más complejo, y más amplio, que sólo se cristaliza en este deseo todopoderoso de observar a las superestrellas del showbiz, desnudas, o en poses íntimas.

¿Por qué sentimos este deseo? ¿De dónde proviene esta necesidad u obsesión de la cultura contemporánea por fijar la vista en algunas chicas en particular, un poco más guapas que el promedio? ¿Cuál es el placer, o anhelo, que buscamos saciar ahí? Algunas de ellas, de hecho, ni siquiera encarnan un ideal físico demasiado particular o exótico, son sólo chicas atractivas, como se pueden encontrar cientos en cualquier facultad universitaria.

Los casos de Jennifer Lawrence y Kaley Cuoco son sintomáticos en este sentido, pues tanto en sus personajes como en su “persona pública”, juegan el rol de ser completamente comunes y corrientes, tal como podría ser una vecina, una compañera o una colega atractiva, que cualquiera pudiera tener.

Puede que esta sea precisamente la gracia de las celebridades, que todos sabemos que, en el fondo, son personas completamente iguales a nosotros mismos, pero a las que por alguna razón (sobre la que quizás no reflexionamos suficiente), hemos conferido un estatus excepcional, de cuasi- divinidades.

Las celebridades de la farándula internacional son así lo más parecido que tenemos en la actualidad a los dioses mitología griega: figuras que están sujetas a nuestros mismos sufrimientos, dolores y defectos, pero que hemos puesto en un panteón sagrado; una mímesis divinizada de nosotros mismos.

Así también, parecen cumplir la misma función: a través de ellos, las pasiones y pesares que todos sentimos, de alguna forman adquieren valor, cobran sentido. Vividos por nuestras estrellas, los deseos, frustraciones, alegrías y traumas de nuestras pequeñas vidas, ascienden a una esfera superior, trascienden.

Esta es, quizás, la razón por la que la vida privada de las celebridades constituye una noticia, el motivo de fondo por el que nos importa saber, y comentar, que a Rihanna la golpeó su novio, que Beyonce peleó con Jay Z, que Brad Pitt y Angelina Jolie son muy felices juntos, o que Jennifer López tiene un novio la mitad de su edad. Esta es una razón, también, que puede explicar nuestra insaciable atención sobre sus fotos íntimas.

No es la belleza lo que buscamos en estas fotos borrosas y mal hechas (y quizás la “belleza” no fue nunca lo que nos interesó), sino la persona de carne y hueso. Lo que nos interesa es comprobar que detrás de esas caras resplandecientes que nos hemos acostumbrado a adorar en la alfombra roja, se esconde un ser humano igual que nosotros.

En la foto privada de las celebridades convergen como nunca la parte divinizada con la parte mortal, el cuerpo “trascendente” de la estrella, con la carne fugaz del ser humano, de nosotros mismos. Es esta convergencia la que nos alucina y nos atrapa, lo que nos hace escudriñar los rasgos borrosos de cuerpos pálidos en la luz saturada de un espejo.

Hay una especie de semiología de la redención en estas imágenes, y su contemplación, de chicas en poses ridículas frente a un espejo, mirándose el trasero o mostrando las pechugas con algo de perplejidad. No es excitación, morbo ni placer sexual lo que perseguimos cuando navegamos ávidamente en la web detrás de estas fotografías, sino casi lo contrario, un anhelo de sentirnos reflejados, de “salvarnos”, incluso en nuestras poses y actitudes más patéticas.

En cierta forma, la filtración de fotos íntimas puede ser vista como el decurso natural de una cultura que busca ansiosamente otorgar sentido a aspectos cada vez más amplios de su existencia. Así como la literatura, por ejemplo, se ha desplazado de los “grandes temas”, a ámbitos cada vez más íntimos y mínimos, quizás también la cultura del espectáculo puje cada vez con más fuerza hacia nuestra propia precariedad y fragilidad.

Todos criticamos en alguna medida la frivolidad y el utilitarismo de la farándula mundial, pero habría que ver qué lo que sería de la humanidad si todas estas celebridades, y la enorme industria de difusión asociada, desaparecieran de un momento a otro.

 

Foto: Jennifer Lawrence

Un comentario

  1. Alonso Gallardo dice:

    Literal y figurativamente; concha!! buena revisión a algo que parece no trascendente dentro de una sociedad de representaciones donde todos componemos partes disfrazadas más si acentuamos la búsqueda de nuestro reflejo en lo sagrado del show. Es un encuentro con la normalidad y lo aceptado

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