Revista Intemperie

“No me atrevo a decir que me dedico a escribir porque no me gano la vida en eso”: una entrevista a cuatro autoras nacionales (Parte III)

Por: Andrés Olave
elordi berbelagua vidal gutierrez

Andrés Olave culmina su serie de entrevistas a cuatro escritoras nacionales abordando las dificultades económicas y de promoción que deben enfrentar a diario

 

Al concluir mi serie de entrevistas a cuatro escritoras nacionales, Ileana Elordi, Natalia Berbelagua, Yosa Vidal y Camila Gutiérrez, salió a colación el siempre delicado tema de las lucas: como rara vez las actividades literarias a las que las invitan son remuneradas, lo poco que sacan por libro vendido y la negativa percepción que tienen de las políticas artísticas imperantes. De lo desigual que suelen parecerles los resultados de los concursos públicos e incluso de la necesidad del artista de convertirse en una especie de rock star con tal de poder promover eficazmente su libro.

¿Cómo percibes los espacios disponibles hoy en día para las escritoras nacionales? ¿Y cómo ves a los lectores? ¿Recibes alguna retroalimentación de su parte?

Ileana Elordi: Espacios hay muchos, me han invitado a lecturas, a participar en antologías, presentaciones de libros, a escribir sobre diferentes asuntos. El problema es que casi ninguna de las invitaciones es remunerada, entonces todavía cuando gente que no conozco me pregunta: ¿Y tú a que te dedicas? Yo empiezo a titubear. No me atrevo a decir que a escribir, porque no me gano la vida en eso, sino en otras cosas.

Una de las cosas buenas de publicar, fue darme cuenta que mis lectores son variados, desde alguien que nunca se había leído un libro, hasta un erudito doctor en literatura, desde alguien de derecha, hasta un neo-marxista. Muchos de ellos me han escrito sus opiniones: algunos creen que me faltaron acciones, otros que el final fue muy abrupto, que tal parte simbolizaba tal cosa. Me interesa saber sus opiniones más para entender el fenómeno de la interpretación que para corregir mis errores. Nada de lo que me dicen me lo tomo como consejo, y es porque ya me siento muy lejos de ese libro, y no me dan ganas de seguir pensando en él.

¿Es un problema que muchas de las actividades literarias como lecturas, presentaciones o antologías no sean remuneradas?

Natalia Berbelagua: En Chile hay una muy mala política referente al arte. Se tiene la idea de que el escritor siempre necesita promocionarse y no mantenerse, entonces se le ofrece participar en mesas o en lecturas sin ser remuneradas. Ahí entonces el escritor piensa:-¿Con quién me va a tocar en la mesa?, ¿De qué me sirve? Lo mismo con las antologías, que con mayor razón debieran ser pagadas. Escribir un cuento o un poema relativo a un tema, porque siempre las antologías tienen restricciones: cantidad de palabras, tema, plazos de entrega, que sean textos inéditos, etc. Requieren mucho tiempo, aunque también es bueno que existan. Lo coral es muy llamativo al lector, le sirve para dar un vistazo rápido a la literatura nacional, incluso para las editoriales funciona como un tipo catálogo de autores, varias veces se prueban en las antologías escritores a los que finalmente editan con una obra completa. Creo que en general la industria editorial es bien canalla, porque el escritor suele llevarse el 10% de las ventas, incluso hay varias que no pagan, cuando es él quien hizo el mayor trabajo. Es cierto que hay esfuerzos por editar, corregir, publicar, distribuir, tareas que se suman al pago del impuesto. Pero aun así y todo, conociendo los esfuerzos, no deja de ser indignante. 

¿Cómo ves la política en torno al arte que hay hoy en día en nuestro país?  La mayor parte de los escritores en Chile suelen compaginar otros trabajos con la literatura, ¿cómo lo has hecho tú?

Yosa Vidal: Pienso que sin duda ha habido un avance durante los últimos años en las políticas públicas dirigidas al fomento y al desarrollo de las artes, hay más recursos e intención de fortalecer redes, oficios y en alguna medida de ampliar y fortalecer la recepción de las obras, gestos que agradezco porque veo que hay intentos, ensayos de gente que gracias al apoyo de un concurso público ha podido realizar proyectos fantásticos que no se hubiesen hecho sin ayuda del estado, y hay otros proyectos que uno dice ¡chucha! ¡quiénes fueron los jurados de estos fondos!, pero está bien también que haya un espacio para la experimentación, para el error. Lo que me entristece es que hay toda una generación que no entiende la cultura de los proyectos y de los fondos concursables, que no conocen este lenguaje y que no les interesa conocerlo y que siguen siendo excelentes artistas. Conozco a dos artistas plásticos, por dar un ejemplo, que son fuera de lo común de buenos, Marcos Bahamonde y Luis Vidal (autor de los multipatópodos), que trabajan muy productivamente y de manera individual, que se merecen todos los fondart posibles para materiales y salir del estado de precariedad en la que habitan y trabajan. Los dos son artistas de primerísima categoría y me parece vergonzosa la comparación con otros artistas que disponen de tiempo y sueldos fantásticos para desarrollar ideas muy precarias, con poco oficio, poco talento, pero con muy buen bla bla. Existe un problema no sólo en el tipo de artista que postula a los fondos sino también en los objetivos detrás de los fondos concursables. Siempre he visto con mucho recelo la exigencia de que las obras tengan difusión y un impacto en la población, ¿cómo es posible que se les exija esto a las obras de arte? ¿en qué medida se podría haber definido, por ejemplo, el impacto en la población de un cuento de Juan Emar o un cuadro de Adolfo Couve? Según estos parámetros jamás hubiesen ganado un fondart ni ellos, ni de Rokha, ni D’halmar, ni la Bombal, ni Droguett y para qué seguir nombrando. En fin, pienso que hay muchas cosas que corregir en las políticas de fomento a la cultura y en esto soy optimista pues siento que hay claros avances, aunque bueno, es difícil no avanzar cuando se parte desde cero.

¿Y cómo lo hago yo, cómo compagino el trabajo con la escritura? trabajo el día completo, matiné, vermouth y tanda como coordinadora académica en un instituto de filosofía, el Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales, y me siento muy afortunada pues tengo una relación muy nutritiva con los profesores amigos y sobre todo me insisten y me dan el espacio para que yo pueda seguir escribiendo. A veces me superan los deberes pero otras encuentro espacios donde puedo compaginar el trabajo con la escritura. Creo que este trabajo es un privilegio, principalmente por la precariedad laboral en la que veo que viven los compañeros escritores, tengo una biblioteca fantástica a la vuelta de la esquina, intelectuales de primer nivel con los que puedo almorzar y hablar del cotidiano. Es un lugar donde afortunadamente dan un valor a lo literario. Además, desde hace unos meses vivo en pleno centro, a veinte minutos caminando de la casa al trabajo, es un cambio que me quita agobio y me da tiempo para escribir. No todo es jauja pero no quiero quejarme de llena, por ahí una o dos horas diarias para darle a los inventos alcanzan para armar una buena máquina.

Se dice que este es un tiempo donde los artistas que mejor saben venderse son los que alcanzan mayor visibilidad. ¿Cómo lo ves tú? ¿Hay alternativas disponibles a esta especie de imperativo mediático que todo artista debe afrontar, de promocionarse o volverse invisible?

Camila Gutiérrez: La palabra “venderse” tiene una connotación negativa intrínseca entonces no sé si sea justo que la pregunta esté planteada en esos términos. Creo que, en parte, todo esto, al final, tiene que ver con querer ser leído, no más, y hacer lo que uno considere posible y aceptable para eso. También depende de quien quieres que te lea. Por ejemplo las editoriales independientes se salen de la lógica del “imperio mediático” y buscan otro público. Con esto no quiero decir que no piense que las editoriales independientes no debieran tener un espacio mayor en las ferias del libro, por ejemplo, que están súper dominadas por las grandes editoriales.

Igual este es un tema bien complicado igual porque entran otras cosas en juego. La masividad como sinónimo de estupidez, por ejemplo. Me da la sensación de que muchos escritores tienen esa idea y yo no la comparto, si bien muchas veces los libros masivos son como el hoyo (cosa que no me importa tanto. Que cada cual lea lo que quiera).

Por otro lado, el tema de lo mediático tampoco es tan esquemático. Lo digo por mi propia experiencia: escribí un libro relativamente exitoso dentro del pequeñísimo mercado del libro en Chile pero prácticamente no tuve prensa tradicional. Estaba precedida por una película y tengo una plataforma virtual de promoción, y eso me funcionó; pero puede que no vuelva a funcionarme porque que un libro se venda tampoco es sólo promoción. Por otro lado, otros libros que son promovidos en medios tradicionales no se venden tanto. La otra vez me hablaron de un artículo que creo que salió en Indiewire (no recuerdo bien) sobre qué debían hacer los directores de cine para que la gente fuera a ver sus películas. La solución que daban -o una posible solución- era que el director se volviera una especie de rockstar, tal como los músicos. No digo que esa sea la vía para los escritores. Lo que quiero decir es que creo que en general la gente que escribe quiere ser leída pero tiene que cachar cómo quiere lograr eso. Y si no querís ser leído -que supongo que puede pasar- la tarea es harto más fácil.

 

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Ileana Elordi (1990) es autora de Oro (Libros del Pez en Espiral). Natalia Berbelagua (1985) es autora de Valporno y La bella Muerte (Emergencia Narrativa). Yosa Vidal (1981) es autora de Érase otra vez y El tarambana (Tajamar Ediciones). Camila Gutiérrez (1985) es guionista y autora de Joven & alocada (Mondadori).

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