Revista Intemperie

“Un libro siempre es un proceso desgastante donde no se puede tener certeza de las consecuencias”: una entrevista a cuatro autoras nacionales (Parte II)

Por: Andrés Olave
elordi berbelagua vidal gutierrez

En esta segunda entrega, Andrés Olave conversa con las autoras acerca de sus novelas, el problema de la búsqueda de motivación y el desgaste que implica muchas veces el proceso de escritura

 

Continuando con mi entrevista a cuatro escritoras nacionales, Ileana Elordi, Natalia Berbelagua, Yosa Vidal y Camila Gutiérrez, quise indagar en un tema que suele ser común y que atraviesa a todas las generaciones: las mecánicas de la escritura, las dificultades para comenzar una nueva novela, los multitud de temas que andan en el aire y la imposibilidad de poder contar todas esas infinitas historias. De nuevo, la respuesta de cada una de las autoras, dio pie al surgimiento de la pregunta que se le hacía a la siguiente.

¿Cuáles fueron tus sensaciones después de la publicación de Oro, tú primera novela? ¿Fue más o menos como te lo esperabas? Y actualmente, ¿trabajas en un nuevo libro?

Ileana Elordi: No fue como lo esperaba, porque yo nunca imaginé que iba a publicar. Al escribirlo, siempre existió la intención de hacer un libro, pero nunca creí que se concretaría en un objeto concreto que puedas tomar, que tiene un lomo y un logotipo en la portada. Me acuerdo el primero día que lo tomé, me pasé horas mirándolo, estaba muy impresionada, tocaba las páginas, lo abría, lo cerraba, lo abría, lo cerraba.

Sí, estoy trabajando en otro libro. Es sobre la relación de una hija con su padre, quienes conversan en un restorant japonés. Nuevamente es sobre la relación entre dos personas, sus distancias y encuentros. Sobre los límites entre uno y el otro, pero esta vez no es en una relación de pareja, sino entre una hija y un padre, en donde se manifiesta la educación y la genética.

Este libro es mucho más seco que el anterior, y voy lento. A veces creo que al igual que “Oro” nunca lo voy a publicar.

Después de sacar un libro, ¿de dónde obtienes la motivación o las ganas de ir por el siguiente? ¿De qué manera la experiencia del libro anterior influye en el que está por venir?

Natalia Berbelagua: En mi caso siempre estoy con varias historias en paralelo. De momento tengo la novela en la que estoy trabajando, pero también tengo otra historia esperando porque sé que para esa necesito más tiempo, investigar más, y así también tengo una tercera que pretendo que se vaya completando a través de los años y que me gustaría publicar en por lo menos una década más. Sumado a eso están las libretas, las ideas que tomo de la calle. A veces es un argumento, o una frase, un modo de hablar el que me hace clic y queda registrado, esperando su turno. Siempre tengo ganas de ir por el siguiente, pese a que el cierre de un libro siempre es un proceso desgastante donde no se puede tener certeza de las consecuencias. En mi caso casi siempre termino escribiendo enferma, me bajan las defensas, pero no sé hacerlo de otra forma. Y por otro lado los libros publicados van convirtiéndose en objetos que van adquiriendo personalidad en el camino. Cada trabajo que se acaba es parte de un momento y tiene un tono, anécdotas relacionadas a su creación, banda sonora, etc. No sé que va a pasar más adelante, pero hasta hoy los veo como algo único, y por más que las historias tengan que ver e incluso transiten los mismos personajes por ellas, son juegos, experimentos, apuestas. Tengo un tema con la seguridad en la literatura, en mi vida personal soy más bien estable y tranquila, pero en este campo no me gusta la comodidad. Así que si al libro anterior le fue bien, hay una responsabilidad mayor conmigo misma, por desafiarme, y si no le fue tan bien, lo mismo, porque independiente de los comentarios o la crítica, siempre trabajo como si no tuviese nada.

¿Cómo trabajas las historias que estás escribiendo?  ¿Te concentras en una o puedes seguirle la pista a varias al mismo tiempo?  ¿Cuánto desgasta el proceso de escribir, o al revés, acaba por fortalecerte?

Yosa Vidal: No tengo ningún método, a veces trabajo en varias cosas a la vez, otras me concentro en una sola. Ahora, por ejemplo trabajo en dos libros, retomé la novela luego de darle un descanso, qué bueno es dejar reposar las historias, ya no es uno el que habla sino otro y entonces las palabras no tienen la afectividad inmediata de cuando las escribes y es mucho más fácil corregir y sobre todo borrar. He estado preparando a la vez un librito de cuentos sobre el que he trabajado todo este tiempo, entonces creo que ahora es el momento de darle un respiro a él; me gusta mucho este proyecto entonces necesito luego verlo en su totalidad. Acá en Revista Intemperie aparecieron tres de ellos, son unos bichitos mutantes, los Multipatópodos, escritos en una especie de aparato científico poético, con ilustraciones de Luis Vidal. Entre medio aparecen los microcuentos que es un generito-generote que estoy conociendo y practicando, que me permite acercarme a la poesía, cuestión a la que he renunciado pues es algo demasiado serio e importante para mí. Los microcuentos, por su brevedad, necesitan que el texto vaya más allá de lo contado y se vuelquen las palabras sobre sí, entonces aparecen cosas como la sonoridad y el ritmo que a veces se ven relegadas en la narrativa, son como flechazos con movimiento y todo, imágenes con historia. Entonces, y volviendo a la pregunta, no puedo escribir a la vez tres cosas, quizás un multipatópodo podría hacerlo pero yo no, voy intercalando los textos que escribo y así los dejo que se oreen un rato, como la ropa cuando se humedece, dejarla lejos de uno para que le llegue aire y luz.

Y con respecto a tu última pregunta acerca de si el proceso de escribir desgasta o fortalece, escribir para mí es un trabajo muy difícil, las musas aparecen luego de mucho intentar con las palabras y soy quisquillosa con ellas (las palabras y las musas), entonces es cansador porque muchas veces no quedo conforme y borro, borro mucho para lo poco que escribo. Además siempre falta tiempo y escribir necesita tiempo y un ritmo distinto al que vivimos, un ritmo que involucre libretas y lápices, viajes, conversaciones, más lecturas, amistades, en fin, pero entremedio de la vorágine me hago un tiempo y luego, el respiro y la risa de leer algo que te gusta; puedo leer cosas que he escrito antes y me da mucho gusto ver que ya no quedan correcciones o muy pocas, y siento que le estoy ganando terreno a un lugar que es por definición un terreno agreste, y entonces ese lugar ya no es propiedad de otros sino es también propiedad mía. Me río cuando leo cosas mías que me gustan, y esa risa es reconfortante pues no es risa de algo chistoso, aunque muchas veces sí lo es, sino que hablo de esa risa de asombro, de nervios, una risa que aparece como impulso de un sentimiento que no tiene un reflejo definido, esa risa es reconfortante y todo vale la pena por llegar a ella.

¿Vivir y escribir son ritmos dispares o pueden congraciarse? ¿Las palabras escritas, con el tiempo pierden su efectividad o adquieren aún más fuerza?

Camila Gutiérrez: Encuentro que la diferenciación vida-escritura es un poco antigua. Y sobre las palabras escritas daré una respuesta odiosa pero no se me ocurre otra: depende (de ocho millones de cosas). En particular, no me interesa la trascendencia de mis palabras. De hecho todo lo contrario: me gusta la fugacidad. En parte por eso me gusta tanto escribir en internet. Como que ahí se entiende mejor eso: uno puede considerar e incorporar a ciertos referentes culturales/pop/políticos como terriblemente importantes o contingentes un día -Lucho Jara, Fran Undurraga, Bachelet- y después van a valer callampa. O también uno puede recurrir a expresiones lingüísticas que son muy de un grupo o muy de ahora (no sé, el ola ke ase, por ejemplo) y que mañana no se van a entender. Me gusta eso y me gusta que mis textos tengan eso. Que estén muy anclados en el aquí y en el ahora (me carga decir aquí y ahora pero no se me ocurre otra forma de decirlo).

 

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Ileana Elordi (1990) es autora de Oro (Libros del Pez en Espiral). Natalia Berbelagua (1985) es autora de Valporno y La bella Muerte (Emergencia Narrativa). Yosa Vidal (1981) es autora de Érase otra vez y El tarambana (Tajamar Ediciones). Camila Gutiérrez (1985) es guionista y autora de Joven & alocada (Mondadori).

 

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