Revista Intemperie

“Hay literatura escrita por chilenas que es empalagosa y sobreadjetivada”: una entrevista a cuatro autoras nacionales (Parte I)

Por: Andrés Olave
elordi berbelagua vidal gutierrez

En esta primera entrega, Andrés Olave conversa con cuatro autoras nacionales acerca de su mirada de las nuevas generaciones, sus afinidades y su distancia con la literatura algo indigesta tradicionalmente asociada a las voces femeninas

 

En un mundo donde cada escritor anda envuelto en lo suyo, cerrado a su propio metro cuadrado, a su propio ideario e imaginario personal, es difícil volver a hablar de generaciones literarias, y, en este caso, de la nueva generación de escritoras chilenas. Sin embargo, quise de todos modos buscar ciertas aproximaciones y semejanzas entre cuatro jóvenes escritoras de nuestro medio. En un orden determinado las entrevisté a cada una, pero con la salvedad que la pregunta para la siguiente escritora la saqué directamente de los dichos de la primera. Una especie de contra pregunta dirigido al otro, o si prefieren, una especie de búsqueda de la verdad colectiva. He aquí el resultado:

 

¿Te sientes parte de una nueva generación de escritoras –o dicho de otra forma, te sientes parte de un movimiento en boga–, o estás más bien en contacto con otras tradiciones literarias?

Ileana Elordi: No me siento parte con ninguna generación. Personalmente me identifico con el realismo de corte psicológico. Pero la verdad es que yo hago mis propias mezclas, por donde pasa también la autobiografía y la cotidianeidad. Creo que por un tiempo, esas características voy a mantenerlas constantes, quien sabe que será para después. Por ahora me interesa la literatura que se encuentra entre fuera y dentro de la ficción, y que tienen una relación con la vida real: diarios, epístolas, autobiografías.

Si de alguna generación tendría que sentirme parte, sería de la generación con que salí de artes visuales en la universidad. Muchos de nosotros terminamos dedicándonos a otras áreas, entre literatura, música, pintura, instalación. Un amigo incluso le gustaría meterse en la industria del porno. Me gusta sentirme parte de esa generación porque se basa en la amistad más que en relaciones formales o literarias.

Cuesta más hablar hoy en día de generaciones literarias, y en el caso de las escritoras mujeres, más que sentirse cercana a sus pares, cada una manifiesta sus propias afinidades. ¿Cuáles son las tuyas? ¿Sirve de algo la idea de generación a estas alturas o no la echas en falta?

Natalia Berbelagua: Creo que cada día cuesta más hablar de generaciones literarias en general, más allá de la heterogeneidad o de la escritura de mujeres como un núcleo, yo prefiero que cada cual ande por su cuenta, que existan obras más únicas, más cargadas a las visiones-obsesiones del autor que a los temas compartidos por un rango etario o localización geográfica. Eso sí, creo que aún predomina dentro de la literatura nacional una voz femenina muy introspectiva y media empalagosa ligada al amor, a la pareja, a la maternidad, a los viajes por el mundo, como si no hubiese más vida que eso. Veo muy poca acción en algunas autoras que hoy están publicando. Varias veces he tomado esos libros y no he sido capaz de terminarlos, me aburren esos personajes que tienen todo el tiempo del mundo para sentarse frente a una ventana a pensar en conflictos domésticos, que tienen diálogos donde no se dice nada que valga la pena, y hasta con títulos cursis. Cuando se habla de sexo es aun peor el cliché. Eso me hace pensar que hay público para todo. Como lectora y escritora me siento más cercana a autoras mayores que yo que a mis contemporáneas.

Suele haber en nuestra literatura femenina una voz introspectiva y algo empalagosa ligada al amor, la pareja, la maternidad, y los viajes por el mundo, lo que, al final, parece ser una visión un tanto restringida. ¿Sientes que eso identifica gran parte de la literatura escrita por mujeres en la actualidad?  ¿Te sientes cercana o lejana a ese tipo de literatura?

Yosa Vidal: Me cuesta mucho pensar en una literatura femenina pues la idea de lo femenino me provoca más preguntas que una idea o una imagen clara, entonces me parece aún más complejo pensar en una literatura femenina nuestra; pero sin duda hay algo de cierto en lo que dices, hay literatura escrita por mujeres chilenas o latinas (me acomoda más esta construcción) que es empalagosa y sobreadjetivada, con temas de la maternidad, viajes y enfermedades de todo tipo, con problemas que se resuelven desde la melancólica (y bien calefaccionada) casa de campo, o periplos por paisajes exóticos, personajes buenos bellos y malos feos. Ese tipo de literatura me parece relevante sólo en la medida en que uno se pueda reír de ella y sirva como ejemplo de lectura crítica a lectores más avanzados. Siempre recuerdo un par de frases de la novela de Isabel Allende “La isla bajo el mar”, que es genial pues está escrita en serio y que en buena hora memoricé: la protagonista, una puta negra (hermosa porque es casi blanca, casi rubia y tienen los ojos color miel) mira a su presa, que es un soldado extraño (y apolíneo), se arremanga la falda y con sus caderas culebreantes y sabias se ¡ensarta sobre su miembro pétreo con un hondo suspiro de alegría! (las exclamaciones son mías, el resto es literal). Luego él responde con sobajeos y un chorro espasmódico. Qué me dices. Ejemplos como éste hay tantos y lectores para este tipo de expresiones tan poco afortunadas y lejos de lo que yo entiendo y quiero como literatura también, pero allá ellos con sus reconocimientos, sus premiaciones, sus miembros pétreos y sus chorros espasmódicos, siempre y cuando no sean éstas lecturas las únicas incluidas en los planes y programas de los liceos. Por otra parte los temas que se tratan en esta supuesta literatura femenina no son en sí malos temas, no hay malos temas en la literatura pienso, el amor, la maternidad, los viajes por el mundo son temas universales y abordados por excelentes escritores y escritoras. Un buen ejemplo, y para ser contracorriente pienso en hombres, es Doña Berta de Leopoldo Alas Clarín, un magnífico y mal visto escritor español de fines del XIX, con un personaje entrañable que esta viejita Berta con una maternidad frustrada, idealista, romántica, y en donde trata precisamente todos estos temas pero desde una perspectiva que me atrevería a llamar feminista, tan bien escrito y bien abordado, muy sutil y poético; por otra parte Chico Buarque tiene un universo de canciones escrita desde una voz femenina que son magníficas y así, podría seguir nombrando hombres que catalogaría en “literatura femenina nuestra”. A esto podría agregar que hubiese sido inmensamente feliz con una Juana Emar o una Manuela Rojas, pero tenemos a nuestra Gabriela Mistral, la Bombal y Marta Brunet, y ahora la Pía Barros, algunas novelas de la Diamela Eltit, Lina Meruane, la Costamagna y otras tantas escritoras que son sin duda excelentes narradoras. No en balde hubo casi seis mil años de historia en que la mujer se mantuvo en absoluto silencio, y si hace apenas unos cuantos años ha ingresado a este espacio de la escritura, es necesaria una adecuación, definir esa voz y aprender a hablar y escuchar, tocar estos temas que pueden ser empalagosos pero que no habían sido tocados o por lo menos no desde esa voz. La literatura escrita por mujeres se ha independizado poco a poco del imperativo de estos temas, ha comenzado a asumir otras voces y, lo más importante, las mujeres han y hemos comenzado a leer ya no desde nuestra condición femenina sino desde nuestra humanidad.

Leí el otro día un texto de Padura Fuentes, titulado algo así como “Por qué quiero ser Paul Auster” y el argumento era que Padura quería ser Paul Auster no porque quería comer croissants bajo el cielo embotado de París, recorrer las calles del mundo, etc., sino que quería ser Paul Auster para que los periodistas que lo entrevistaran no le preguntaran lo primero por su opinión de Cuba, su posicionamiento político, sus sufrimientos y desventuras bajo el régimen castrista, etc. sino, muy lejano a eso, que le preguntaran sobre su última novela, el conflicto entre sus personajes, el libro que estaba leyendo, porque está harto de ser primero cubano y luego todo lo demás. Y pues bien, a las mujeres nos está pasando eso también (espero), que la condición femenina no nos anteceda. Yo por suerte nací en un mundo donde ya se habían inventado los lentes, las toallas higiénicas y las lavadoras de ropa, y pude estudiar igual que todos mis compañeros hombres y mujeres, entonces contesto la última pregunta, no me siento cercana a ese tipo de literatura, el tema del género me atrae como anécdota, claramente, pero no como leitmotiv y definitivamente no me identifico con el grupo de escritoras a las que aludías.

¿Cuáles son tus temas a la hora de escribir? ¿Tienes cercanía con la literatura erótica? ¿En que te sientes afín a otras narradoras aquí en Chile, y en qué te sientes distinta?

Camila Gutiérrez: Lo de los temas va cambiando, creo. En el libro que escribí me interesaba hablar de familia y religión. O de cómo la religión hace que las relaciones familiares se vuelvan irreconocibles. Tal vez sea una mala premisa porque uno se espera mucho de la familia. Mucho y cosas raras: amor incondicional, por ejemplo. Y eso ocurre bien ocasionalmente. Quizás lo que me interesaba era ver cómo la religión configuraba un mundo totalmente nuevo al que yo conocía. Olvidé mencionar que era una autobiografía. El tema de lo autobiográfico me ha tenido pegada un tiempo -el libro que estoy escribiendo ahora también es autobiográfico- pero uno se termina aburriendo de uno. Esto lo digo por dos cosas: no me gustaría enmarcarme en lo autobiografico en el libro que vendrá luego del que hago ahora. Me gustaría que fuera de ciencia ficción. Y el énfasis del libro que escribo ya no está en la religión ni en la familia porque me cansé de hablar de las relaciones que uno no elige, de la vida que uno no elige. Por eso ahora estoy escribiendo un libro de amor. Amor sexual/romántico. Quiero cachar ahora qué pasa con las relaciones que uno escoge. Demás que el concepto de “escoger” o “elección” son discutibles pero sería un poco largo.

No me interesa mucho la literatura erótica, la verdad. Mi libro tiene poco de eso, no cacho nada de libros eróticos ni me interesa particularmente. Claro que hay libros preciosos y muy eróticos, como El amante de Marguerite Duras, pero en general no me interesa el erotismo como fin en sí mismo. Cuando escribo de sexo -cosa que hago más en internet- mi punto de partida, mi lugar de enunciación no es lo erótico: es lo ridículo.

Y sobre otras autoras, no cacho. Es que es complicado decir “siento que me parezco a tal o me diferencio de tal” sólo porque somos mujeres y de rango de edad más o menos parecido.

 

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Ileana Elordi (1990) es autora de Oro (Libros del Pez en Espiral). Natalia Berbelagua (1985) es autora de Valporno y La bella Muerte (Emergencia Narrativa). Yosa Vidal (1981) es autora de Érase otra vez y El tarambana (Tajamar Ediciones). Camila Gutiérrez (1985) es guionista y autora de Joven & alocada (Mondadori).

 

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