Revista Intemperie

Ciudades de papel, una conquista del young adult

Por: Javiera Donoso
ciudades de papel

Aunque se publicó por primera vez en 2008, en Estados Unidos, la novela de John Green acaba de llegar a las librerías chilenas. Cualquier mal presentimiento que genere la fiebre “Bajo la misma estrella” se diluye después de unas cuantas páginas

 

Decir que Crepúsculo es un libro penca ya es casi un ritual social de identificación de grupo. Durante una conversación sobre libros, te acercas a alguien, con precaución, cual ñu en el Serengueti. Todo es tenso y no sabes qué opinar de él/ella. Una cosa lleva a otra y, de repente, uno de los dos dice: “Crepúsculo es pésimo”. O terrible. O fome. O cursi. O malo para la sociedad moderna. O cualquier otro adjetivo ingenioso e intelectual e indignado que se vengan a la mente.

Y como Crepúsculo, un gran, gran porcentaje de las novelas de ese género tan gringo que es el “young adult” (con un público objetivo de entre 16 y 25 años), en especial las que son directamente románticas, tienen esa recepción. Es el Jonas Brothers de los libros: concedes que son un poco pegajosas, pero no te las puedes tomar en serio.

Además, está el factor circunstancial: no hace muchos meses había estrenado la versión cinematográfica del hit que lanzó a Green al estrellato, el romance de enfermos de cáncer Bajo la misma estrella. Y las niñas estaban vueltas locas. Y estaba teniendo estrés post-traumático de la vez que Crepúsculo le hizo eso a las salas de cine.

Ese era el estado mental en que me encontraba cuando entré a una Feria Chilena del Libro, deliberadamente, y me compré una copia de Ciudades de papel (2008), el recién traducido e importado libro de Green. El presentimiento de que ojalá fuera rapidito, indoloro y no muy caro, para poder escribir un artículo. Una transacción de negocios lo menos desagradable posible.

En el metro camino a mi casa, empecé a leer.

Ciudades de papel es, básicamente, la historia de una aventura, un misterio y una búsqueda. En ese orden.

El libro parte cuando el pequeño Quentin Jacobsen y su especial (tan evidentemente especial en la narración que podríamos reemplazar todos los adjetivos cerca de su nombre por “especial” y no cambiaría mucho el impacto) Margo Roth Spiegelman se encuentran un muerto en el parque.

Después, salta al futuro, donde Quentin (Q para los amigos) es un estudiante del equivalente a cuarto medio en Gringolandia. Es tan normal y responsable y bien dirigido que su normalidad y responsabilidad y buena dirección parecen neuróticas. Y aunque le sigue teniendo ganas a Margo, ella es demasiado especial y distinta (y popular) como para andar con él.

Un día, en el loco, épico y especial estilo que la caracteriza, Margo recluta a Q en una misión de venganza de una noche. Se reconectan. Todo es lindo. El futuro se ve brillante y romántico y profundo y todas esas cosas. Pero a la mañana siguiente, Margo ha desaparecido, dejando tras de sí una serie de enigmáticas pistas.

Ese es el centro de la novela: la búsqueda de Margo Roth Spiegelman. En torno a esta misión y las distintas reflexiones que se desprenden de ella, Green arma un paisaje bastante interesante y sorprendente. ¡Y en una young adult!

Y es, de hecho, aún más valioso que esta sea una novela adolescente buena que simplemente una novela buena. Porque las cosas que uno lee cuando es joven no sólo definen que después te guste leer o no, sino que guían la forma en que reflexionas de las cosas.

No sé si será un asunto del canal en que se lleva el mensaje (si nos vamos a pegar una volada teórica sobre la psicología y la educación, no es hoy), pero cuando la tele parece tener un buen porcentaje de la forma en que vemos las cosas, la literatura se mantiene como una pauta para las reflexiones.

Y ahí está la belleza de este libro, cuyo mensaje más valioso es no quedarse atrapado en las expectativas. Botar esas pretensiones egocéntricas de que el mundo es exactamente como crees que es, sino mucho más compleja, y fascinante. Es una hermosa lección para poner en un libro dirigido a un público crecientemente apático y auto-expansivo.

La narrativa es fluida y entretenida. La vibra de búsqueda urbana recuerda a Tan fuerte, tan cerca, de Jonathan Safran Foer o a La historia del amor, de Nicole Krauss. Los personajes secundarios son un poco caricaturescos, a ratos, pero nada que haga mucho ruido sobre una historia bastante bien ejecutada.

Raya para la suma: no puedo creerlo, pero les recomiendo este libro young adult.

 

Ciudades de papel 

John Green

Un comentario

  1. Felka dice:

    Interesante 😉
    Probaré!

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