Revista Intemperie

Joseph Brodsky: una escuelita en la taiga

Por: Rodolfo Reyes Macaya
joseph brodsky

 

Time is the flesh of the silent
cosmos. Where nothing ticks. [J.B]

 

Es probable –bastante probable –que la anécdota más conocida sobre Joseph Brodsky sea aquella que gira en torno a su proceso soviético. Acusado de parasito social y, además, de escribir poemas espantosos, el juez le preguntó: “¿Quién lo reconoce a usted como poeta? ¿Quién le ha dado la autoridad para llamarse poeta?” a lo que Joseph B. contestó: “Nadie. ¿Quién me ha dado la autoridad para pertenecer a la humanidad?”

Es aparentemente lógico que después “este pigmeo judío con pantalón de pana, este plumífero de poemas donde el galimatías rivaliza con la pornografía” –decía la acusación –fuera becado directo a Siberia –en realidad a Arjanguelsk: la silueta recortada por el frío, digamos, un largo invierno blanco seguido de un corto invierno verde. La taiga, el bosque boreal de las regiones subárticas, escenario del cual Chejov afirmara: “su fuerza y su magia no residen en el tamaño de sus árboles gigantescos, ni en la profundidad de su silencio sepulcral, sino en el hecho de que las aves migratorias son las únicas criaturas que conocen sus límites”. Un frío que, como también dice Emmanuel Carrère, vuelve abstracto cualquier el paisaje.

En aquellos años y en aquellos lugares la literatura prohibida (Solzhenitsin, Bulgakov, Ajmatova, Tsvietáieva, y un largo etcétera) circulaba clandestinamente a través de lo que se llamaron los samizdat; precarias autoediciones que luego se copiaban muchas veces a mano, iban y venían a través de la maravillosa red del underground soviético. Incluso era bien visto no publicar jamás; artistas sin obra ostentaban un orgullo casi febril frente al funcionario que ha claudicado. Artistas sin obra siempre a punto de ser aplastados por el aparataje, no exclusivamente soviético, que todavía achata las partículas en ebullición.

Quisiera ir depositando objetos sobre el desierto de la página en blanco, que puede ser tan triste como el desierto de una cama sin hacer durante días, precisamente porque en la poética de Brodsky hay un modo especial, incluso anti-lírico, de tratar las cosas sobre el reverso del tiempo. Detenerme en su estadía sub-ártica: las aves migratorias y, pongámosle, el vapor en el momento de mear a la intemperie aglutinan una experiencia de antemano muda. El acto de limpiar letrinas es una escuela (Joseph B. nunca terminó el colegio y perdió todos sus trabajos) acaso más respetable que las universidades. Al momento de quitar la caca reproducimos un silencio casi devoto que evidencia lo siguiente: “toda conversación es un oficio estéril/ una escritura sobre la pared del viento”. (All talk is a barren trade. /A writing on wind’s wall)

T.S. Eliot, a quien estudió y tradujo al ruso, escribió: “El único modo mediante el cual puede expresarse la emoción en forma artística es mediante el correlativo objetivo; en otras palabras, recurriendo a una serie de objetos, a una situación o a una sucesión de actos, que a partir de ese momento se convertirán en la cifra de tal emoción extraordinaria”. La escritura de Joseph B. se hace parte de ésta poética no sin pasar por los poemas de Auden, a quien leía a escondidas en Arjanguelsk. Auden será el anciano que lo recibirá en su casa de las montañas de Austria, luego que las autoridades, cansadas, le expidieran el visado para salir definitivamente de la URSS y no volver más.

Buena parte de la obra de Joseph B., dicho sea de paso, ha llegado a nosotros a partir de las traducciones al inglés que él mismo realizó a cuatro manos con otros poetas después de desembarcar en Nueva York, aún cuando no dejara de escribir en ruso. Me gusta la idea de alguien llevando su mundo, a través de su exilio, en un montón de palabras agujereadas que atraviesan vibrando las cosas.

De cualquier manera es una larga historia las idas y las vueltas del joven parásito capaz de vagabundear –e intentar inútilmente de desviar un avión –desde Samarcanda hasta Afganistán y, luego, de resistir la internación en un hospital psiquiátrico donde, recuerda Carrère, lo sometieron a “una simpática terapia denominada la okrutka, consistente en sumergir al paciente envuelto en una sábana en una bañera de agua helada y dejarle secar dentro”. Lo heroico y lo siniestro

Cabe mencionar que con el tiempo y los mimos de la intelectualidad occidental, Joseph B. fue convertido en el poetastro laureado y fofo, un enamorado de Venecia ataviado con un rolex. Pero desapareciendo la biografía, que también es obra, emergen las constelaciones de sentido y la combinatoria de sus versos intentando atrapar algo que siempre se le escapa antes de empezar; es en ese desvío donde se encuentran las cosas desgajadas que componen el espacio más acá de las palabras. “Las cosas no se mueven, ni están detenidas. / Ese es nuestro delirio. / Cada cosa es un espacio, más allá/ del cual no puede haber nada. (Things do not move, or stand. / That’s our delirium. / Each thing’s a space, beyond / which there can be no thing)”

 

P.D.: Aún, a falta de mediadores, desconocemos buena parte de la literatura producida después del suicidio de Maiakovski. Nos quedan estos exiliados, satélites fuera de órbita, perdidos en la negrura de Occidente. Es siempre ilustrativa la imagen del escultor del tiempo, Andrei Tarkovski, que en el comienzo de su última película propone regar un árbol muerto hasta que florezca.

P.D.2. En su reverso están los que se quedaron. La URSS alguna vez fue un maravilloso experimento. He pensado en la elaboración una constelación de textos que no reconstruya sino que proyecte los diferentes archipiélagos de lo que, aún queriendo ser, no logró realizarse, como todas las cartas que no llegaron a destino, quedándose en el lugar impreciso de quienes desaparecieron entre los pasajes de una historia imposible.

 

Foto: babelsprech.org

 

Artículo publicado originalmente el 09/09/2014

Un comentario

  1. Juan dice:

    qué buen artículo!… tremenda lectura!
    se le agradece al autor, me dieron ganas de volver a leer a brodsky.

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.