Revista Intemperie

Los multipatópodos

Por: Yosa Vidal
perro apaec

 

Perro Apaec (genus museum)

La historia de los museos ha sido desde su origen en el siglo XVI, apacible y regulada, todo para incomodar a los historiadores modernos que gustan tanto de encontrar inflexiones y retrocesos en el devenir de las cosas y enjuiciar cada adjetivo en los libros: muy a su pesar, los museos nacieron y se multiplicaron exponencialmente, y salvo la casualidad de algún bombardeo menor, su vida ha sido pacífica y su objetivo contener obras que se consideraran artísticas, en distintos formatos y para un público que ingresara voluntariamente. A esto se suma que siempre, sin excepciones, son infinitamente helados y cierran, impajaritablemente, los días lunes. Estas últimas características son las responsables de que el Perro Apaec sea hoy una especie fuerte y que cuente con un numero creciente de ejemplares.

El Perro Apaec (genus museum) fue visto por primera vez por el científico Archibald Bloom, antiguo joven viajero que se dedicó al estudio de la naturaleza a partir del avistamiento. Bloom, paseaba por el museo Larco en Lima, asombrado por las maravillosas piezas que ahí se conservan del arte precolombino: “Lo recuerdo como si fuese ayer, entre el mortero Pacopampa y una vasija de libación, un bicho se paseaba lamiendo con una delgada lengua todas las pelusillas posadas sobre las antiquísimas esculturas, hasta que se dio cuenta de mi presencia y huyó para esconderse bajo una enorme figura de Ai Apaec”, dice en su Long Place Animalia (p. 47). El científico quedó seducido por su rareza, pensando en un principio que era la aparición del mismo dios prehispánico que acompañaba los vestigios de su antigua cultura. Largas investigaciones y años de observación le indicaron que su primera hipótesis era tan equivocada como sus antiguas supersticiones, el Perro Apaec –nombrado así por el momento del hallazgo- es una especie que se puede encontrar en la mayor parte de los museos de América, incluyendo la pinacoteca de Sao Paulo, el museo de Bellas Artes en Santiago de Chile y el Museo Napoleónico en la Habana, entre muchos otros. Enemigo del calor y la humedad, y delicado comensal de basura particulada, no encuentra mejor lugar que los templos del arte. Se especula que su dispersión se debe a que ha viajado entre museos dentro de las valijas que transportan las exposiciones itinerantes (el mayor ejemplar encontrado no supera los 17 cms. desde la cola hasta el pico), acomodado entre pelotitas de plumavit, papel picado y aserrín.

El Perro Apaec no es excepción sino regla; ha ayudado a que la historia del museo permanezca llana y progresiva, con normas inviolables como son su temperatura y horario de atención. Si usted quiere conocerlo puede irrumpir un día lunes después de almuerzo: es el momento en que los empleados de limpieza toman una larga siesta mientras el animal termina de lamer cada pelusa y polvo aposado en el borde de los marcos.

esperanio

Esperanio (sperantis animo)

El Esperanio es y provoca la espera, el éxtasis plástico, produce en quien lo mira una extraordinaria exaltación: es el paradigma de la mutación, vive en ella y por ella se determina. Posee una estructura ósea bien definida, su cabeza y extremidades han permanecido inmutables durante siglos, pero es su piel la que no descansa y este movimiento periférico lo lleva a él y a quien lo contempla a la inacción.

Da la impresión de que estuviera posando: sobre una roca tomando sol, a la orilla de un río, trepando una alcantarilla, mantiene por horas la vista fija y su respiración lenta se acompaña de pequeñas explosiones e implosiones visibles en su piel, se alargan y encogen rizos, cambian de color sus escamas que a su vez se transforman en dedos, en zonas porosas, en tejido húmedo y rugoso, luego suave y seco, luminoso, opaco, y así, hasta que vuelve a la quietud. Esto es porque su dermis está organizada por zonas meristemiales o agrupaciones celulares que viven en un permanente estado embrionario, es decir, a la espera de decidir qué tipo de tejido formarán. El fruto de ese fallo es incomprensible: esa fugaz definición y luego indefinición, por qué esa zona decide ser, de un momento a otro, tejido de riñón, de ojo, de lengua, apéndice, o de cualquier órgano o tejido, y en qué momento esa decisión y cambio se sucederá para volver a ser meristema. Para él, quienes lo contemplamos somos inexistentes, pareciera no tener miedo del otro, no sentir más presencia que la suya propia y entonces las tazas de té se suceden, el olor a pasteles, a pan recién salido del horno, el sonido de palillos y silencios de lanas de las tías que prefieren apagar por un momento el televisor para observarlo.

juya

Juya

La Juya (del Aymara tierno), es un animal famoso por su docilidad, vivedesperdigado en los puertos de las costas del Océano Pacífico, el Golfo de México y el Mar Caribe.

Con hábitos de animal doméstico pero con espíritu libre, suele acompañar a algún pescador que adopta como amo y esperarlo en la orilla, la mirada perdida en el horizonte durante horas hasta que regresa con su barca sano y salvo. Siempre un gesto bondadoso, compasivo hasta con especies de otros órdenes, de otros reinos, se ha especulado que filogenéticamente estaría emparentado con el perro por algunas características estructurales pero, principalmente, por su fidelidad y natural disposición al juego y al cariño.

Son famosos los registros del Transnational Geographic en que aparece ayudando a un lobo de mar aplastado por otros lobos, salvando a una gaviota liada en redes o hilos de pesca, dando un golpecito en la espalda a un pelícano atorado, adoptando crías de otras especies, defendiendo a una perrita en celo. Aunque la Juya ladra, no lo hace en horarios en que la mayoría de las especies duerme, es carnívora de nacimiento pero herbívora por convicción y entierra sus deposiciones cada vez que puede.

Biólogos y antropólogos se han preguntado las causas de este comportamiento “casi humano” para los optimistas de nuestra especie y han llegado a la asombrosa conclusión de que la Juya es un animal de costumbres. No es una repetición genética la de la propensión a la bondad, sino que es transmitida generacionalmente, desde que nacen, en sucesivos rituales edificantes para luego crecer sabiendo que no podrán dejar de enseñar esas buenas costumbres a sus crías (naturales o adoptadas). La manifestación de la regla se debió a su excepción. En Tumaco, región de Narino, Colombia, se encontró un ejemplar depravado al extremo de la defección, que es la traición o abandono absoluto a quien se le debe lealtad. Pues bien, esta Juya se arrimaba a los vagabundos borrachos para tender una de sus patas y luego, una vez ganada su confianza, aprovecharse de la debilidad, robar el licor y luego tomarlo sola, lejos, sin convidar a nadie.

Esto trascendió pues la población, que se daba naturalmente a la fiesta, se sintió amenazada y contactaron, autoridades mediante, a los biólogos y antropólogos antes mencionados. La conclusión llegó rápido: la Juya depravada fue alejada de sus padres a temprana edad y no “aprendió” sus hábitos. Los hermanos del ejemplar, en cambio, encontrados a unos caseríos de distancia, se hallaban alejados del vicio al punto de la idiotez.

La segunda conclusión de los expertos llegó también por descontado y fue que sólo un hábito en la Juya es innato: el hábito de aprender. En una simple y hermosa ceremonia la Juya depravada fue devuelta a su hogar para felicidad de los habitantes de Tumaco. Tras haber llevado una vida desapegada, frívola e individualista, se incorporó a la manada y pudo, luego de varias correcciones, actuar loable y generosamente con sus pares, que son todos.

 

Yosa Vidal. Profesora de Castellano, licenciada en Literatura por la Universidad de Chile y Master en Arts por la Universidad de Oregon. Ha sido becaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y también de la CSWS Foundation de la Universidad de Oregon. Ha publicado poemas y cuentos en diversas antologías, entre ellas Voces menos 30 (2011), y es autora del libro de cuentos infantiles Érase otra vez (2011), y de la novela El Tarambana (Tajamar 2013).

Ilustración: Luis Vidal

Un comentario

  1. Hernán Vidal dice:

    Invaluable y preciosa información científica acerca de estos extraños bichos que pueblan el contubernio parental de dibujos escriturados, o textos ilustrados, como se quiera ver esta simbiosis creativa.
    Ovación cerrada y fuga bachiana de vuvuzelas por ambos Vidalópodos.
    Estos asombrosos descubrimientos harán revolcarse en sus tumbas tanto a Darwin como a esos antiguos e ingenuos guionistas del creacionismo bíblico.

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