Revista Intemperie

Opciones televisivas: Mario Kreutzberger vs Patricio Bañados

Por: Rafael Cárdenas
don francisco patricio banados

Rafael Cárdenas sobre la tendencia de nuestro medio televisivo al animador vociferante, inculto y chabacano, como una estrategia del totalitarismo televisivo

 

Se afirma y se sostiene como lugar común en el discurso oficial, guiado por la unívoca pauta periodística de nuestra concentrada prensa duopólica, que el público, la masa, el vulgo o la gente, carecen de sensibilidad o cultura para saber discriminar y elegir calidad de contenidos en la programación televisiva. Sin embargo, yo discrepo de este tópico y creo que hay mucha mayor sensibilidad en el espectador común que en aquellos bien remunerados ejecutivos, propietarios, potentados y mandamases del medio televisivo nacional. De hecho, creo que la tendencia programática hacia la frivolidad, la farándula, el cotilleo o la opinología, obedece a una extremadamente bien planeada y programada estrategia de muy antigua data.

Con el golpe de Estado de hace cuarenta años, se produjo en nuestra televisión, como en todos los ámbitos, por lo demás, un cambio brusco y brutal que barrió con buena parte de sus protagonistas y dejo todo patas arriba en dicho medio. Sin embargo y a poco andar, se optó por lo obvio en un régimen autocrático, máxime cuando su líder tenía por paradigma al declinante caudillo español, como es el control total de la programación y su utilización volcada a la entretención y la desinformación.

En este contexto, se privilegió al tipo de conductor televisivo o showman vociferante, inculto, chabacano y vulgar que hemos conocido por décadas y cuyo pionero fue Mario Kreutzberger, “don Francisco” y, simultáneamente, se desplazó, se invisibilizó o se descartó directamente al tipo de profesional reposado, instruido, de buen humor y entretenido del estilo de Patricio Bañados, la antítesis del anterior. Lo cierto es que Kreutzberger concentró tanto poder e influencia en el medio y en la sociedad sometida, que se transformó en un déspota paralelo y funcional al que gobernó el país por 17 años y bajo cuyo esquema se estructura nuestra sociedad y sus instituciones en gran medida hasta el presente.

Tanto así que tras el fin de la dictadura y después del triunfo del NO con el rostro de Patricio Bañados en el plebiscito de 1988, nuestra televisión permaneció en el mismo estilo nacido en dicho régimen de fuerza y mientras Kreutzbeger siguió siendo un privilegiado del poder, Patricio Bañados sufrió de constantes acosos y censura en TVN, que acabaron en su despido y en el ostracismo en que ha permanecido hasta hoy.

Kreutzbeger y Bañados resultan especialmente paradigmáticos del quiebre en nuestra sociedad en lo que se dio en llamar la disputa entre los autocomplacientes y los autoflagelantes. Los primeros, los autocomplacientes, lograron una temprana hegemonía desde el inicio de los años 90, la que parece estar llegando a su fin. Esto se percibe en el rechazo ciudadano hacia toda una generación política que podría personalizarse en el cacique caído Camilo Escalona, a quien los medios insisten en mostrar, destacar y poner en pantalla, no obstante el placer opiáceo que suscita en las redes sociales la posibilidad de tenerlo en la diana.

Mario Kreutzberger “don Francisco”, a su vez, provoca un rechazo similar en las redes sociales cada vez que se invoca su nombre en alguna crónica o columna. Sin embargo, con Patricio Bañados ocurre exactamente lo contrario: su sola mención o la publicación de una columna suya, suscita una oleada de mensajes y comentarios de reconocimiento y nostalgia y la manifestación de deseo por su retorno a la televisión, a lo que quienes mandan continúan haciendo oídos sordos, mientras nos siguen inoculando mediocridad y culpando a la sufrida teleaudiencia de ello.

 

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