Revista Intemperie

Maria Alzira Brum: “No conozco a ninguna otra niña a la que le guste tanto la ciencia-ficción”

Por: Andrés González
la orden secreta de los ornitorrincos

El poeta Andrés González revisa los alcances de la novela “La orden secreta de los ornitorrincos” de la escritora brasileña María Alzira Brum

 

“Creo que ella era un poco como aquellos estudiosos que, en los orígenes de la ciencia moderna, lo revolvieron todo, se apropiaron de todas las fuentes y construyeron la autoría mediante la imposición de su método. En ambos casos se trataba de una trampa para capturar el mundo y a los otros en un cierto orden narrativo y clasificatorio. Y, consecuentemente, de atraparme en un guión” (p. 8)

“¿Quién comprará tanta basura?” (p. 90)

 

En el epígrafe, perteneciente a Saint-Real, del capítulo XIII de Rojo y Negro, leemos que una novela es un espejo que pasea a lo largo de un camino. El tiempo ha pasado y ya nadie podría suscribir la tesis de Saint-Real: el espejo ha desaparecido, el camino es una hipótesis de trabajo.

La orden secreta de los ornitorrincos podría leerse como un Bardo Thodol de la novela: la novela ha muerto, ahora entra a los lugares donde se habrá de liberar de su ilusión-de-yo (su “yo-novela” y también el “yo” que la presidía o administraba, el “autor”) y enfrentarse a contemplar las infinitas formas que puede adquirir una narración, enfrentada a reconocerse en cada una de ellas, pues de lo que se trata, en definitiva, no es de renacer como una “nueva novela” sino de reconocerse en la escritura, en el lenguaje, en ese torrente que anula la causalidad y está más allá de acciones y contenidos, que desde la indeterminabilidad juega con las determinaciones posibles de ese animal cimarrón llamado “texto”.

La orden secreta de los ornitorrincos está compuesta por una serie de comienzos que se plantean una proliferación textual en base a un conjunto recurrente de elementos: la pelirroja, las casas-capullo de cristal, el buró con los fósiles y la fotografía familiar, las sillas de respaldo alto, una película o novela ciencia-ficción, los ornitorrincos, evolucionaristas e hibridistas, una escritora que presenta un conjunto de textos mutantes, un editor que cree que aquello es una novela, etc. Al consistir en una serie de comienzos interconectados, funciona más bien como una realidad virtual de sí que como una novela centrada en el desarrollo de un argumento.

De esta manera, opera desde una radical autonomía. Imaginemos que la novela de cuerpo behemótico ha pasado a ser una célula autónoma, un frente viral que atraviesa los imaginarios de novela o vida personal, además de una suerte de entendimiento de los mecanismos escriturales en un plano de comuna que rechaza la estructuración jerarquizante y, con esto, la ficción monolítica dependiente de y garantizada por el autor (en claro paralelismo con las garantías que las pruebas de la existencia de Dios otorgaban a las teorías del conocimiento de comienzos de la era moderna), de suerte que puede decirse que son las masas textuales las que buscan su despliegue en una superficie que excede una y otra vez los límites que postulan los campos del yo y la autoría. Así, nunca es posible hablar de algún tipo de desarrollo sino de resonancia.

Ahora bien, frente a una problematización angustiosa de aquello que pueda ser, actualmente, una novela, en esta serie de textos (que el editor quiere que sea una novela, el departamento de marketing, algo rentable, y el supuesto personaje que los escribe prefiere dejar en la indeterminación) se encuentra en estas nuevas zonas precisamente el campo donde los textos que antes podían ser captados por la forma contractual “novela” ahora pueden retomar los juegos y goces del lenguaje que asume las distintas determinaciones posibles de sí ya no como géneros que darían cuenta de su “naturaleza” sino como de aventuras de hibridación, aventuras de su código genético.

Lejos de plantearse la aniquilación del orden novelístico por medio de una auto-violencia (que no haría sino reflejar una situación de culpabilidad de un “autor” que, mal que mal, seguiría fungiendo como tal), La orden secreta de los ornitorrincos opera su “phasing” con un lucidísimo humor que no abandona nunca, que, es más, constituye el tono (amistoso y no ansioso) de la mixtura, el paladeo de sí, un humor de niñas que andan en las nubes pero cuentan con las cerbatanas más precisas, incluso: un reírse del humor, un agarrarlo para la chacota. La combinatoria de la serie recurrente de elementos llega a niveles hilarantes, como cuando en los capítulos de Gobda se nos describen linajes post-humanos como las mujeres con cola, dotadas de cola de reptil, nacidas a causa de la utilización de una determinada marca de tintura de cabello, ligadas, así, a la Pelirroja del texto 16 (titulado, precisamente, “La mujer con cola”) y a la (recurrente) madre; o, al final del texto “Basura y paradoja”, cuando, en una venta de garage, se encuentran la novela Gobda, el buró, un disco de Dora, la reina del bolero, el álbum de animales que en este caso sí tiene la lámina del ornitorrinco, en fin, todos los elementos a que echan mano los textos, y el personaje que ve todo esto se dice: ¿quién puede comprar tanta basura?.

¿Basura? ¡Gozosa Gobda! Estrategia económica de esta serie de textos que así se sustraen al mero consumo de un público lector que el mercado editorial produce, por cuanto un conjunto que se consume a sí mismo, que goza de sí. Este gozar de sí es la apertura de los textos al lenguaje, a la investigación del lenguaje más allá de los géneros literarios, híbrida apertura, pues, al híbrido acontecimiento del lenguaje. La orden secreta de los ornitorrincos nos muestra un camino que va más allá de la literatura para reencontrarse con una escritura libre, como libres han de haberse sentido los ornitorrincos, aparecidos en el Cretásico Tardío, cuando el meteorito Chicxulub arrasó con el dominio de los dinosaurios.

 

La orden secreta de los ornitorrincos, de María Alzira Brum, ha sido editada por Amauta Brasileira (Brasil, 2008), Borrador Editores (Perú, 2009) y Editorial Aldus (México, 2014).

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