Revista Intemperie

Israel en la encrucijada

Por: Luis Felipe Torres
Gaza City

Luis Felipe Torres ofrece un descarnado análisis de un conflicto que parece sin solución

 

En momentos en que el mundo está aún más convulso que hace cien años –cuando el cadáver del archiduque Francisco Fernando yacía fresco en el cementerio, pero Europa aún no se decidía por ir a la guerra que acabaría con cuatro imperios– se me hace difícil entender la oleada de “comprensión” que despierta Hamas, como si sus intereses concordaran con los de la comunidad palestina en general. Hamas es una organización abiertamente terrorista, que llama al sometimiento de todas las colectividades que no abracen el Islam y cuyo liderazgo descansa en un tropel de maledicentes que, desde la comodidad de sus hoteles en Medio Oriente, emplazan a los habitantes de Gaza (y todos los musulmanes) a librar una Yihad o Guerra Santa, a asesinar ala prójimo en nombre de Alá.

Pero Hamas ya no solo siembra el terror ataviando a su juventud con chalecos-bomba: también lanza cohetes (su tecnología se ha perfeccionado, llegando a amenazar el aeropuerto de Tel Aviv); además, en medio de una escasez general de agua potable y alimentos, se las ha ingeniado para adquirir drones en el mercado negro internacional.

Como en teoría no reconocen la legitimidad de Israel, ni del derecho internacional, ni de instituciones la ONU, y en la práctica su situación es insostenible (no les conviene un armisticio); es imposible hacerlos ceder. Hasta tal punto es la intransigencia de este ente político/terrorista –aferrados al poder, sin nada que hacer con el– que los vínculos que históricamente unían a Hamas con Irán y Egipto se han debilitado casi hasta el punto de quiebre.

A su contraparte, Israel, sin embargo, difícilmente podría catalogársele de víctima. Sus autoridades, en constantes pugnas faccionarias, solo se muestran de acuerdo en algo: Hamas no puede dejar de existir. Parece raro, pero no lo es. Experiencias como la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos, y particularmente la llegada de la Hermandad Musulmana a Egipto tras la caída de Mubarak, hacen que derrocar a Hamas resulte indeseable. La anarquía que se produciría sería el caldo de cultivo perfecto para que surgieran nuevas células de Al Qaeda, y para que llegaran al poder. La región ya es lo suficientemente inestable. Nadie quiere sacudir el avispero. El otro extremo, someter el territorio mediante una guerra de conquista, anexarlo a Israel sin más, alteraría el balance demográfico de la “nación”, sentando las bases para que los mismos sionistas se conviertan en minoría dentro de su propio estado, creado por decreto tras el Holocausto y que dista bastante de ser una utopía.

Es rara cosa este baile de máscaras, una ópera en que el único sonido no proviene de una orquesta sino de las balas.

 

Foto: Gaza (The Guardian)

Un comentario

  1. david rojas dice:

    No veo la oleada de comprensión hacia Hamas que tu ves.
    Hay sectores bastante conservadores (reaccionarios diría yo) que desde una postura de seudo izquierda defienden cosas que no tienen pies ni cabeza, pero no hay mucha más comprensión que la que viene de esa gente.
    Lo que sí hay es una oleada de sensibilización por el desastre humanitario que hay en Gaza, que no es igual a simpatizar con unos líderes u otros.
    Muchos opinamos sobre cosas realmente apremiantes para el pueblo de Gaza de forma mas bien frívola y jugamos a entender un tema político y social que nos queda grande. Parece que siempre hay que hablar de lo que los demás hablan.
    Pero se nos olvida que los pueblos no son sus líderes y que la gente es gente en todas partes. Frivolidades, mejor las justas.

    Con respecto a la sensibilización (creo que esa realmente es la idea con la que empiezas) hay un punto secundario, a mi parecer, que es preocupante, y es su forma muchas veces apolítica o desinformada. Pero eso es otro tema.

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