Revista Intemperie

Crónica destacada Concurso Crónica de Viajes: Una visita al Corazón de los Zapatistas

Por: María Paz Sagredo
comunidades-zapatistas

Destacada por el jurado del Concurso de Crónica de Viajes organizado por Revista Intemperie, María Paz Sagredo aborda su visita a un “caracol” zapatista

 

En el verano de 2009, me encontraba realizando un viaje por Centroamérica y México con un grupo de cinco amigos. Una de nuestras paradas fue la ciudad de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas, al sur de México. Un par de semanas antes, una amiga que pasó por ahí nos comentó que había visitado un Caracol. Los Caracoles son comunidades autónomas zapatistas, donde viven indígenas que apoyan las demandas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZNL). Actualmente hay cinco Caracoles en Chiapas, cada uno agrupando alrededor de cinco comunidades.

El 1 de enero de 1994, México amaneció conmocionado por un levantamiento armado indígena que se estaba desarrollando en Chiapas, liderado por el Subcomandante Marcos. El EZLN le exigía al gobierno trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

Yo tenía mucho interés en visitar el caracol, ya que en 1994 me encontraba viviendo en México con mi familia. Con sólo 8 años, el movimiento zapatista me generó una profunda empatía, por lo que con mis compañeros de colegio seguimos muy de cerca sus movimientos y transformamos al Subcomandante Marcos en nuestro ídolo, llegando incluso a disfrazarnos de zapatistas en las fiestas del colegio.

Apenas llegamos a San Cristóbal, comenzamos a averiguar cómo llegar al Caracol Oventic, sin embargo al parecer nadie tenía mucha información al respecto. Finalmente, en una tienda de artesanías, un francés sin muchas ganas de decirme como llegar, me dijo que había que tomar un colectivo en la plaza y simplemente pedir que nos llevaran a Oventic, así que a la tarde siguiente partimos. Luego de 40 minutos de viaje por las montañas de Chiapas, llegamos a nuestro destino. En la entrada había una reja y un letrero con la siguiente frase: “Para todos, todo. Nada para nosotros. Municipio Autónomo Rebelde Zapatista”. El chofer del colectivo nos dejó y dijo que volvía a buscarnos en una hora. Todos nos pusimos un poco nerviosos, no se veía nada alrededor y en caso de que nos quisiéramos ir no íbamos a tener cómo.

Algunos minutos después se acercó un grupo de hombres con pasamontañas y nos abrieron la reja. El Caracol se encuentra en la ladera de un cerro. Hay una calle central con mediaguas y algunas construcciones de madera un poco más grandes. La mayoría de las casas se encuentran pintadas con murales que hacen alusión a las demandas del movimiento zapatista.

Nos hicieron pasar a una mediagua con un letrero que decía Centro de Vigilancia. Nos preguntaron de dónde éramos y a qué veníamos. Ninguno de ellos sabía dónde estaba ni había escuchado hablar de Chile, aunque en general la gente de Chiapas tampoco sabía. El nombre de Chile les causó mucha risa debido a que en México, el chile es el ají que se le echa a la mayoría de las comidas. Luego de responder a todas sus preguntas, nos entregaron un permiso para transitar por el Caracol con una duración de “un rato” y con autorización para sacar fotografías de los murales del lugar.

Una vez pasado el control de seguridad, nos llevaron a la casa de la Junta del Buen Gobierno, llamada Corazón Céntrico de los Zapatistas delante del Mundo. La Junta es el organismo responsable de coordinar a las comunidades, su relación con el EZLN y la ayuda que estas reciben del exterior. Sus miembros son representantes de las distintas comunidades del Caracol y son vigilados por miembros del EZLN con el fin de evitar que se generen actos de corrupción y abuso.

En la Junta del Buen Gobierno, fuimos recibidos por un hombre encapuchado, acompañado de tres niñas adolescentes también encapuchadas. Los cuatro estaban sentados en una mesa ubicada sobre una tarima. A nosotros nos sentaron en unas banquetas mirándolos de frente. La mediagua estaba decorada con variados posters del movimiento zapatista y recortes de prensa. Sobre las cabezas de los zapatistas colgaba un retrato del Subcomandante Marcos. Luego de explicarnos las funciones de la Junta, nos invitaron a tomarnos una foto con ellos y el retrato del Subcomandante. Al momento de pararnos detrás de la mesa para la foto, pasamos a llevar el cuadro de Marcos, el que se vino abajo, cayendo encima del presidente de la Junta. Por un momento todos nos miraron con cara de espanto, lo que nos hizo pensar que la visita se acababa ahí, pero afortunadamente la sorpresa fue seguida de risas. Alguien volvió a colocar el cuadro en su lugar, nos sacamos la foto y salimos tranquilamente.

La visita continuó sin mayores contratiempos, los guardias que nos recibieron al principio nos mostraron el resto del Caracol. Visitamos el hospital, la escuela y tres centros de mujeres en los que se fabrican y venden artesanías. Todas las edificaciones se encuentran en excelente estado y funcionan de manera muy organizada.

Después de 15 años de iniciado el levantamiento, los zapatistas y los indígenas de Chiapas han trabajado en conjunto en pos del logro de sus demandas con bastante ayuda del exterior y algo de apoyo del gobierno mexicano. Sin embargo, dado el auge del narcotráfico en México en los últimos años, la situación de Chiapas pasó a un segundo plano para las autoridades. A pesar de esto, los zapatistas hoy se encuentran muy orgullosos de su levantamiento, de sus logros y especialmente de que hoy viven en paz.

 

Foto: mexico.cnn.com

 

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