Revista Intemperie

“Esos que se quedaron pateando piedras nunca pasarán de moda”: una entrevista a Edison Cájas

Por: Antonia Ávalos
edison cajas

Antonia Ávalos conversa con el director de “El vals de los inútiles”, documental que le puso rostros a las protestas del 2011, y se interna en una interpretación de las protestas estudiantiles, y los límites entre la ficción y la no ficción en el cine

 

El documental El vals de los inútiles, contextualizado en la movilización estudiantil de 2011,debutó el 2013 en el Festival de Cine de Valdivia, y se estrenó el pasado 8 de mayo en salas —o sea, y por mera coincidencia, el mismo día de la primera marcha estudiantil de 2014—. Durante todo mayo fue exhibido en diez ciudades del país, de Iquique a Punta Arenas.

Edison Cájas, director, dice que a la película le ha ido bien, ha provocado la reacción de la gente, “tiene mucha conexión con el público, que se reconoce en esta historia de transformación social”, señala.

Los premios se suman: Mejor documental extranjero, American Documentary Film Festival; Premio especial del jurado, Festival internacional de cine de Valdivia; Premio SICA, Festival internacional de cine de Mar del Plata.

Y ahora será parte de la competencia de FIDOCS 2014, que se inicia el 23 de junio.

La película muestra, entre otras cosas, la toma del Instituto Nacional el 2011, establecimiento que, incidentalmente, vuelve a estar en toma ahora, para protestar contra la Reforma Educacional impulsada por el gobierno de Michelle Bachelet.

Edison —un ex institutano— recuerda que la filmación en el Nacional no estuvo exenta de riesgos. Tuvieron un período de acostumbramiento con el curso de Darío —uno de los protagonistas del documental— y sus profesores, pero durante la toma no eran esos estudiantes los que se estaban tomando, de manera que ellos eran unos desconocidos. “Pensaron que éramos prensa y nos querían echar. Con Rodrigo López, que estaba trabajando en la producción, tuvimos que cantar el himno del colegio para que no nos pegaran. Nos salvó ser institutanos”.

el vals de los inutiles

“No eran niñitos jugando” 

El documental muestra exclusivas grabaciones dentro del Instituto Nacional, las que van desde las discusiones de los alumnos en asambleas, hasta la organización de la toma del establecimiento.

La cámara adopta el punto de vista del testigo que observa silenciosamente, logrando captar la vida íntima de la toma, desvelando pequeñas historias, mostrando rutinas básicas y transmitiendo las convicciones de los participantes que forman la “masa”, las “bases”, aquéllos que no son dirigentes ni líderes. Menos diputados.

Según lo que observaste durante las filmaciones, ¿qué tanta claridad había en el discurso de los alumnos en toma?

En el Instituto Nacional presencié asambleas con interlocutores brillantes. También en la calle o en algunas protestas escuché discursos muy lúcidos. No eran niñitos jugando. Eran personas conscientes de su rol político y social. Tenían una convicción grupal de cambiar las cosas. Creo que mucho del revuelo mundial que causó el movimiento estudiantil chileno se debió a la confluencia de jóvenes brillantes que comunicaron con eficacia su discurso a una sociedad cada vez más empoderada.

De acuerdo al documental, ¿qué es primero para llegar a la movilización: las ideas o las acciones?

Para algunos son las ideas, como para Miguel Ángel. Pero para otros son las acciones, como para Darío y los estudiantes que transformaron sus acciones en poesía callejera e inmediata. Eso es lo más interesante del documental. No deja puertas cerradas ni mensajes de ningún tipo, sino caminos abiertos para reflexionar sobre el movimiento estudiantil y sus repercusiones.

 

Pateando piedras 

Ya se ha dicho, pero vale la pena repetirlo. El título del documental es un guiño al calificativo que usó Carlos Larraín, por entonces presidente de Renovación Nacional, para referirse a quienes protestaban y se encontraban en la oposición: “No nos van a doblar la mano una manga de inútiles subversivos” (6 de agosto de 2011)

“Yo quise poner sobre la mesa una reflexión que me parecía interesante y que era cómo el movimiento social actual tenía una huella invisible de otras revoluciones y de otras batallas libradas en dictadura. Que los estudiantes del 2011 eran en verdad los estudiantes de la década de los setenta y los ochenta. Que todo es un ciclo”, plantea Edison.

En este sentido ¿cuál es la relación con la canción de Los Prisioneros, “El baile de los que sobran”, que cierra el documental? Ese tema tiene un sentido más bien derrotista, ¿tienes esa visión de las movilizaciones de 2011?

La película es un homenaje a esa generación de la que habla González en “El baile de los que sobran”. Esos que se quedaron pateando piedras nunca pasarán de moda y de alguna forma la película los vuelve a mostrar a la luz de las protestas estudiantiles de 2011. Yo siento que perdimos ese año. Perdimos porque no se logró nada, porque los postergados seguimos siendo los mismos.

Y en general, en el documental, ¿cuál es la relación entre la música y la imagen? ¿Por qué pareciera que hay más silencio que sonido?

La imagen cinematográfica es esencialmente musical porque es rítmica, entonces la contraposición o complementación de la música y las imágenes van creando un lenguaje único que ayudan al espectador a transportarse al mundo que está proponiendo la película. Respecto al silencio pasa lo mismo. Yo quería que la película fuera silenciosa en algunas escenas para que la imagen fuera contando a través del silencio y la parsimonia. El silencio es otra forma de escuchar la película.

 

Una estética de ficción

En el documental las escenas se mueven desde las asambleas y tomas en el Instituto Nacional, a la monótona vida de Miguel Ángel y a la corrida de 1800 horas. Siempre desde una perspectiva íntima, apenas contextualizada en el movimiento estudiantil.

¿Por  qué decidiste no profundizar en el contexto, y enfocarte en el detalle?

Cuando comencé a pensar en qué era lo que me emocionaba y movía a filmar, eran las historias anónimas de las personas que componían esta gran movilización. Conforme a esto, decidí que la película tendría una estética particular, por lo que rápidamente eliminamos todo lo que oliera a noticiario o youtube, pues no buscábamos eso. Quería huir de toda la urgencia de esos medios y construir un relato más pausado y enfocado en los detalles.

¿Qué escenas están recreadas y/o pauteadas?

No hay escenas pauteadas ni recreadas. Lo que hay son escenas que tienen una estética de ficción. En ese sentido siempre he afirmado que ambos personajes son en realidad personas reales, que tienen esas vidas, que transitan por esos lugares y que vivieron y experimentaron realmente todo los que les pasó en el documental. Desde luego ya poner una cámara condiciona la realidad; aprovechándome de eso comencé a poner la cámara en lugares y situaciones en los que el documental no acostumbra llegar por pudor o formalismo y de las que fueron saliendo todas las escenas que construyen el relato.

¿Qué opinas de la tendencia de los documentales de utilizar recursos de la ficción (y viceversa)?

El documental es también una forma de ficción. El documental construye mundos, pone de relieve ciertos elementos y esconde otros, es una forma de ficcionalizar, porque lo que hace el cine en el fondo es mostrarte una realidad que de otra forma no podrías ver. Son relaciones subterráneas de la realidad, pero que están ahí siempre para aquél que las quiera ver. En ese sentido, creo que los géneros son formalidades muy lejanas al quehacer cinematográfico real. Alguien hace una película, te emocionas y ya. No andas preguntando si es documental o ficción. Los límites estéticos son infinitos. Yo no tengo problemas con eso. Me paso de un lado al otro sin preguntarle a nadie si eso está bien o no. Creo que el límite de todo siempre es la ética. Nunca voy a pedirle a los personajes de un documental que sean otros distintos a ellos mismos. No me interesa mentir sino construir un mundo cinematográfico a partir de lo que veo en ellos.

Antes de estudiar cine en la Universidad de Chile, te licenciaste en filosofía en la misma universidad. ¿Cómo influyó tu formación filosófica en la realización de la película?

La  búsqueda de temáticas y la forma de resolver cada película tienen mucho que ver con la filosofía. Me gusta mucho detenerme un momento ante cada proyecto y preguntarme para qué contar esta historia, quién la cuenta y de alguna forma voy estableciendo relaciones entre los personajes que me van entregando nuevas luces sobre lo que yo mismo he puesto como punto de partida.

¿Qué se viene en tu carrera?

Estoy escribiendo una película de ficción que espero poder producir en 2015.

 

Foto: ficvaldivia.cl

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