Revista Intemperie

“El Ministerio será necesario si constituye una superación enriquecida del Consejo”: una entrevista con Arturo Navarro

Por: Felipe Valdivia
arturo navarro

El Director Ejecutivo de la Estación Mapocho habla sobre el proyecto del Ministerio de Cultura, evalúa la gestión Piñera en cultura y entrega su opinión sobre la crisis de la institucionalidad del patrimonio, el Altazor y la televisión cultural

 

Arturo Navarro cuenta con más de veinte años de experiencia en el trabajo cultural y patrimonial, y más de diez a la cabeza de la Estación Mapocho. Lo avalan sus títulos y los numerosos galardones que ha conseguido tanto en Chile como en el extranjero convirtiendo, a este gestor cultural, en voz autorizada para abordar temáticas ligadas al área en nuestro país.

Su opinión, entregada en la víspera de los 100 días de gobierno de Bachelet, asoma como relevante para el análisis de la gestión cultural. La medida 33 –la que anunciaba el envío de un proyecto de ley para la creación de un Ministerio de Cultura y Patrimonio– no fue cumplida, porque de acuerdo al Convenio 169 de la OIT de los pueblos originarios, el Gobierno debe hacer una consulta de 90 días previo al envío de la iniciativa, por lo que no alcanzó a ser ingresada.

“Considerar a los pueblos indígenas es una señal positiva, pero que puede demorar el trámite”, enfatiza el Director Ejecutivo de la Corporación Cultural de la Estación Mapocho.

¿Cómo ves el nuevo proyecto de ley con el que el Gobierno quiere crear un Ministerio de Cultura y Patrimonio?

No lo veo todavía. Está en el inicio de un proceso participativo. La Ministra acaba de dar cuenta de ello a los diputados de la Comisión de Cultura. Pero soy optimista respecto de que llegará a buen puerto.

¿Es realmente necesario contar con un ministerio?

No necesariamente. Un ministerio será necesario sólo si constituye una superación enriquecida del exitoso modelo del Consejo Nacional de la Cultura (CNCA). No si solamente soluciona un problema burocrático de cómo integrar a la DIBAM y el resto del sector patrimonio (que quedó afuera de la institucionalidad del 2004), al Consejo, que fue lo que pretendió el proyecto Piñera. Si lo que se logra es un ministerio de las culturas con amplia participación y adecuado al país de los movimientos sociales, bienvenido sea. Pero hasta ahora sólo parece estarse construyendo y ello debiera tomar tiempo y mucho debate.

A tu juicio, ¿cuál crees que sería la estructura más eficiente para un eventual ministerio?

La inglesa. Un amplio y liviano ministerio de cultura, patrimonio, comunicaciones, turismo y deportes que encause los recursos públicos a cada uno de esos sectores. Cada uno encabezado con un Consejo participativo y representativo de la sociedad civil que asigne los recursos públicos de manera objetiva y concursable. (…). Este modelo es el que existe en la mayor parte de los países de Asia, África, Oceanía, el Reino Unido, Canadá y que ostenta Chile –con buenos resultados– en el campo de las artes, como vanguardia en América Latina. Los países de Europa continental que no lo tienen están activamente buscando fórmulas para alejarse de institucionalidades que sólo dependen de fondos asignados por los gobiernos, que cuando se les recorta presupuesto, sencillamente recortan actividades, sin salir a buscar los recursos en otros sectores como el privado o el propio público u otras formas más novedosas como el crow funding.

La mayoría de las instituciones y organizaciones que rechazaron el envío del proyecto de ley que creaba el Ministerio de cultura y que fue presentado por el Gobierno de Sebastián Piñera ahora parecen más receptivos. ¿Hubo un estancamiento en el área cultural durante la administración anterior?

Más que de estancamiento yo hablaría de un profundo desconocimiento del mundo de la  cultura y de una gestión personalista que buscaba desesperadamente alcanzar algunos logros que a la larga, fueron esquivos. Se quedó con el eslogan de haber sacado al Consejo Nacional de la Cultura del Dicom, que como meta es por lo menos pobre. Hay un daño a la cultura que no alcanzó a destruir lo construido desde la recuperación de la democracia, pero se perdió un tiempo valiosísimo y heredó al actual gobierno una serie de tareas derivadas de medidas incomprensibles como la reducción de presupuestos a Matucana 100 y Balmaceda Arte Joven, o la segunda etapa del GAM. Lo mismo aconteció con anunciadas infraestructuras en regiones que sencillamente fueron sólo promesas, como el Teatro del Biobío o el Teatro Municipal de Viña del Mar.

¿Y con los Gobiernos anteriores?

Los gobiernos anteriores tenían una línea de trabajo coherente y acumulativa que implicó el inicio de políticas culturales aisladas, en el caso de Aylwin; Frei, la evaluación de la mismas y convocatoria de instancias de participación; Lagos, instalación de una institucionalidad inédita; Bachelet, en su primer periodo, la aplicación de esa institucionalidad con notables obras de infraestructura como el Museo de la Memoria o el GAM. Ahora debe retomar esa línea y avanzar.

¿El Gobierno –con lo que lleva en su administración– ha dado señales claras en términos culturales en relación a los anteriores?

Las señales, más allá del mensaje, han sido potentes: en la designación de autoridades (agregados culturales, unidad de pueblos indígenas en el Consejo Nacional de la Cultura, la propia ministra y su subdirectora), con la consulta indígena que postergó el envío del proyecto de Ley. La diferencia con gobiernos anteriores está clara. La importancia de la cultura no se mide por minutos/mensaje.

A comienzos de año se realizó una inédita consulta ciudadana para recoger distintas opiniones para elaborar el proyecto de ley para el ministerio. Sin embargo, algunas organizaciones como la Asociación de Editoriales Independientes y entidades privadas, no fueron convocadas. ¿Qué tan importantes son las organizaciones tanto privadas como públicas en este tema?

Toda consulta, en democracia, es amplia y abierta. No caben los sentimientos por no haber sido convocados. Hoy, si algo es posible es dar a conocer sus planteamientos vía redes sociales, parlamentarios, medios de comunicación y otros. Lo complicado es cuando esa queja esconde falta de planteamientos claros o planteos que más asemejan ser consignas que políticas meditadas. Entiendo que en las variadas consultas en curso hay una convocatoria generalizada.

¿Tú participaste?

Sí, personalmente he podido opinar en varias.

En una columna que escribiste propones que “la gran diferencia con lo existente debe estar dada por la comprensión de la cultura como un derecho al cuál deben tener acceso todos los ciudadanos”. ¿Crees que ese es nuestro gran problema como país en este ámbito?

Es lo que corresponde abordar si asumimos todo lo ya avanzado. Es la coronación de un proceso y no un deseo aislado y arbitrario. Ya se ha avanzado en lo primero: infraestructuras culturales, formación de audiencias, capacidad de gestión, fondos de fomento a la creación. Lo que falta es cómo la ciudadanía asume que tiene derecho a disfrutar esas infraestructuras; formar parte de audiencias habituales de su arte favorito;  exigir a los gestores que programen cultura en función de esos intereses de la colectividad y no sus gustos particulares, y hacer que lo que crean los artistas, con fondos públicos, esté al alcance de los ciudadanos.

 

Conciencia ciudadana para proteger al patrimonio

Navarro advierte que en términos patrimoniales el país vive una crisis, sobre todo desde el punto de vista de la institucionalidad pública. Pero también hace un llamado de atención a la ciudadanía en general, a no quedarse sólo en la defensa de casas o edificios históricos: “el patrimonio, como dijo Lord Charteris (primer ministro del National Heritage Fund) es todo lo que ustedes quieran, por tanto material, inmaterial, central, regional, local”.

La eventual creación de un ministerio otorgaría más importancia al Patrimonio. ¿Es suficiente?

Depende de como se resuelva el tema de la participación y sobre todo el concepto de patrimonio. Si seguimos con la concepción tradicional de proteger sólo palacios, iglesias y propiedades aisladas y no actualizamos el concepto de patrimonio, vamos a seguir profundizando el estado de crisis actual.

¿Crees que el patrimonio está en peligro, considerando la acción de las inmobiliarias y los retail que construyen –según los afectados– descaradamente centros comerciales y destruyendo parte importante de la historia material?

Ese es el concepto que critico. El patrimonio no son sólo las casas que puedan caer víctimas de la codicia inmobiliaria, o esa lamentable mentalidad de creer que un edificio de muchos pisos es mejor que una ciudad planificada y respetuosa de los barrios. Más que hablar de peligro hay que controlar, con participación ciudadana y fiscal, excesos legales pero no legítimos como el mall de Castro o el eventual mall Barón. Afirmar que el patrimonio está en peligro es afirmar que están en peligro nuestras propias costumbres, hábitos alimenticios, cantos infantiles, pueblos indígenas… Cuando está en riesgo algo tan íntimo, la reacción puede ser muy fuerte, por tanto es deber del Estado prevenir aquello, considerando la participación social en este tema.

¿Falta entonces que la ciudadanía tome más conciencia en lo que significa el Patrimonio?

Se requiere más que una institucionalidad que lo resguarde una conciencia ciudadana de cómo se protege su patrimonio. Una vez logrado eso, da más o menos lo mismo si es un Ministerio, un Instituto como lo propuso el primer Gobierno de Bachelet, o un Consejo Nacional del Patrimonio, como me gustaría.

¿Cómo ves el tema del Patrimonio actualmente?

Desde el punto de vista de su institucionalidad pública, en una larga y profunda crisis. Con trabajadores del CMN movilizados y descontentos, con una ex Directora de DIBAM a la que debió pedirse la renuncia “no voluntaria”, con museos que buscan trabajosamente nuevas formas de gestión, con bibliotecas acusadas de duplicidad con el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, con una pobreza notable de archivos regionales…

 

Canal público multicultural

Hace algunas semanas se realizó la entrega de los últimos Premio Altazor, donde el presidente de la SCD, Alejandro Guarello, anunció que la entidad ya no podrá seguir organizando la entrega del reconocimiento.

Sobre este asunto Navarro afirma: “es imposible que una sola entidad, con determinados intereses corporativos se haga cargo de una tarea tan vasta. La SCD requiere urgente de aliados”.

¿Se desvalorizó este reconocimiento?

No se ha desvalorizado la idea de que los pares premien a sus pares. Es el mismo principio que subyace a los fondos concursables. El tema es que la SCD no es la entidad más adecuada para hacerse cargo de la gestión de ese premio, ni mucho menos de su financiamiento.

¿Cuál es la solución?

Se debe crear una corporación privada sin fines de lucro, muy fuerte en gestión, que reciba, por ley, recursos públicos y administre con ellos y otros un concurso que tiene mucho prestigio. Confío en que la SCD no le cobrará derechos de autor por crear tan loable iniciativa.

En otro tema, los contenidos de la TV están siendo ampliamente criticados, vemos muchísimas sanciones del CNTV. ¿Qué responsabilidad tiene la TV sobre el estado actual en términos culturales?

Se ha hablado de un canal cultural. Yo hablaría de un canal público multicultural, que entregue a los chilenos y chilenas nociones de la creación, pero también del patrimonio y las culturas de nuestros pueblos indígenas. También se debe conservar un aspecto de entretención y de servicio público en los canales.

 

Foto: artsummit.org

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