Revista Intemperie

El teatro popular de Luis Rivano vuelve a escena

Por: Rodrigo Marín Matamoros
por sospecha

 

Un avezado delincuente, un obrero de la construcción y un adolescente primerizo, se encuentran recluidos en un calabozo esperando recobrar su libertad. A medida que los minutos pasan, los tres personajes van de la total desconfianza a la familiaridad que les provoca compartir historias, vivencias que parecen unirlos, pero que van dejando en sus bocas un amargo sabor que terminará por envenenarles la noche.

Por sospecha de Luis Rivano (1932), el ya histórico paco Rivano, vuelve a escena bajo la dirección de Carlos Huaico en la sala Antonio Varas, del Teatro Nacional Chileno. El montaje, estrenado en 1979 y ambientado en los años 60, más precisamente en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, retrata en clave realista -fiel al universo dramático de Rivano- la creciente frustración que vive la sociedad moderna, y que atormenta en gran medida a la clase trabajadora.

“A pesar de las 3 o 4 mil personas que la vieron en el tiempo que estuvo en cartelera, incluido funciones en regiones, sindicatos, y hasta una presentación en la CEPAL, los críticos no hablaron de ella, no fueron a verla”, señala Rivano. “Dividiendo el mundo entre izquierda y derecha, la derecha pensó que era una obra izquierdista, contestataria, antigobierno, y no les interesó. Por otro lado, la izquierda encontró que no era una obra comprometida, porque no hablaba del momento, de los detenidos desaparecidos”.

En la obra, el histriónico Yayo, representado con gran realismo por Gabriel Urzúa, retrata a un delincuente habitual que gesticula, bromea y habla sin tapujos con sus compañeros de calabozo acerca de los interrogatorios: “ahora son más profesionales” dice “ahora ponen un médico para que el chato no se vaya cortao”.

De esta manera, el Yayo se refiere a una de las primeras ocasiones en que la policía política en Chile requiere los servicios de un médico, lo que no fue precisamente en dictadura. “El abuso, la detención por sospecha, no la había inventado Pinochet y los milicos, ni siquiera la derecha. Era una cosa que venía de mucho más atrás”, indica Rivano. “Entonces, mi idea es hablar contra el abuso, no contra el régimen del momento”. 

“Antes era peor, mi padre me decía que echaban a la gente al mar” prosigue el Yayo, entre sus exagerados ademanes que hacen que el público pase del estupor a la risa. Esto último, en referencia al caso del profesor Manuel Anabalón Aedo, asesinado bajo la breve dictadura del socialista Carlos Dávila, en 1932.

La mirada anárquica de Rivano, que pareciera añorar la resistencia de los obreros que se paralizaban los primeros de mayo, hace que Por sospecha, sea crítica también de los movimientos sociales modernos: los estudiantes, los profesores, los empleados públicos. Estos movimientos, y sus denuncias, habrían desviado la atención que antes tenían “los trabajadores”, reflejados en la figura del maestro Jiménez representado por el destacado Mario Bustos, un trabajador de la construcción que se encuentra a sí mismo denostado por esta nueva clase que ha tomado la posición del obrero.

“Antes, hasta el ingeniero me tenía respeto” comenta un atribulado Jiménez ante la desfachatez del Yayo que sentado a su costado, lo imita de manera graciosa mientras las risas brotan del Rucio (Rodrigo Jimenez), un adolescente débil, hijo de profesor, detenido al tratar de robar una radio en una tienda del centro de Santiago.

Así, entre historias y burlas es que los mundos antagónicos del Yayo -de padre alcohólico y ladrón- y Jiménez, el obrero de la construcción, se cruzan en la figura del Rucio, un temeroso estudiante que “no tiene corazón para ladrón”.

Si bien, la acción violenta de la represión política es lo que une a estos tres personajes en un calabozo, es la figura del Rucio quien acerca, por breves instantes, los destinos antagónicos del joven delincuente y el maestro de la construcción. Ambos, cruzados en el deseo de discurrir un futuro mejor para el adolescente detenido y así poder torcer su destino, instalan por breves instantes el cariño, la preocupación por el otro, y la búsqueda de un mundo mejor, en medio de la asfixiante representación que inevitable sigue su cause entre las sombras de la noche. Esta frágil unión da un respiro, un momento de paz a los atormentados personajes, y a todos los que esa fría noche nos encontramos en la sala Antonio Varas.

 

Por sospecha

Autor: Luis Rivano
Direccion: Carlos Huaico
Con Mario Bustos, Gabriel Urzúa, Rodrigo Jiménez
Diseño de escenografía e iluminación: Guillermo Ganga
Diseño de vestuario: Kathy Ramos

Sala Antonio Varas
Morandé 25
tnch@uchile.cl
Más información aquí

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