Revista Intemperie

“La Ley Zamudio es lo único bueno que salió de esas vidas tan fracturadas”: una entrevista a Rodrigo Fluxá

Por: Bárbara Sade
solos en la noche

Rodrigo Fluxá habla de su libro “Solos en la noche. Zamudio y sus asesinos”, e insiste en que la etiqueta de un crimen homofóbico cometido por neonazis no es suficiente para develar todo el horror de la historia

  

El libro Solos en la noche. Zamudio y sus asesinos ni siquiera era lanzado oficialmente cuando Rodrigo Fluxá, su autor, recibió duras críticas por parte de Rolando Jiménez, el director del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh). Este organismo trabajó arduamente en defender la aprobación de la Ley Antidiscriminación a partir del caso. A principios de mayo, Fluxá sostuvo en una entrevista (LUN) que Daniel Zamudio no murió por ser gay, lo cual también está escrito en la presentación de su libro ¿Qué podemos encontrar al profundizar en las conclusiones de un periodista que siguió el caso por dos años y entrevistó a más de ochenta personas?

Hoy Fluxá reflexiona sobre todo el proceso escritural, periodístico y emocional que vivió tras escribir el que considera su primer libro. Luego de toda la polémica vivida, asegura que no tuvo una tesis previa y que es absolutamente imparcial al momento de escribir.

Rodrigo Fluxá estudió periodismo en la Universidad de Chile y comenzó a trabajar en El Mercurio cuando cursaba el tercer año de la carrera. Partió en la sección Deportes, donde estuvo cerca de un año y medio. Luego quiso explorar otras temáticas y se ofreció para trabajar en la revista Sábado. Sin embargo, no lo aceptaron. Durante esos años obtuvo varias distinciones. El 2011 recibió el Premio Periodismo de Excelencia por su artículo “El extraño mundo de Johnny”, sobre la historia del jugador de la U. de Chile Johny Herrera. Al año siguiente, recibió nuevamente el mismo premio en las categorías Entrevista o Perfil y en Reportaje por “Las marcas de Junior” y “Los testigos clave del caso Zamudio”. Fue recién ahí cuando lo invitaron a trabajar en la revista Sábado.

“Me daba cuenta que en la revista Sábado podía escribir de lo que quisiera” cuenta Fluxá “ahora hay un abanico mucho más amplio. Me costó harto convencerlos, porque acá son puras jefas mujeres. Está la idea mal puesta que la gente que escribe sobre deportes son tontos. Me ofrecí varias veces, no me pescaron y después, un año me gané dos premios de la U. Alberto Hurtado, trabajando en Deportes que era una cuestión súper rara. Ahí recién entré en el radar de gente que hacía otras cosas”

Fluxá ha publicado tres libros en total. Los primeros dos estuvieron relacionados con el futbol y el deporte: Leones e Historias desconocidas. El lado B del deporte chileno. En el tercero, Solos en la noche. Zamudio y sus asesinos, se aventuró en un tema totalmente distinto a los anteriores. “Elegí el caso porque encontraba que la historia hablaba mucho más de Chile” explica. “Me interesaba eso, más que el crimen en sí mismo. Sí, era un tema sensible. Yo la verdad no hice ningún cálculo en términos de qué tan sensible. Fue un poco inocente de mi parte. Yo siempre escribo sin ningún prejuicio por nada. Tampoco tuve mucho cuidado de que vaya a sonar homofóbico, porque soy cero homofóbico y parto de la base de que no es un tema. Era investigar a una persona, no a un gay. Pero sí era delicado.”

El caso de Daniel Zamudio removió y movilizó a diversos sectores ligados a la defensa de los derechos humanos, política, justicia e incluso al parlamento, entre otros. El asesinato de un joven homosexual a manos de un grupo neonazi, como señalaron los medios de comunicación, generó un gran impacto en Chile. Tal fue el revuelo que la Ley Antidiscriminación, cuyo primer indicio se remonta al año 2005, fue considerada de suma urgencia y finalmente se aprobó casi tres meses después de la muerte de Daniel. Fluxá considera que el caso tuvo un impacto especial por una serie de factores. El hecho de ocurrir un lugar de tránsito de toda la gente (al lado de la Universidad de Chile), los detalles cruentos y el hecho de Daniel era un niño que te encontrabas en la calle hicieron una diferencia con respecto a las golpizas de travestis que pasan todas las semanas en las poblaciones. “Además, Daniel iba a las mismas fiestas que iba la gente de Iguales, por ejemplo, a los mismos carretes. Entonces les generó cierta cercanía. A mí me conmueve por el asesinato en sí, pero no me hizo cambiar. Yo no tengo problemas con la homosexualidad. Pero, por ejemplo, para la generación de mi  mamá sí fue un cambio, porque ellos le vieron la humanidad al problema. Por eso sirvió tanto y removió tanta conciencia. El tema de la discriminación no es lejano, porque sé que ocurre, pero no me siento parte de eso, no necesito que maten a alguien así, para darme cuenta que eso es algo malo. Ya vengo formateado en ese sentido.”

Fluxá considera que los cambios legales a partir de la ley fueron un gran avance a partir de este caso. “Obviamente, la ley Zamudio es lo único bueno que salió de esas vidas tan fracturadas” señala. “Lo que a mí me parece violento, es que la muerte de Daniel importe solo en cuanto se apoye a una causa. Y si ya no hay datos que apoyen esa causa, su muerte deje de importar. Eso lo encuentro súper violento. Que para que un cabro de la condición social de Daniel importe, y para que alguien pelee por él, tiene que ser una causa de ese tipo. Y si no, si es un cabro cualquiera, entonces no importa. Eso yo lo encuentro súper violento e inaceptable. Dentro de todo el debate, es lo único que realmente me molesta. A mí me conmueve el crimen de Daniel en su totalidad, da lo mismo por qué lo hayan matado. Encuentro que su vida es una tragedia mucho más allá de si murió por ser homosexual o no”.

La polémica después del libro

Daniel Zamudio en vida, se contactó vía chat un par de veces con el cantautor Alex Anwandter quien es un activo defensor de la causa homosexual. A Daniel le gustaba su música, por lo que Fluxá citó la canción “Casa latina” en el libro, lo cual fue rechazado categóricamente por el artista. Anwandter, además ha criticado duramente al libro, porque a su parecer diluye explícitamente la tesis comprobada de que fue un crimen de odio. También criticó a El Mercurio, señalando que “es un diario auspiciador y colaborador de dictadura que editorializa conservadora y discriminatoriamente” y llegó a señalar que el libro debería titularse: “Se las buscó” para hacer justicia a la tesis que supuestamente plantea.

Ante estos dichos Fluxá es enfático en señalar que el libro no tiene que ver con El Mercurio. “El libro lo editó la UDP y Catalonia. La misma colección que edita los libros de Ciper, que editó “La Conjura” de Mónica González. Está la Andrea Insunza, Javier Ortega. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Sobre lo otro, tiendo a pensar que no se leyó el libro. Me sorprendería mucho que alguien se lea el libro y diga que se debería llamar “Se las buscó”, porque en ninguna parte del libro queda la más mínima idea de que Daniel se estaba buscando esto ¿Quién va a buscar una muerte así? Lo que pasa es que Daniel vivió como vivió no más. Eso no significa que se las buscó.”

“Ahora lo que trata de explicar el libro es qué hacía Daniel en el San Borja y para eso hay que mirar para atrás. Al final, este es un repaso de la vida de Daniel de principio a fin. No dejé cosas afuera, no corresponde. Anwandter casi compara el libro con “Mi lucha” de Hitler. Igual es desopilante un poco. Los amigos de Daniel, la gente que lo conoció realmente sabe cómo fue su vida. Todos los amigos de Daniel dicen que él no sería rostro de ninguna causa. La gente que no conoció a Daniel cree que puede hablar más a nombre de él que la gente que sí lo conoció. Es algo bien raro. Por último, si no les gusta la vida de Daniel, no es problema mío. A lo mejor no les gusta la vida que vivió Daniel, pero eso es como confundir el mensaje con el mensajero”.

Un historia contradictoria

Durante los dos años que investigó la vida de Daniel Zamudio y sus asesinos, Fluxá fue descubriendo un caso mucho más complejo que el que habían planteado hasta entonces los medios de comunicación, que lo fue llevando a la conclusión de que el motivo principal del crimen no había sido la homofobia. Por ejemplo, logró contactar a algunas víctimas anteriores de las golpizas de Ahumada (uno de los asesinos), e indagó si en esa violencia había sido perceptible un móvil homofóbico. Pero las víctimas señalaron que no había habido ninguna mención a su condición homosexual. Ahumada había lanzado en cambio un discurso de clases. Algo similar ocurre, según Fluxá, con la etiqueta de pandilla de neonazis adscrita al grupo de asesinos: “Ni siquiera eran un grupo ellos. Ni siquiera se conocían tanto. Uno tenía banderas chilenas pegadas en la mochila, pero yo hablé con neonazis de verdad y se reían de ellos, se reían de antes de que pasara, porque no los consideraban neonazis a ninguno de ellos. Si tú ves sus vidas, no son las de unos neonazis ideologizados, porque no lo son ¿Qué neonazi ideologizado va a fiestas gays, no a hacer barridas, sino a carretear? Dos de ellos al menos, tenían tendencias homosexuales. Se movían en esos círculos siempre.”

Según Fluxá hay un intento periodístico muy facilista de hacer encajar toda tu historia de estereotipos. En este contexto, su gran esfuerzo a lo largo de los dos años de investigación, relata, fue mantener la mente abierta y no buscar la historia “redonda”, sino que rescatar las contradicciones. Y claro, eso lo llevó a contar una historia distinta de la que “todos querían oír”, una historia más compleja y quizás más oscura. “La explicación oficial, no ayuda a nada. Es como tapar el sol con un dedo. Si realmente creen que fue una banda de neonazis, pucha, el problema es súper fácil de solucionar. Salgamos a meter presos a los neonazis que deben ser 50 o 100, y más encima súper identificables, y el problema de la violencia se soluciona. Pero la cuestión no funciona así, porque esa es una simplificación que no aguanta a nadie.”

Finalmente, ante la pregunta de por qué mataron a Daniel Zamudio, Fluxá desarrolla una conclusión que va mucho más allá de las motivaciones homofóbicas, y que es de alguna forma más escabrosa.

“Si la noche en que mataron a Daniel Zamudio hubiera estado en la Parque San Borja un punk, un metalero, un peruano, un rubio o una mujer ¿le hubiera pasado lo mismo? Yo tiendo a pensar que sí. Tampoco es puro azar, porque las vidas de ellos no son azarosas. Si Daniel estaba ahí tirado ese día tampoco era pura casualidad, porque le había pasado antes. El libro ni siquiera explicita eso. Lo que se explicita es la vida de ellos y cómo llegaron a ese día. Al final, uno se da cuenta que no estaban ahí azarosamente. Eran cinco cabros que no tenían ningún futuro. No iban para ningún lado, no tenían dónde estar. De hecho, Daniel odiaba estar en San Bernardo. Quizás si no hubiera tenido ese problema, habría estado en su casa. La vida de los asesinos y Daniel se parecen mucho.”

“Hay un  problema sistémico acá súper grande” prosigue “Gente que vio el florecimiento de Chile desde afuera, como que era una fiesta ajena. Son fracasos del sistema. Ahumada pasó por el Sename, estuvo preso, le hicieron una evaluación de Gendarmería, y establecieron que estaba bien como para salir. Entonces, ahí hay un fracaso sistémico total. Hay abandono del colegio. Es angustiante darte cuenta a través de la investigación que en ni una parte hay un adulto, alguien que les tire una mano de lógica, que les diga: “ven para acá, es por esta dirección”. Y ese no es un discurso pro familia ni nada. Habla del desamparo en que están, es como otro tipo de pobreza. Como dice Óscar Contardo en el prólogo, no son cabros marginales en el sentido de ser niños de pata pelá, o que vivan en una caleta. Es otro tipo de marginalidad. Suena súper Pilar Sordo, pero es pobreza emocional. No se sienten parte de nada, no pertenecen a nada y por eso mismo van perteneciendo a las cosas más absurdas.”

“¿Cómo va a salir Ahumada si el papá amarraba a la mamá al parrón para pegarle? O sea, están en círculos de violencia y los círculos de violencia generan más violencia. Al final es una cosa sistémica. Angulo ahora tiene dos hijos reconocidos, pero en realidad debe tener como 6 que también van a crecer sin el papá. Se va replicando. El asesinato tiene pulsaciones homofóbicas y el libro no las oculta, al contrario las muestra, porque sí le dicen cosas, pero que sea un crimen estrictamente homofóbico no empieza ni siquiera a explicar el problema. No lo explica, porque es mucho más amplio y esa simplificación es la que no se explicó nunca en el acta oficial. Porque se encausó el crimen para cosas súper buenas como la ley antidiscriminación. Eso obvio que es bueno y el país lo necesitaba, pero la parte periodística no es levantar causas, es tratar de explicar fenómenos y ese es un tema súper complejo. De hecho, el  libro parte con la matanza para poner un marco y decir “esto pasó”, es imperdonable, están bien presos, estos son unas bestias. Ahora, ¿Por qué son unas bestias? Uno trata de explicar y ese es el ejercicio que hace. No es un ejercicio de justificar.

 

Foto: Solos en la noche. Zamudio y sus asesinos, Rodrigo Fluxá

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.