Revista Intemperie

Nuevas alas para el Altazor

Por: Felipe Valdivia
premio altazor

Felipe Valdivia reflexiona sobre el progresivo declive que ha tenido el premio Altazor y sobre su incierto futuro

 

Para quienes desconocen el origen de Altazor tenemos que pensar en el poeta nacional Vicente Huidobro y su principal obra poética, la cual da nombre a uno de los premios artísticos más trascendentales entregados en nuestro país. Pero Altazor también es génesis, el viaje de arriba abajo que recién comienza, el nacimiento de un nuevo autor que deberá desenvolverse en el difícil escenario chileno. Este último ítem pareciera actuar majaderamente en contra del desempeño de todos quienes dedican gran parte de su tiempo a la cultura y el arte, porque cuando pareciera que el panorama cultural comenzaba a aclararse, nuevamente, sin siquiera notarlo, hemos entramos en un nuevo periodo nebuloso.

El pasado lunes 2 de junio, en el Centro Cultural Matucana 100, se realizó la XV versión de la entrega de los Premio Altazor, instancia que contó con la presencia de la Ministra de Cultura, Claudia Barattini. Al término de la ceremonia, la Secretaria de Estado ofreció ayuda para la realización de las próximas versiones, luego que Alejandro Guarello, Director de la Sociedad Chilena de Derechos de Autor (SCD), confirmara que ya no podrán continuar con la organización de la premiación. ¿La razón? Falta de financiamiento.

Más allá de la buena voluntad demostrada por la Ministra Barattini y lo incierto que resulte la ayuda que el Estado pueda entregar y otorgar, para que continúe realizándose este reconocimiento, hay temas de fondo que en verdad habría que revisar. En realidad la esencia del Premio Altazor radica en que es un premio entre pares, autónomo e independiente, y su objetivo es promover y estimular el trabajo artístico nacional en todas las áreas del arte chileno que hayan sobresalido por su calidad, mérito artístico, originalidad e innovación. Por eso se dice que el Premio Altazor es único en su tipo, porque finalmente es el reconocimiento que realizan los artistas a los artistas. El galardón es entregado en una ceremonia en la cual se reúnen los creadores de todas las áreas tales como escritores, músicos, cineastas, pintores, guionistas, bailarines, actores, dramaturgos, fotógrafos y escultores, en la que no hay dinero de por medio, sino que la entrega de una escultura de fierro fundido, creada por el escultor y Premio Nacional de Arte, Sergio Castillo y, por cierto, el reconocimiento de los demás artistas; ¡qué premio más hermoso se podría pedir! El estímulo se realiza en cinco áreas: Artes Literarias, Artes Musicales, Artes Escénicas, Artes Visuales, Artes Audiovisuales, todas subdivididas en 40 categorías.

El tema de fondo es que la institución del Premio Altazor ha ido cobrando con los años la impronta de un patrimonio intangible, y desde su primera versión, en el año 2000, la ceremonia era transmitida por televisión, entendiendo que la lógica de la cultura y el arte debían estar disponibles y al alcance de toda la comunidad. Entre 2000 y 2004, TVN se hizo cargo de la transmisión, y entre 2005 y 2010, CHV. Sin embargo, desde 2011 ya no realiza la emisión televisiva, coincidiendo con el incremento de programas basura, tales como realitis, sketch de humor que no causan risa, programas de talentos, late show criollos con invitados que francamente dan vergüenza, entre otros. Todos espacios que son transmitidos en horario estelar.

Ahora, no seamos absolutistas. La premiación es una vez al año, mientras que estos programas tienen horarios y días definidos pero sin duda, a una estación televisiva no le resulta rentable realizar este tipo de transmisiones culturales. Coincidencia o no, el Premio Altazor empezó a perder relevancia –ojo, digo en términos masivos– cuando dejó de transmitirse por televisión abierta, por lo que la ciudadanía también dejó de apreciar y valorar la importancia que reviste el desarrollo de este evento cultural. Querámoslo o no, a la entrega de los Premio Altazor le jugó en contra el virulento rating. Llevemos el análisis a lo que nos referíamos anteriormente, en relación a que el evento se realiza una vez al año. Lamentablemente a la gente le interesa y prefiere ver el inútil e inane desfile por una alfombra roja del séquito de farándula nacional que participará del espectáculo del Festival Internacional de Viña del Mar, que interiorizarse sobre lo que están realizando los artistas nacionales. Y ojo, que la gala también sucede y se transmite una vez al año.

Si es que efectivamente el Gobierno quiere ayudar en este asunto, lo ideal sería que entregara una especie de financiamiento para que las siete entidades de creación y producción de arte puedan realizar la ceremonia e intentar –de alguna manera legal, por cierto– de intervenir en este asunto de la calidad de la TV. Hay que darle a la ceremonia de premiación la relevancia que se merece, dejando que vuele como corresponde. Porque poseer el nombre de Altazor conlleva una tremenda responsabilidad. No quisiéramos asumir los siguientes versos del Canto I: “Estás perdido Altazor/ Solo en medio del universo/ Solo como una nota que florece en las alturas del vacío/ No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza”.

 

Foto: emol.com

Un comentario

  1. Claudia dice:

    Los mayores problemas del Altazor no son que no se transmita ya en la tele, sino que no está cumpliendo con lo que en sus propias bases establece: premiar obras relevantes, precisamente desde los puntos que tú mismo mencionas.

    Trascendió en las redes sociales (qué paradójica expresión) un comentario de José María Memet quien, en calidad de jurado, acusaba una vez más el lobby en el proceso de votación de las obras como nominadas primero y luego como ganadoras. Y, viendo algunos nombres de los distinguidos, es difícil no creerle.

    Yo no sé si el lobby puede considerarse como algo “relevante”. Tal vez relevante para adquirir difusión y premios y prensa, pero no relevante en términos estéticos. Me cuesta pensar que los propios creadores del jurado no puedan reconocer este valor en las obras evaluadas, cuando uno como lector o público sí puede hacerlo.

    Y, en verdad, si van a devolver al Altazor a la tele para mostrar las sonrisas cómplices de quienes no cumplen con ese tipo de relevancia, prefiero que la ceremonia no se transmita más. Al menos los “programas basura”, como graciosamente les llamas, son más honestos en su mediocridad.

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