Revista Intemperie

¿En qué está la historieta en Chile?

Por: Camilo Castellanos
micha dick

A propósito del boom de la Comic Con Chile, Camilo Castellanos revisa la escena de las historietas en nuestro país

 

El estudio jurídico Araya y García queda en el paseo Huérfanos, en pleno centro de Santiago, donde en los quioscos, camuflados entre revistas, se pueden ver ediciones de Condorito. Ahí es donde trabaja Mauricio García, el director del Museo de la Historieta.

Atrás de su escritorio se puede ver una pared cubierta por páginas de historietas clásicas en blanco y negro y a color, todas enmarcadas. Entre los libros y papeles de juicios también hay partes de cómics. García explica que el museo tiene como función preservar la historia del cómic chileno en todas sus expresiones, investigando los personajes que tuvieron relación con la creación de estos trabajos, desde autores hasta casas editoriales. La institución se presentó con una selección reducida de su material en la Comic Con Chile 2014.

“Hay historietas, o a lo menos caricatura política, desde 1850 aproximadamente, es decir que tenemos más de 150 años de historietas”, comenta el director del museo. Sin embargo, la evolución de este tipo de creaciones ha tenido altibajos.

“Las historietas en Chile empiezan con la caricatura política, después se extiende al humor y posteriormente aparecen las de aventura, inicialmente humorísticas, y luego de otra naturaleza como ciencia ficción, oeste, guerra…”, señala García. “Los años 60 y 70 fueron las décadas de oro, porque había grandes editoriales que tenían muchas revistas, grandes volúmenes que distribuían en Chile y en Latinoamérica. Se hacían muchas historietas de humor, revistas consagradas como Condorito y Pepe Antártico, además de historietas de aventuras como el Jinete Fantasma…”, agrega.

Esto se truncó a comienzos de los años 70. García dice que la masificación de la televisión, la cual tiene mayor acceso al ser gratis y pide menos trabajo por parte del espectador, fue la culpable. El director enfatiza que la venta de historietas en quioscos es del siglo pasado y que actualmente se consiguen más que todo por Internet y tiendas especializadas. Esto ha ido de la mano de una transformación en los trabajos, ya que lo que prevalece en el presente son los libros de historietas o novelas gráficas, más que revistas periódicas de cómics.

“Yo creo que no hay industria de historietas en Chile, a pesar de que sí hay algunas editoriales que se dedican a hacer este tipo de trabajos”, dice García. Esto es corroborado por Gonzalo Martínez, uno de los creadores de historietas de Chile más reconocidos. Martínez asegura que solo hay tres países en el mundo con una industria de historietas consolidada: Estados Unidos, Francia (algo de Bélgica) y Japón.

“En los 80 la gente volvió a hacer historietas pero se copiaban del modelo franco belga, en los 90 se comenzaron a copiar el norteamericano. Últimamente, después de esos intentos fallidos, ha habido una madurez de los creadores que, sin renegar de las influencias de todas partes del mundo, tratan de sacar algo que tenga sabor local pero de interés global y ahí yo creo que se están produciendo cosas interesantes”, señala Martínez sobre la producción actual en Chile. Él es uno de los pocos dibujantes en este país que se puede dedicar a vivir de sus creaciones artísticas.

Su vida laboral se divide en dos. Por un lado los trabajos que realiza como autor en Chile donde genera creaciones casi siempre colectivas con el guionista Francisco Ortega. Por otro lado, están los trabajos que realiza por encargo para el extranjero. “Me hacen cargo de un determinado cómic y me pagan por ese trabajo”, explica. Esta compatibilización es lo que le permite dedicarse a las historietas.

Este dibujante nacional realiza novelas gráficas en su mayoría con un estilo realista y naturalista, que tocan temas que van desde historias policiales, hasta infantiles. En esta última temática es donde aparece Mocha Dick, novela gráfica que ganó el premio literario Marta Brunet a la mejor publicación para niños.

“Herman Melvin se basó en hechos reales que fueron relatados por un cronista, ex militar norteamericano, que se llamaba Jeremy Reynolds. Él estuvo en Chile en el siglo XIX. Mientras estaba acá, trabajaba para un periódico neoyorquino y escuchó hablar de una ballena blanca que se veía habitualmente en las costas, sobre todo alrededor de la Isla Mocha donde se avistaba un cachalote albino. Se enteró que había hundido un ballenero norteamericano y Reynods lo publicó en una crónica. Melvin se inspiró en ese texto para escribir Moby Dick”, dice Martínez.

Esto lo llevó a planear el libro junto a Francisco Ortega. “Lo que hicimos con Francisco fue armar una ficción basada en esos hechos reales y le agregamos el mito que tienen los Mapuches, que dice que en Isla Mocha viven unas viejas Machis que se llevan los espíritus de los caciques muertos a la isla. La Machi más vieja va a buscar los cadáveres de los caciques que ponen en un bote en el mar. Esta Machi, al entrar al agua, se convierte en una ballena blanca gigante y se los lleva a la isla”. Con el guion listo, comenzó a investigar los elementos que se usaban en la época, las costumbres, las vestimentas, y con eso realizó los dibujos.

Tanto Gonzalo Martínez, como Mauricio García piensan que Comic Con Chile no tiene mucho que ver con las historietas. Sin crítica ni menosprecio, los dos dicen que este evento celebra más la cultura popular que la creación de cómics. “La historieta queda relegada a las películas basadas en personajes de historietas o a películas que le gustan a las personas que leen historietas, como Volver al futuro. Obviamente hay stands de historietas y la gente que produce logra vender, pero yo no lo veo como una instancia donde se consiga estimular la lectura. La gente que ya lee historietas va y compra, pero no se acerca más gente, es la impresión que me queda”, dice Martínez.

 

Foto: loseternautas.com

Un comentario

  1. Ignacio dice:

    Herman Melvin?… por favor!

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