Revista Intemperie

800 inmigrantes “asaltan” fronteras españolas y piden libertad

Por: Intemperie

inmigrantes en melilla

El tema de la inmigración en estos tiempos no es nada simple. Sabemos que en Chile el ingreso de extranjeros en los últimos veinte años ha aumentado significativamente. Miles de ciudadanos provenientes de Perú, Colombia, Argentina, Ecuador, Venezuela, Haití y España, entre otros países, han ingresado a Chile en busca de oportunidades, principalmente económicas y laborales. Si en 1992, las cifras oficiales registraban unos 100 mil inmigrantes, en 2013 sobrepasaban los 400 mil. Este flujo superará en poco tiempo el medio millón de personas, lo que implica una serie de desafíos para el Estado, los gobiernos locales y las comunidades, y gestiones concretas en las relaciones de convivencia e integración.

Si bien las cifras de los extranjeros en nuestro país son crecientes, la realidad de la inmigración en Chile está muy lejos de la situación que vive España.

No es novedad el ingreso a ese país de inmigrantes ilegales, apilados en balsas o buscando otros medios inhumanos para llegar a un territorio que les permita mejorar sus vidas. Durante esta semana el tema ha estado en la palestra con el caso de cerca de 800 subsaharianos que intentaron entrar a Melilla, ciudad autónoma española situada en el norte de África, a orillas del Mediterráneo. El hecho ha impresionado no solo por el número de implicados, sino también por la forma en que realizaron la operación y por la actuación de la Delegación del Gobierno español.

Con apenas unas horas de diferencia en dos “asaltos” y permaneciendo más de seis horas en la parte alta de las vallas fronterizas de Melilla, los hechos no estuvieron exentos de violencia. La primera tentativa de entrada fue protagonizada por unas 500 personas y, en la segunda, participaron más de 200, aunque en esta última nadie consiguió entrar a la frontera. En total, pudieron entrar solo unos 140 inmigrantes. Parte del resto se ha consignado que fueron devueltos a Marruecos.

La peculiaridad de estos últimos intentos está en que los inmigrantes no desistieron en su afán de pisar suelo con soberanía española, persistiendo en ello trepados durante horas en el cerco fronterizo. Desde ahí, encaramados y colgados, elevaron distintos cánticos, con una palabra que sonó con mayor frecuencia y fuerza: “libertad”.

 

Foto: inmigrantes en la valla de Melilla. (EFE)

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