Revista Intemperie

María Elena Wood reflexiona sobre la génesis de “Locas Mujeres”

Por: Bárbara Sade
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Sin nombre, raza ni credo, desnuda
de todo y de sí misma, da su entrega,
hermosa y pura, de pies voladores.
Sacudida como árbol y en el centro
de la tornada, vuelta testimonio.

Fragmento del poema “Bailarina”, de Gabriela Mistral

 

Gabriela Mistral y Doris Dana estuvieron juntas más de 10 años y mantuvieron reserva absoluta de su vida privada. Se trató de una relación de pareja muy ligada al trabajo y el arte, pues ambas eran escritoras. Mistral declaró en vida, a través de su testamento, que al morir sería Doris Dana quien estaría a cargo de su obra. En 1957, cuando fallece la poeta, Dana se convirtió entonces oficialmente en su albacea, tarea que cumplió por casi cincuenta años. Al fallecer Dana el año 2006, su sobrina Doris Atkinson se convirtió esta vez en la representante del legado. Al enterarse de la muerte de su tía, recolectó todo el material que Dana guardó en seis lugares distintos de Estados Unidos. Una vez reunido el legado en un solo lugar, Atkinson llama a la Embajada de Chile y les comunica que Doris Dana ha muerto. Es así como se inició el traspaso del legado.

María Elena Wood se contactó por primera vez con Doris Atkinson, luego del fallecimiento de Doris Dana. Wood, cuenta que supo la noticia un mes después. Vio una nota muy pequeña en un periódico chileno, situación que critica con firmeza: “La persona que era la guardadora de los derechos, del legado de Gabriela Mistral falleció y nosotros, los chilenos, nos enteramos un mes después. Esto significa el abandono total”

Desde ese momento Wood, siguió la historia. Un día domingo se publicó una crónica de Luis Vargas, quien visitó el departamento de Doris Dana ubicado en South Hadley, Massachusetts. Este artículo terminó por convencer a la periodista de comenzar el proyecto del documental: “Conozco la idiosincrasia chilena y el ‘mal del archivo’. Cuando la gente se ve frente a una situación así, se quiere adueñar. Un archivo puede desatar las pasiones más escondidas. Entonces pensé: esto llegará a Chile y no tendré acceso.”

Entonces se decidió y actuó rápidamente. Buscó a Doris Atkinson en la guía de teléfonos norteamericana, habló con ella y la convenció de que la recibiera. Una vez en South Hadley, visitó el apartamento con Atkinson, siendo la persona número 14 que accedió al espacio. Este hecho marcó profundamente su vida como periodista: “Fue uno de los momentos más emocionantes que me ha pasado profesionalmente. Todo lleno de papeles, lleno de cartas. La verdad es que no sabía con qué nos íbamos a encontrar ahí. Hubo que hacer mucha investigación para dar con la historia que finalmente contamos en Locas Mujeres”.

Al momento de elegir un enfoque para el documental, Wood se inclinó por mostrar a una Gabriela Mistral afectiva y alegre en cuanto a su relación con Doris Dana. Sin embargo, fue una decisión muy compleja de tomar. La documentalista decidió suspender toda actividad relacionada al proyecto durante dos meses, cuando encontró una libreta que evidenciaba la historia de amor entre Doris y Gabriela. Ni siquiera Atkinson estaba al tanto de ésto, pues su tía siempre le dijo que Mistral y ella no tenían ninguna relación sentimental. Wood de pronto se vio en una encrucijada ética. Se cuestionó si debía contar aspectos privados de la vida de la premio nobel. Luego de reflexionar, concluyó que continuaría con el documental: “Hay una historia que merece ser guardada, conocida, recordada. Era muy fácil deshacerse de todo. Doris Dana tuvo tiempo para hacerlo. Pasaron 50 años desde que Gabriela Mistral murió y fallece Doris Dana ¿Por qué se grabaron? ¿Cuándo nos sacamos fotos? Cuando estamos viviendo momentos felices, cuando estamos compartiendo con las personas que queremos, con las personas que le dan sentido a la vida que hacemos”.

Para Wood, la imagen y la obra de la poeta eran muy distintas. Reconoce que su generación se relacionó con una Gabriela “gris”, lo que se reflejaba en las estatuas donde aparecía; siempre seria, con el rictus hacia el suelo. Por esto, fue muy significativo encontrar esta nueva “cara”. A través del documental, Wood aportó la pieza que faltaba para mostrar a la artista en toda integridad. Señala que para Mistral era riesgoso mostrarse tal cual era: “Recibía un sueldo como cónsul honorario, por lo tanto, no podía ser una persona conflictiva, porque podía perder ese ingreso”.

locas mujeres

El título del documental también da cuenta de este lineamiento. Wood se inspiró en una serie de poemas llamada justamente “Locas Mujeres”. Piensa que son los más autobiográficos: “En Locas Mujeres están todas las Gabrielas: la desesperada, la celosa, la envidiosa, la bailarina, la abandonada. Además están las emociones que acompañan cada estado. Nos podemos reconocer en cada una. La mujer que abre los brazos, la bailarina suelta todo, porque ella sabe que no tiene control sobre nada, después de haberlo querido controlar todo”.

Hubo muchas casualidades durante la filmación del documental. Al revisar el material encontrado, Wood se percató de la existencia de la casa donde vivió Gabriela y Doris. Tenía la dirección, una foto y las descripciones de Gabriela donde relataba que estaba ubicada en una especie de bosque valdiviano que podía ver cuando se sentaba afuera de la casa para escribir.

Como el lugar quedaba a 20 minutos del aeropuerto de New York, antes de partir de vuelta a Chile, el equipo intentó buscar la casa, pero el número no existía, así que decidieron irse. Sin embargo, Wood vio en el camino un lugar similar y le pidió al camarógrafo que grabara imágenes. Fue entonces cuando una vecina del barrio apareció para recoger su periódico: “Aparece una señora mayor de pelo blanco y muy delgada con una bata roja. Abre la puerta. Va a buscar su diario. Yo corro y le pregunto si por casualidad sabe de una casa en esta calle donde haya vivido la premio nobel de literatura Gabriela Mistral. Sí, me dice ¿Por qué? Porque estamos haciendo una investigación para un documental. ‘Es esta casa me dice’. Yo me quedé muda”

La casa seguía idéntica, lo único que había cambiado era el inmobiliario interior, pero la arquitectura de la casa era la misma, el bosque era el mismo, solo que habían pasado 50 años. Este tipo de coincidencias entusiasmaron a Wood y le permitió finalizar el documental: “Quiero pensar que Gabriela, su espíritu, energía o alma, debe estar muy contenta que a casi sesenta años de su muerte, estemos reconociendo al artista y al ser humano en su integridad y ella no tenga que andar guardando cosas, porque le da miedo las reacciones que puedan suscitar y los problemas que se le pueden generar”.

 

Foto: La Tercera

Un comentario

  1. David Vega dice:

    Sumamente interesante. Es fascinante que recién estemos conociendo a la persona tras la poetiza, mas de medio sigli después. La autora de este texto logra crear en el lector (al menos en mi caso) un gran interés por esta aventura de redescubrimiento.

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