Revista Intemperie

Gumucio versus los animalistas: la contienda desigual

Por: Andrés Olave
rafael gumucio

Andrés Olave revisa la última polémica surgida por los dichos del escritor Rafael Gumucio contra el movimiento animalista durante el incendio de Valparaíso

 

Existe un concepto denominado Ley de Godwin que dice: a medida que una discusión en internet se alarga, la probabilidad que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno. Como ustedes sabrán, Gumucio en su primera y ultima replica contra los animalistas menciono a Hitler –y de paso los trató de neonazis– y acto seguido cerró su cuenta Twitter y desapareció del mapa virtual. Fin de la discusión.

La pelea, es de conocimiento público, nació cuando el autor de Memorias prematuras se quejaba de la gente, más específicamente de los hipster, que fueron al incendio de Valparaíso a salvar animales, en vez de ayudar a los pobladores. Vinieron entonces las replicas de los animalistas y la disputa acabó tal como Godwin predice: con alguien mencionando a Hitler. No me sorprende en absoluto ese final, la mayor parte de las discusiones por internet terminan de esa forma, pero lo que sí me sorprende es que terminara tan rápido. Obviamente Gumucio perdió la paciencia ante los mil o dos mil tuits de respuesta donde se acordaban de él y su familia en términos poco amables, pero cabe, de todos modos, preguntarse si era necesario que el escritor cortara de forma tan tajante la discusión.

Se cuenta que fue Diógenes quien dijo: “mientras más conozco a la gente más quiero a mi perro”. No sé si esa sea el mejor móvil para justificar la causa animalista pero en una sociedad cada vez más fría, competitiva e individualista, no me parece descabellado. Schopenhauer decía: “si no hubiera perros, no querría vivir”. Menos que un extremismo, la fascinación por las mascotas, me parece, es una forma de ver el mundo. Una zona de confort posiblemente. Enfrentados a un medio aciago en la pega o la universidad, a tortuosas relaciones amorosas y a amigos cada vez más frívolos, ¿quién desdeñaría el desinteresado y caluroso amor de una mascota?

Pero los animalistas no son solo personas fanáticas de sus perros o sus gatos. Muchos de ellos, acaso la mayoría, son en verdad ciudadanos que organizan o participan en asociaciones cuya finalidad es proteger y ayudar a animales abandonados o en problemas. Una respuesta necesaria a la indolencia acostumbrada del chileno promedio, personas que dejan a sus mascotas que ya no quieren al borde de las carreteras o que las hieren o golpean. Una causa perfectamente loable, o al menos respetable, pero que Gumucio desdeñó probablemente más por soltar una ingeniosidad en Twitter que por una legítima indignación. Dejó caer una pequeña bomba sin nunca esperar tamaña réplica: miles de respuestas, la mayoría de ellas iracundas. Un golpe a la mandíbula de la popularidad de un escritor.

Como salida ante la avalancha de insultos y el morbo mediático Gumucio lanzó un comunicado en The Clinic dedicado al movimiento animalista, sus seguidores, amigos y adherentes, una suerte de bravata final donde los compara, por sus niveles de odio con los neonazis que mataron a Daniel Zamudio, para luego, y obedeciendo cierto sentido del espectáculo, desaparecer del escenario. Antes que sea demasiado tarde. Antes que en verdad lo linchen.

Me parece que es un gesto cuerdo, por parte de Gumucio, escapar de los trolls, es decir, del tipo anónimo que agrede a mansalva, y que si ante un insulto le ofreces combos de vuelta, él te dice que no tiene problemas en matar a toda tu familia –y cabe preguntarse de dónde viene tanto odio, si es accidental o una cualidad inherente de nuestras sociedades modernas, donde el otro siempre es un rival o un competidor-. Pienso en Estados Unidos, cuna del neoliberalismo, donde de tiempo en tiempo un tipo sale a la calle armado y le dispara a todo aquel que se cruza en su camino (una visión del mundo donde todos se han convertido en tu enemigo).

En efecto, nada puede hacerse contra los trolls que no sea caer en el pantano de odio donde ellos habitan. Recuerdo una novela de Stapledon, donde una raza noble es atacada por otra inferior, pero donde, ir a la guerra significaba asemejarse a aquella raza inferior, descender, perder el impulso noble del propio espíritu. Elegantemente, el pueblo de la novela de Stapledon –la notable Hacedor de estrellas– optaba por ser aniquilada para así mantenerse fiel a sus principios.

Pero donde Gumucio se equivoca y mezcla peras con manzanas es cuando se niega a contestarle a los animalistas y los homologa a los trolls. Rechaza a quienes, con argumentos y razones fundadas, le han explicado su accionar que, ya dije, tiene como centro cuidar y proteger animales indefensos y en problemas. Su incapacidad para rebatir correctamente a los animalistas revela elitismo, o arrogancia, o simplemente pereza (o las tres cosas juntas). Como en ese capitulo de los Simpsons donde Homero es perseguido por Dios y tras cruzar una vía férrea, Dios desiste y dice: “ya estoy muy viejo y soy demasiado rico para esto”. Ignoro si Gumucio es en verdad demasiado rico o viejo como para continuar un altercado que él mismo inició pero, claramente, no ayuda a mejorar el nivel de debate imperante el portazo a la cara que le ha lanzado a los defensores de los derechos de los animales.

 

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5 Comentarios

  1. Nicolás Campos F. dice:

    Gumucio es básicamente un tipo chapado a la antigua. Su interés por la historia, la novela francesa del siglo XIX, su humanismo… no parece que haya leído o digerido nada posterior a las guerras mundiales, que por cierto no han disminuyeron en nada su fe en el hombre. Entendiéndolo así no sorprende que los animalistas (no son necesariamente animalistas fanáticos, como él sí es un humanista fanático) sean algo fuera de su entendimiento. De ahí en adelante todo lo que dijo fue una estupidez y una vergüenza.

  2. rodolfo reyes m. dice:

    muy buen texto. desde luego, no es azaroso que en una sociedad brutal pero lacada y estetizada(procedimiento que Disney nos ha enseñado hasta el hartazgo), sea a veces placentero tener una postura políticamente incorrecta. lamentablemente hay algunos señorones que intentan pasar por rock stars. me atrevería a pensar que el debate en torno al animalismo pasa más por la relación del hombre/mujer con sigo mismo que con una naturaleza supuestamente exterior: la constante discusión entre el “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para elhombre) y “el homo homini agnus”(el hombre es un cordero para el hombre”. En fin, lo digo de nuevo, es un buen texto.

  3. Daniel Moya-Angeler dice:

    Mas de cuatro millones de perros abandonados en Chile, mas de cincuenta mil ataques anuales a personas (mejor que hombres y mujeres), aquella mañana aparecían amplios reportajes en las televisiones sobre atención a animales mientras seguía ardiendo el monte y diez mil personas se quedaban sin sus casas la mayoría de ellas ilegales -grave problema-, para al final llamar arrogante O elitista O perezoso a Gumucio, que por lo menos escribe sin O.

  4. jose miguel arcos dice:

    me cae bien el Rafa y me río viéndolo practicar su deporte favorito “encender fosforitos” en la radio y los diarios.
    el problema es que aquí se le prendió la caja completa y se quemó los dedos

  5. seba dice:

    una muestra de que ser letrado no significa ser inteligente, a pesar de que Gumucio a leido y estudiado mucho, sigue siendo un ser ignorante.

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