Revista Intemperie

La hoguera permanente: apuntes sobre la desigualdad y los desastres naturales

Por: Chico Jarpo
View of houses in flames during a fire in Valparaiso

 

Artículo publicado originalmente el 15/04/2014

 

1. Son las dos y media de la tarde y algunos ferianos deciden recoger su mercadería del pavimento caliente. La rezagada canícula de un celoso verano escalda la piel de los últimos transeúntes que sudan un suero lechoso que les resbala por el cartílago de la oreja. Es domingo y no existe ni un ínfimo resquicio de silencio en donde acomodar un pensamiento. El equipo que representa a los sectores populares ha ganado el campeonato nacional adjudicándose su treintava estrella. Los autos pulsan sus bocinas, las banderas enormes blanden el estandarte y los cánticos y gritos granulan un ambiente eufórico en la población. En paralelo, casi con sórdida sincronía, los sectores populares de Valparaíso son abrasados por un fuego que engulle casas con una voracidad que espanta…

…El equipo que representa… no sabe qué, ni cómo representar… y a estas alturas, no se preocupa ni del alza de la harina, con tal que la marraqueta esté más sabrosa después del triunfo (sin duda un golazo para los dueños de este país –y del equipo-).

2. En un breve espacio de tiempo dos catástrofes mayúsculas asolaron a esto que hemos dado por llamar “territorio nacional”. Usted sabe, la fértil provincia y señalada o la copia feliz de edén, según sus inspirados apologetas (mucha “geta” por ahí). A saber: un terremoto con ribetes de cataclismo apocalíptico y recientemente un incendio tan cruento, devastador y vigoroso, que a la mayoría se nos quedó el corazón tan abatido y perplejo, que se nos contrajo como una bolsita de té usada.

Ahora bien, veo dos opciones de lectura a estos acontecimientos. O observamos los hechos de manera aislada, y nos subordinamos con docilidad a la representación fatalista a la que la televisión abierta nos expone, en donde no pasará mucho tiempo antes que algún canal explore los abismos de su imbecilidad y se refiera a ellos a partir de la fórmula del sino maldito, o la exponga como el fruto de una conjunción macabra auspiciada por truculentos astros, o los achaque quizás a los estragos del fenómeno de la luna sangrienta, de la mano de mentecatos mentalistas drogados con incienso barato; hacemos eso, digo, o articulamos una visión integral y crítica entre ambas catástrofes.

3. Alto Hospicio y los cerros de Valparaíso tienen un elemento en común; la pobreza. El obsceno hilo que enhebra sus calamidades lleva por nombre inequidad. Es de esperar que ningún medio dedique un reportaje profundo a esta sutura entre los eventos. Prefieren la lágrima gorda y rutilante, la música lastimera y las pródigas cosechas de las tarambanas de costumbre. Allí el Chile unido, sin fisuras y armónico se ordena como una góndola de supermercado. Vertiginosas y pusilánimes se amontonan las frases del repertorio periodístico: “drama humano”, “espectáculo dantesco”, “el espíritu de superación de los chilenos”.

Mientras pasan los programas de televisión, los espacios se saturan de comerciales de artículos de aseo, papel higiénico, pañales, (precisamente lo que los “rostros” han solicitado como colaboración a los damnificados, y sin duda será lo que quienes queramos cooperar intentaremos adquirir, pero no hay razón para que no seamos suspicaces ante la estrategia comercial). Por lo demás, me encantaría ver a alguna señal de televisión decir que toda esta semana permitirá pasar la publicidad de sus auspiciadores gratis si estos se comprometen a donar el importe en productos para los albergados. Pero eso sería como exigirle a un incendio que no queme un palo. En tanto por las calles devastadas deambulan las materializaciones de extrañas y ridículas apariciones: san Lucho Jara con la promesa de multiplicar los panes a condición de duplicar los beneficios de sus auspiciadores (quien sabe, quizás para la próxima “un golpe de suerte” pueda prevenir a los afectados).

4. La realidad nunca informada, aquellas historias jamás referidas por los medios de comunicación antes de desatada la tragedia, continúan siendo las de asentamientos precarios, sin agua potable ni cortafuegos, que ahora crepitan con las pavesas rabiosas del abandono. Al igual que las viviendas endebles del norte, que se desplomaron como las cartas de un juego de naipes arreglado, que garantiza la victoria de los de siempre en la partida. Lo ineluctable en este sistema es que la combustión más efectiva no es el inefable viento, sino la exclusión, nada de inocente, sino que premeditada y sostenida por el modelo. La yesca permanente de inequidad sigue ardiendo y calcinando el país con sus furiosas e irrefrenables flamas.

5. Cuando la solidaridad se convierte en asistencialismo irreflexivo no hay más opción que habituarnos a estas escenas. El eterno retorno de nuestra inercia, esa que nos impide conformarnos como una fuerza de clase, volverá a invocar las mismas pantomimas de un sector dominante acostumbrado a enviarnos voladeros de luces: Don Francisco en éxtasis pagano, Farkas, risos de oro, vomitando billetes con resaca de riqueza, el insoportable cinismo de la empresa privada calculando ganancias, y la consuetudinaria pandilla de periodistas en pasta base cubriendo el espectáculo.

6. Y pese a todo, está instalada la proclama de “el pueblo ayuda al pueblo” erigida por los universitarios y secundada por los movimientos sociales, que sí posee un sesgo reivindicativo y anti hegemónico. Y todavía estamos también los que no creemos en las casualidades sino en la historia, y los que sabemos que entre “el dispara usted o disparo yo” la bala le sigue llegando al pueblo. Aquí estamos, ayudándonos, fortaleciéndonos, perseverando. Convencidos de que nuestra voluntad es el embrión de un futuro digno. La pasividad ha de convertirse en agencia. Aspiremos a que la caridad sea, de una vez y para siempre, una palabra detestable.

 

Foto: radio.uchile.cl (AFP Photo/Alberto Miranda)

 

Artículo publicado originalmente el 15/04/2014

2 Comentarios

  1. patricia dice:

    Excelente análisis,muy bien escrito.Los medios de difusión mas que de comunicación son la voz del amo en todo el mundo.Un saludo desde argentina.

  2. claudia dice:

    un análisis exacto, verdadero, una realidad que mata, pero como bien dice , aun con la esperanza de que el chileno despierte, reaccione de la droga que día a día recibe.

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