Revista Intemperie

Hans Christian Andersen y las distorsiones de Disney

Por: Felipe Valdivia
los zapatos rojos

Felipe Valdivia reflexiona acerca de las lecturas y relecturas de los cuentos infantiles

 

Abril es uno de los meses más agitados en términos literarios a nivel mundial, dada la gran cantidad de celebraciones que se conmemoran. Además del 23 (Día Internacional del Libro, promulgado por la UNESCO), el 2 se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, promovido desde 1967, por la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY). La fecha coincide con la del nacimiento del escritor y poeta danés, Hans Christian Andersen, considerado uno de los más importantes narradores de cuentos infantiles y juveniles, cuyo natalicio se produjo en el año 1805.

Durante esta jornada del 2 de abril, las organizaciones crean y realizan diversas actividades que promuevan el hábito de la lectura, principalmente entre los niños y los jóvenes, tal como lo hubiese querido Andersen. Su legado es incalculable, así como también sus más de 150 cuentos, entre ellos, La sirenita, El ruiseñor, El patito feo, El soldadito de plomo, El traje nuevo del emperador, Las zapatillas rojas, Pulgarcita, entre otros.

Imagino que en estos momentos ya se les habrán venido a la mente un montón de imágenes clásicas de estos cuentos que fueron adoptados al cine por la mega empresa Walt Disney. Es que nuestros abuelos, padres y nosotros mismos, crecimos con estos relatos que fueron llevados a la pantalla grande con cintas animadas de la empresa del Castillo Blanco. Se tratan de imágenes distorsionadas y tergiversadas, a mi juicio, dado que muchas de estas películas animadas se basaron en los cuentos originales, pero alteraron tanto la forma como el fondo.

Lo anterior no deja de parecerme un hecho curioso. Para Hans Christian Andersen el asunto físico lo acomplejó con vehemencia desde su infancia; de hecho, sus compañeros de escuela, convirtieron a Andersen en un blanco de constantes humillaciones por este mismo hecho, en lo que actualmente podríamos denominar bullying. Por eso, el asunto no es irrelevante tomando en cuenta que en estas películas animadas siempre se mostraron a princesitas, doncellas, reyes y príncipes rubios, de ojos azules y rasgos caucásicos, repletándonos con estereotipos con los que crecimos en la década de los 80, cuando el look y la imagen parecía cobrar cada vez mayor relevancia.

Si bien es cierto que las películas de Disney ayudaron a difundir estos cuentos de tradición oral, en mi opinión, el hecho de que hayamos crecido con las versiones de las cintas animadas nos hizo bastante daño. Muchos de los relatos de Andersen fueron adoptados y alterados en su trama, porque la mayoría de éstos contenían finales y desarrollos trágicos. Asimismo, los estereotipos de mujeres y hombres, viviendo en un mundo idílico, nos generó una cierta distorsión de la realidad.

Y me refiero solamente a los cuentos de Andersen. Hablo también de los relatos de los hermanos Grimm, de Charles Perrault, Carlo Collodi, entre otros. Cada uno de estos escritores escribieron cuentos infantiles con la intención de otorgar a los niños lecciones ejemplares sobre la vida. Si analizamos en profundidad, descubriremos que antiguamente no existía censura en relación a lo que se debía aprender o, dicho de otro modo, no existía una restricción a las formas de enseñar a los niños y jóvenes, porque las normativas tampoco eran tan severas como ahora. Si se quiere, antes la vida era más cruel, la verdad era más cruda, por lo que las lecciones eran mucho más despiadadas. Por eso Disney realizó ciertas adaptaciones de las historias realizándoles cambios, muchas de ellas bastante asombrosas y groseras.

Los cuentos de Andersen estaban orientados para un lector infantil, utilizando un lenguaje común, en los que expresaba los sentimientos e ideas de los niños abordando –con un singular sentido del humor– los sentimientos y el espíritu humano. Casi siempre sus historias se desarrollaban en un escenario en el que la fantasía era asumida como una situación natural de la realidad, pero era muy distinta a lo que Disney presentaba como un mundo idílico, acaso épico.

Hace algunos años, en el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, de la Universidad San Sebastián, el escritor Manuel Peña Muñoz –gran especialista en LIJ– mostró distintas ediciones de cuentos infantiles. Se refirió a la importancia de informarse al momento de leer un cuento clásico para no dejarse engañar por las distintas versiones. Y para quienes son padres, la relevancia de privilegiar la lectura por sobre las películas también puede marcar un punto diferenciador en la formación intelectual de los niños. Tampoco hay que olvidar que en el Día Internacional de la Lectura Infantil y Juvenil, lo que se privilegia es que las familias acudan a las librerías y compren a sus hijos un libro adecuado para su edad. Se podrá reclamar que su costo es altísimo, pero bueno, eso será una discusión para una próxima oportunidad.

 

Foto: Los zapatos rojos, Hans Christian Andersen, ilustraciones de Sara Morante (Impedimenta, 2011)

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