Revista Intemperie

29 de marzo

Por: Rodrigo Hidalgo
monumento un lugar para la memoria

Rodrigo Hidalgo aborda el cruce entre historia individual e historia política, a propósito de la conmemoración del Día del Joven Combatiente

 

Quiero pensar que no. Pero me cuesta mucho, no puedo.

Que no es la clase social, que no es esa insalvable distancia entre el Colegio Latinoamericano y la Villa Francia. Que no se trata de muertos con más plata y muertos con menos plata.

Prefiero pensar que quizás es la diferencia entre que te maten a tus padres o te maten a tus hijos.

A principios de los años 90, siendo adolescente aún, participé varias veces en la conmemoración del Día del Joven Combatiente. Estuve entre esos blocks coloridos, en la parroquia donde cantaba el dúo infantil Génesis y nos abrazábamos todos con la señora Luisa y don Manuel, en una hermosa liturgia que buscaba sanar una herida que a la postre no sanaría nunca. Cuando llegó el nuevo siglo dejé de ir a 5 de abril con Las Rejas. Dejé incluso de marchar cada 11 de septiembre. El Joven Combatiente se convirtió en un cruel sinónimo, en una particular derrota. Una fecha que dejó de ser memoria viva y pasó a ser excusa para el lumpen.

Sé que exagero. Que pongo las cosas en blanco y negro. Pero lo hago precisamente porque hablo de ese contraste. Todo lo que duele este 29 de marzo tan lejano.

La señora Luisa hoy llama a ser “hermosamente violentos”, siente rabia de haber sido “cobarde” durante todos estos años porque en vez de agarrar una pistola y matar a cualquier paco se mantuvo dentro de la ley. Dice que se quedaron solos, que ya no hay ni intelectuales ni artistas en cada acto, que los únicos que siguen ahí son los muchachos que yo acabo de llamar lumpen, entre los cuales figura por cierto la propia Sol, su nieta, la sobrina de los hermanos asesinados, y que hoy enfrenta juicio por una desquiciada y confusa acción insurreccional.

Pienso en esa irresponsabilidad de la señora Luisa. En que a sus años y habiendo sufrido lo que ha sufrido, tiene ya poco o nada que perder. Le da lo mismo. Y si fuera por ella efectivamente agarra una pistola y al primer paco que se le cruce lo agarra a tunazos. Total, qué. Si la injusticia parece un callejón sin salida, insoluble. Venganza. La señora Luisa pide con todas sus letras venganza.

Este 29 de marzo fui a un acto al que no había ido nunca. A la esquina donde estuvo el Colegio Latinoamericano. Fui y aplaudí a Manuel Guerrero y a Javiera Parada. Porque sus palabras, lejos de esa amargura, irradian luz y esperanza. Mientras los escuchaba, y en realidad cada vez que los oigo, pienso en eso: en esa diferencia, esa distancia. Ser hijo del muerto. Ser profesional universitario.

Hay un caso que podría ser “intermedio”. El de Luciano Carrasco, hijo también. Pero que no se parecía en nada ni a Manuel ni a Javiera, y se parecía sí más bien a la Sol, la nieta de la señora Luisa. Luciano se suicidó, perseguido y aterrorizado por el fantasma de la injusticia. Dejó huérfana a su propia descendencia.

Escribo estas palabras para tratar de entender la envergadura de la derrota. Comprendo a la señora Luisa, su impotencia. Pero no puedo compartir su irresponsabilidad, ni la de su nieta. Ya no comparto la vía insurreccional. No quiero más Manueles Gutiérrez.

En cambio sí creo en el trabajo de Javiera Parada y Manuel Guerrero. Y en ese camino hace años que me vengo encontrando con ellos. Un trabajo político que como no tiene nada de molotov equivale a soportar dolorosas acusaciones de amarillo y hasta de traidor.

Por eso fui este 29 de marzo, a esa esquina donde alguna vez estuvo su colegio. Necesitamos vernos. Esa fue la convocatoria de Javiera y de Manuel este fin de semana.

Me gustaría que esa necesidad también llegara y la comprendieran y la sintieran la señora Luisa, la Sol.

No puede ser tan distinta la muerte, no puede haber tanta distancia entre los hermanos Vergara y los profesionales degollados.

Esa es, precisamente, nuestra derrota.

Y pido perdón a quienes puedan resultar ofensivas estas palabras. No es la idea.

 

Foto: Monumento Un lugar para la memoria, construido en recuerdo de Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada (Claudia Basaure)

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.