Revista Intemperie

Inside Llewyn Davis y el cine de los hermanos Coen

Por: Marco Antonio Allende
inside llewyn davis

Marco Antonio Allende alaba la última entrega de los directores norteamericanos, un cine que gira en torno al castigo, la redención y una luz tenue de esperanza

 

Nueva York, 1961, el invierno, la escarcha adherida a las cosas. Un hombre, una guitarra y su voz, buscando sacar de su alma pedazos de verdad interior frente de una audiencia casi ausente, juvenil, respetuosa, receptiva, dudosa ante una escena cultural que amenaza los valores del sueño americano de la postguerra, que recibe los atisbos de una canción que amenaza y consiente, proyecta y recuerda, confronta y acoge, relampagueando los fulgores de la contracultura que se avecina y mira con nostalgia un tiempo ido.

A media luz, Llewyn Davis no es más que la expresión anónima y común de los caminos del artista. Uno lo ve cantar e intuye que nunca logrará el éxito que merece, que las cartas le tocaron marcadas  por la desgracia o, quizá peor, delineadas por la indiferencia y el fastidio. Tal vez no sea falta de talento, ni siquiera mala suerte. Llewyn busca ganarse la vida con sus composiciones, se traslada a Chicago en un viaje lleno de pellejerías y contratiempos, pero nada le resulta. ¿Y si fuera el mismo Llewyn Davis su propio villano? ¿Y si el desdén que provoca en los demás se deba a su personal y profunda necedad? ¿A su dificultad por entender los procedimientos del mundo? Vaya uno a saber. Lo cierto es que todas sus torpezas y desencuentros lo convierten en una especie de parodia, de caricatura detestable y, al mismo tiempo, apreciable. Y así nos volvemos amigos de este perdedor porque, en una de esas, quien está realmente equivocado no sea él sino el mundo, y su obcecación tal vez sea una ingenua forma de cordura. O, al menos, su búsqueda.

Lo entrañable de Inside Llewyn Davis, y de todo el cine de los Coen, es la mirada ambivalente que abriga a los personajes. Como dignos tributarios de la tradición judía a la que pertenecen, sus personajes viven en el vaivén de la lucha consigo mismos y con los designios fatídicos que descomponen sus vidas. Hay un Dios, claro; pero sus planes son insondables a la lógica humana. Toda la galería de personajes de los Coen convive en el proceso inescapable de subsistir en la circularidad del castigo y la redención. Muy difícilmente actúan en la orfandad metafísica, pero sobre ellos se cierne el nimbo de una discreta tragedia: las obsesiones patológicas que desembocan en la desazón y en una plegaria muda sobre el porqué de sus dramas y miserias. Es la vieja pregunta de Job actualizada en la sucesión de desdichas que vemos en cada una de sus películas.

Pero, todo hay que decirlo, los Coen nunca han renunciado a una mirada benévola de sus propios personajes. La obsesiva galería de retratos que conforman su filmografía no cancela, al contrario, reafirma el interés de los Coen por envolver a sus personajes de cierta aura tragicómica que los excluye de la perversidad a la que se ven sometidos. Hay una sutil distancia, una tenue benevolencia que nos hace compadecer y compartir las desilusiones de sus vidas. ¿Cómo no observar con indulgencia las desafortunadas peripecias de Llewyn Davis, convertirlas en propias, omitir las referencias propias del film y hacer nuestras la inutilidad y el anonimato que conforman su vida?, ¿Cómo no eludir, sólo por un momento, las posibles simbologías que representa Ulises, el gato que acompaña a Llewyn gran parte de la película, y tan sólo disfrutar de la presencia de ese felino, de deleitarse de la maestría de los Coen en hacer confluir dos mundos tan distintos en su naturaleza: un gato con sus movimientos reposados e inadvertidos y la vida de Llewyn con sus accidentes, contratiempos y catástrofes. La conciencia inexpugnable de un animal sosegado en su extravío frente a los desajustes emocionales de un hombre desorientado e impulsivo. Y quien sabe si en esa oposición, en ese desacuerdo de condiciones, no exista tal vez un vínculo que los una en sus leves indiferencias.

Que este bello contrapunto se despliegue junto a la serie de peripecias que vive Llewyn en un movimiento en espiral que poco a poco se dirige al infierno de las calamidades no es más que sumar otro contraste al marco general del film, enriqueciéndolo, como quien agrega notas, ritmos entrecortados, tonalidades varias, todas encaminadas a exponer con crueldad y piedad, la triste canción de Llewyn Davis. Y nosotros oímos.

 

Inside Llewyn Davis

Año: 2013
Duración: 105 minutos
Director: Joel y Ethan Coen
Guión: Joel y Ethan Coen
Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips

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