Revista Intemperie

Siete aplicaciones para llenar de poesía el iPad

Por: Ignacio Álvarez
ipad shakespeare

Tecnología y poesía: de TS Eliot a Octavio Paz, Ignacio Álvarez recomienda siete alternativas para este cruce improbable

 

Como siempre he sido un resentido, antes de agenciarme un iPad pensaba que su máxima utilidad era la de despertar envidia. Creía que los ricachones los compraban con el único fin de mostrárselo a los demás, y que en ausencia de público guardaban el aparato para fumar sus puros y tomar sus whiskies. Sigo pensando algo parecido, por supuesto, pero en el intertanto una de esas máquinas endemoniadas llegó a mis manos y decidí buscarle usos más nobles que los pajaritos enojados. No es cosa sencilla. Si uno se pasea por la red hay varias aplicaciones “culturales”, es decir, archivos pdf mal editados que te venden como programas, y otros están dirigidos a un público supuestamente infantil tan poco exigente que probablemente no exista.

Después de algunos meses de ensayo y error, les presento más abajo las siete aplicaciones que más he disfrutado. Todas siguen un patrón similar. Están dedicadas a la poesía, a una obra o un autor en particular, y ofrecen características “multimediales” además del puro texto. En todos los casos hay buenas lecturas en voz alta (a veces maravillosas lecturas, la verdad), lo que permite percibir, por fin, la música de las palabras. Quizá la única justificación de las tabletas sea que permiten experimentar de veras la poesía. Hay además galerías de fotos, estudios críticos, videos más o menos relacionados con las obras en cuestión.

Cinco de estas aplicaciones son gratuitas –las cinco latinoamericanas– y cuatro han sido desarrolladas al amparo del Consejo para la Cultura de México, CONACULTA. Las cinco comprueban que, si el estado estimula la producción de excelencia, pueden aparecer verdaderas joyas. Mi única prevención o problema es válido para las siete aplicaciones, sin distinción de origen o costo: son programas pesados, de más o menos 1 gigabyte cada uno, o sea que demoran en cargar y ocupan buena parte de la memoria de los aparatos más pequeños.

Aquí una brevísima descripción:

Blanco, de Octavio Paz. Gratuita. “Blanco” es uno de los poemas más importantes de Paz, un texto poliédrico e inspirado en su estadía en la India. Fue pensado, de hecho, para que se publicara en la forma de un rollo o texto continuo, no como un libro tradicional. La aplicación permite todos los recorridos de lectura que el poema propone, en la voz de Paz y de varios otros actores. La opción de acompañamiento musical enriquece enormemente la experiencia del poema. Tiene varios estudios críticos, piezas musicales inspiradas en el texto, en fin, mucho material.

Muerte sin fin, de José Gorostiza. Gratuita. Gorostiza, poco conocido en Chile, es uno de los poetas más importantes del grupo de los Contemporáneos, algo así como la vanguardia cosmopolita de la literatura mexicana en las primeras décadas del siglo XX. (Otro contemporáneo, Gilberto Owen, es convocado fantasmalmente por Valeria Luiselli en su novela Los ingrávidos). “Muerte sin fin” también es un poema largo, y en la aplicación uno puede escoger entre siete voces para escuchar su lectura (el propio Gorostiza y nuestro conocido Gael García Bernal, entre otros). Hay comentarios explicativos, en video, de Salvador Elizondo, Anthony Stanton, David Huerta y Salvador Gallardo, espléndidos escritores y académicos. También aparecen poemas relacionados con “Muerte sin fin”,de Góngora, Sor Juana y Amado Nervo, y traducciones al inglés, francés, alemán y polaco.

Seducciones de Sor Juana. Gratuita. Contiene una selección bien cuidada de sus textos: varios de esos sonetos perfectos que escribió, la inolvidable carta en respuesta a Sor Filotea y el “Primero sueño”, por supuesto. La sección de estudios (para leer) está bien provista, pero la mejor sección es probablemente “Vislumbres”, con videos sobre su convento, muestras de música virreinal, una colección de sus retratos, etcétera. Los poemas no solo son recitados por una voz femenina; también, cuando existe, se incorporan sus versiones musicalizadas. Hay una sección para niños y otra para crear un soneto propio. Tiene lados más didácticos que las demás aplicaciones, y está pensada para un espectro de edad más amplio.

El fantasma soy yo, de Amado Nervo. Gratuita. Más conocido por nuestros abuelos que por nuestros padres, Amado Nervo es un grandísimo poeta modernista mexicano. Y al decir modernismo uno de inmediato prepara las orejas para poemas con un costado musical importante, como es el caso. La aplicación no se dedica a un solo poema largo sino que realiza una breve y significativa antología (el poema “Andrógino”, por ejemplo, fue un descubrimiento para mí). Recomiendo especialmente las lecturas que hace Guillermo Sheridan, un académico y escritor que puede sorprender con su voz cavernosa y, al mismo tiempo, muy armónica. Me gustó la faceta de Nervo como fotógrafo (hay una galería con sus tomas) y los comentarios de Carmen Boullosa.

Sonetos de la muerte, de Gabriela Mistral. Gratuita. La joya chilena de la corona es esta aplicación desarrollada al alero de la DIBAM, y no destiñe ante sus pares mexicanas. Contiene grabaciones de la propia Mistral, la actriz Paz Irarrázaval y una trepidante María Maluenda, de voz casi quebrada en una interpretación memorable. Rica en imágenes, en la aplicación hay manuscritos y fotos de varias versiones publicadas (una edición parisina en la revista Elegancias, dirigida por Rubén Darío, por ejemplo). Se incluye música que Alfonso Letelier le dedicó a los sonetos, además de cartas y álbumes con fotografías de Gabriela Mistral y de la ceremonia de recepción del premio Nobel.

Los sonetos de Shakespeare. Touch Press, US$13,99; casi $8.000 chilenos. Esta aplicación está más pensada para la lectura que las latinoamericanas. Están los 154 sonetos, y uno puede leerlos en texto plano o bien en un facsímil de su primera edición, de 1609. Al mismo tiempo se puede consultar las notas aclaratorias de la edición Arden, los comentarios del poeta Don Paterson o tomar uno mismo sus propios apuntes. Las lecturas en voz alta también están en video, y fueron grabadas por profesores de literatura, lo que está bien, pero sobre todo por actores, lo que está mejor. Distingo entre los recitantes al capitán Picard de Star Treck, al hermano mayor de Sherlock Holmes y a la décima encarnación, me dicen, del Dr. Who

La tierra baldía, de T. S. Eliot. Touch Press, US$13,99; casi $8.000 chilenos. Este es uno de los casos en que realmente vale la pena leer-escuchar el poema. Imagino que para un lector latinoamericano la idea es, aproximadamente, acostarse en algún sofá o cama, armarse con la traducción que uno prefiera e ir mirando al mismo tiempo el iPad. Todos los efectos sonoros que Eliot prevé aparecen en sus dos lecturas (una de 1933 y otra de 1947), y además están las de Alec Guiness, Viggo Mortensen y Jeremy Irons. Hay también notas explicativas, si uno las quiere o necesita, un álbum de fotos y comentarios de Paul Keegan, editor, y del inolvidable Seamus Heaney.

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