Revista Intemperie

Larry

Por: Rodolfo Reyes Macaya
LARRY WALTERS

Rodolfo Reyes recupera la historia más trágica de los estrambóticos premios Darwin

 

Para A.L.

 

Desde 1985 los premios Darwin suelen celebrar la asombrosa falta de sensatez de la especie humana. Estos galardones premian a las muertes más idiotas e inverosímiles. Todos aquellos que le hicieron un gran favor a la especie, auto-aniquilándose y así, eliminado su acervo genético para la posteridad, tienen derecho a ser postulados. Sus ganadores son numerosos. Basta con mencionar cierto deceso por malabarismo con granadas de mano (Croacia. 2001) o el camarógrafo que saltó de un avión “para grabar a paracaidistas sin haberse puesto el paracaídas” (EUA. 1987). Según André Breton el humor negro estriba en extraer el mayor placer posible de situaciones del todo insoportables.

¿Les conté alguna vez la historia de Larry Walters? Es de ese tipo de historias que uno puede escupir por la noche sin otro fin que el de sentirse menos vulnerable al siempre irremediable paso del tiempo. L. W. siempre albergó la esperanza de pilotar un avión. Sin embargo por tal o cual impedimento físico (probablemente un asunto relacionado con la vista) fue rechazado una y otra vez por la fuerza aérea norteamericana. L.W. entonces, se conformó con ser camionero y recorrer el país por tierra. Cualquiera acepta las circunstancias que escapan a su control. Cualquier podría haber sido más o menos feliz conduciendo camiones. Cualquiera, el mundo está lleno de éste tipo de personas,  podría haber sepultado sus esperanzas tras una hipoteca y un horario. Pero L.W. no era de este conjunto de individuos.

Pasó el tiempo y pasaron las resacas, y un día como cualquier otro L.W. se  encontraba sentado en su silla de playa en el patio de su casa. Tal vez en ese momento se le pasó por la cabeza la brillante idea de amarrar globos aerostáticos, de esos que se usan para predecir el tiempo climático, a su silla de playa.  A continuación se apertrechó de una radio, una escopeta, un six-pack de cervezas y despegó. La idea era dispararle a los globos, uno a uno, para volver gradualmente a la tierra. Mala idea porque los globos se posicionaron en hilera: si le disparaba a uno les disparaba a todos. Peor aún, contra toda expectativa llegó por sobre los cuatro mil quinientos metros de altura. Peor, peor aún (pero no se dio cuenta hasta después), estaba situado casi en medio del espacio aéreo de un aeropuerto comercial. ¿Cuántas horas habrá estado allí? Lo ignoro. Sí sé que estaba amoratado de frío, con principio de hipotermia. Por motivos de seguridad nacional, un par de cazas de la fuerza aérea (de esos mismos que él debería haber estado pilotando), se comunicaron con él por medio de la radio. ¿Qué le dijeron? Si no bajas por las buenas, te bajamos, Larry.

Pobre L.W., quien sin saber si acabaría con vida su aventura le pegó un tiro a los globos y cayó. Pobre L.W. que, por si fuera poco, cayó sobre el tendido de alta tensión y quedó vivo; es más, ileso. Nunca antes alguien había gozado de una mención honrosa por los premios Darwin. Pronto veremos a L.W. dando charlas motivacionales a lo largo del país, al más puro estilo “sin brazos, sin piernas”, en establecimientos de tercera categoría. Pronto sabremos que L.W. se convertirá en guardabosques.  Pronto sabremos que un día como cualquier otro de 1993 L.W. se internará en un bosque y se pegará un tiro.

 

Foto:

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.