Revista Intemperie

Paco de Lucía y la internacionalización del flamenco

Por: Felipe Valdivia
paco de lucia

Felipe Valdivia recuerda la música de un grande, y su contribución a la internacionalización del flamenco

 

Cuesta creerlo, pero la guitarra de Paco de Lucía quedó muda para siempre. Sus dedos ya no rasgarán más los presurosos acordes flamencos, tras su inesperado fallecimiento a causa de un infarto en México, el pasado miércoles 26 de febrero.

Su influencia directa y principal fue de Sabicas, considerado –entre otros– uno de los preponderantes en Paco de Lucía y además, uno de los impulsores en el desarrollo y perfeccionamiento de la guitarra flamenca como instrumento de concierto, porque en años anteriores era considerada como un acompañamiento del cantaor de flamenco.

Paco de Lucía era un artista versátil, de aquellos que eran capaces de demostrar un montón de facetas. Compuso canciones para anuncios comerciales, lo imitaron en programas de entretención en España, demostró poseer un amplio sentido del humor y elaboró las bandas sonoras de varias películas. Es en este último ítem en el que Paco de Lucía permitió ampliar el conocimiento mundial por el flamenco. Si hoy podemos asociar flamenco a Paco de Lucía, se debe exclusivamente a los acordes que le robaba a su guitarra, a sus versiones y a las hermosas y exquisitas fusiones que realizó del género mezclándolo con rock, pop, bossa nova, jazz, música clásica, entre otros y que masificó gracias al cine.

Porque Paco de Lucía compuso e interpretó las bandas sonoras de las películas de La Sabina (José Luis Borau, 1979), Montoyas y Tarantos, Carmen y Sevillanas (las tres de Carlos Saura) y The Hit (Stephen Frears, 1984). Hay más; en 1995 grabó junto a Bryan Adams la canción “Have you ever really loved a woman” que estuvo incluida en la banda sonora de la película Don Juan de Marco, cinta que fue protagonizada por el actor Johnny Deep. Colaboró además con Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona; con Wes Anderson, en Life Aquatic, entre otras.

Fue uno de los grandes aportes a la música que hizo Paco de Lucía y, sin duda, su gran virtud: dar a conocer el flamenco a todo el mundo, a través del cine, haciendo simple lo complejo de entender. Porque el flamenco vaya que era engorroso de comprender. Es que la vitrina de la pantalla grande permitió que el mundo se familiarizara con esta música que parecía estar reservada sólo para los andaluces. Logró que el flamenco, considerado hace varios años una música minoritaria a la que sólo los gitanos le rendían pleitesía, se difundiera por los cinco continentes a la par con los más populares estilos musicales.

La fama de Paco de Lucía fue tal, que logró convertirse en un ícono popular llegando a un público de todas las edades y gustos a nivel mundial, convirtiéndolo en el primer español que fue investido con el Doctor Honoris Causa por el Berklee College of Music de Boston, en 2010. En su discurso afirmó: “cuando yo tenía siete años y tomé la guitarra por primera vez, el flamenco era sólo algo para los andaluces”.

Si bien es cierto que el cine es sólo un hito en la carrera de Paco de Lucía (porque su carrera se la formó por su amplia trayectoria), hay que reconocer que la popularidad y la internalización que le dio al flamenco se logró gracias a la difusión que las mismas películas se iban exhibiendo en los diferentes países. Esa es la principal contribución del músico para este género, aunque haya modificado la pureza en el toque de ésta. Es que es difícil quedar ajeno al estilo tan personal, en el que colocaba tanto vigor y ritmo y que se manifestó en la gran cantidad de discos que grabó.

Si hoy en Santiago y en regiones hay un montón de escuelas de baile flamenco con músicos propios, se lo debemos exclusivamente a Paco de Lucía que vio en el cine una vitrina válida y eficiente para dar a conocer el género. Cuando la televisión no era tan masiva como lo es actualmente, cuando a los músicos se les hacía muy difícil acceder a las radios y cuando Internet era sólo el sueño de un inventor, el cine era el gran difusor de una guitarra histérica, alocada, pero a la vez controlada y que acompañaba (no adornaba) las escenas de actores tan famosos como Penélope Cruz, Javier Bardem, Scarlett Johansson, Johnny Deep, Sharon Stone, entre otros.

Era algo que Paco de Lucía quizás nunca imaginó. Ni siquiera hasta sus últimos días hacía gala de su tremenda fama como genio de la guitarra. Porque en sus declaraciones se podía leer cómo era el tipo: “Yo no necesito nada, estaría todo el día echado. Soy el más indolente del mundo. Lo que pasa es que entro en la rutina y tengo compromisos, hago giras, más que ir yo, me llevan”.  Era un tipo que siempre le restó importancia a la trascendencia que significaba para la música mundial: “No se crean nada. Los músicos somos unos cuentistas que siempre estamos con el rollo de la angustia. El artista sufre, sí, pero más sufre un albañil subido en un andamio de seis pisos. O Bach, que cada semana tenía que componer una fuga para la catedral de Leipzig. Y sin calefacción ni comida. Y Van Gogh, el pobre, siempre pelao y sin oreja. Y hoy los artistas nos creemos algo, unos fenómenos…”.

Para pensar.

 

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