Revista Intemperie

Me gusta que los personajes se cuenten de vez en cuando en alguna película: una entrevista a Osdany Morales

Por: María José Navia
osdany morales

María José Navia conversa con el joven escritor cubano Osdany Morales, acerca de su arriesgada propuesta literaria, mezcla de referentes pop, erudición libresca y belleza en la forma de contar historias

 

Osdany Morales es un joven escritor cubano (1981). Estudia un doctorado en literatura en la Universidad de Nueva York, luego de cursar un MFA, o Master in Fine Arts, en la misma casa de estudios. Fanático de The Walking Dead, re-lector de John Berger, su novela Papyrus (Sudaquia, 2012) es de las mejores montañas rusas a las que un lector se pueda subir. Una novela sobre contar historias, sobre bibliotecas perdidas, en las que pululan personajes extraños e inusuales como un extra de la película Lost in Translation, que trabaja como taxista en Japón, y en la cual las referencias al cine son constantes. Acaba de sacar un ebook de cuentos, parte de la colección Absurdia y Suburbia de Sub-urbano Ediciones, Antes de los aviones, en el cual un personaje vive su vida como una película de Woody Allen, otro conversa con el cantante Juan Luis Guerra sobre literatura cubana (literatura que el cantante curiosamente colecciona) y una historia de búsqueda dialoga con la desorientación y distracción del ciberespacio a través de un increíble uso de hipervínculos que nos llevan a videos de Youtube sobre la iniciativa Dharma de la serie Lost, entre otras cosas. La suya es una propuesta que mezcla los referentes pop (usados de forma desquiciada, delirante, efervescente) con una erudición libresca y una belleza en la forma de contar historias que recuerda, a ratos, a Italo Calvino.

Acá nos cuenta sobre sus lecturas, la literatura cubana, la imaginación cinematográfica y sus proyectos.

¿Cuál ha sido tu sorpresa literaria más reciente? (un autor nuevo que hayas descubierto, un libro que no creíste que te iba a gustar y te fascinó, un autor clásico que hayas revisitado).

Uno de mis descubrimientos más recientes, y es un encuentro tardío de mi parte porque se trata de un autor ampliamente reconocido, sobre todo como crítico de arte, es el inglés John Berger. Estoy leyendo Bento´s Schetchbook su libro de 2011, un volumen absolutamente libre, que bajo la idea de experimentar lo que hubiera sido el cuaderno de dibujo extraviado del filósofo Baruch Spinoza, acumula anotaciones de diarios, memorias y dibujos. Berger, además de novelista, poeta y crítico de arte, ha sido también pintor, de modo que este libro le sirve para explorar todas las formas del apunte; y a nosotros como lectores nos deja una sutil teoría de la escritura como dibujo, como un trazo más libre inseparable de la experiencia y el pensamiento. La portada del libro viene ilustrada con una frase a mano que puede confundirse con el título, que dice (según mi traducción): ¿Cómo comienza el impulso por dibujar algo?; pero también pudiera decir: ¿Cómo comienza el impulso por anotar algo?

¿Qué estás leyendo? ¿Te parece importante “estar al día” con lo que está publicando la gente de tu “generación”? ¿Cuál es tu régimen de lectura? ¿Tienes algún método (leer todo lo de cierto autor, o sólo novelas o libros de cuentos por períodos)?, ¿Te parece importante combinar narrativa más tradicional con, no sé, poesías, guiones, novelas gráficas?

La idea de generación no me interesa más allá de su conformación, en determinadas ocasiones, como figura literaria. La generación como ficción, digamos. Pero, desde el lado lector, prefiero el tiempo no cronológico que permita leer propuestas temporalmente distantes con cierta impresión de continuidad. Lo cual no quiere decir que no lea “contemporáneos”. Me atrae también la lectura que apunta a una repercusión inmediata; tengo curiosidad por lo que publican nuevos autores, ¿qué sentido tendría no formar parte, como lectores, de lo que se está publicando ahora mismo? Ahora, para conseguir ese deseo de lectura no suelo ser estructurado. Siempre he pensado secretamente que soy muy mal fanático: a mis autores favoritos los he leído incompletos, y lo mismo con cineastas, cantantes. No sé por qué fracaso tan estrepitosamente como fan, creo que porque me convencen con un par de obras y confío en que la parte que no conozco debe ser igualmente fascinante. En la novela gráfica puede que sea más leal: he leído todo Jason y todo Dash Shaw, contemporáneos.

¿Escribes a mano o en computador? ¿Lees tus textos en voz alta?

Escribo en la computadora; a mano solo tomo apuntes, o las notas de algo parecido a un diario de ciertos viajes, pero incluso esas notas, muchas veces, son solo posibilidades de recordar algo en el momento en que vuelva a la computadora. Sí escribí a mano mi primer libro, y varias páginas de Papyrus. También hay párrafos que al encontrar impresos recuerdo que una vez fueron un apunte a mano.

En voz alta solo leo los textos de los otros, algunas partes.

Cuéntame un poco cómo se gestó Papyrus.

Tengo la impresión de que es un libro acumulativo de varias intensidades de escritura. En algún momento, con varios relatos terminados, me parecieron textos muy vueltos hacia sí mismos, que difícilmente quedarían bien en un libro de cuentos, como que cada uno competiría con el de al lado; y por otra parte estaba mi inconformidad con los géneros, los compartimentos de lo que debe ser un cuento, una novela, un ensayo, una memoria, etc. Había escrito fragmentos cercanos a esos primeros relatos que de otra forma no encontrarían su libro. Entonces comencé a probar una historia mayor, flexible, que permitiera acceder a la idea de lo que podían ser un conjunto de historias que hicieran, como se dice, “algo mayor que la suma de sus partes”. Había salido de Cuba, vivía bastante solo, y la lectura y escritura tenían también un significado distinto para mí en esos años.

¿Tienes películas de cabecera (hay tantas referencias a ellas en tus cuentos y novela: Lost in Translation, Robert Rodríguez, Woody Allen, Jim Jarmusch)? ¿Cuál es la importancia del cine en tu proceso, en la imaginación de tus historias?

El cine en un principio, en la infancia digamos, era la posibilidad de experimentar una historia en poco tiempo. No dependías de que alguien te leyera un libro, y tampoco estaba formada la habilidad de leer novelas, entonces la película, a veces con subtítulos (que tampoco uno leía), era la oportunidad de interactuar con un relato. Ahora no, ya casi no miro el cine para buscar historias, pero tengo el recuerdo de percibir esa forma bajo aquel escenario, y luego de repetirla, contando la película a otra persona, atento a la posibilidad de no estropear el argumento. Es algo que la gente hace constantemente, contar una película, y es un hecho que me parece conmovedor. Me gusta usar eso ­—lo ha hecho magistralmente Manuel Puig, claro—, que los personajes se cuenten de vez en cuando en alguna película.

Has publicado en papel y también recientemente en la colección de ebooks de Absurdia y Suburbia. ¿Te parece importante publicar en formato electrónico? ¿Por qué?

Hay libros que creo que merecen el formato papel, más que nada por la posibilidad de recorridos que ofrece el volumen físico. En un ebook hay un avance mayormente lineal, o a veces desde la búsqueda por palabras dentro del documento, pero no te manejas manualmente con el libro como objeto, sino con el libro como archivo. Hay libros que los he comenzado a leer digitales y en la página 50 he parado y los he buscado en el formato convencional. Lo que me resulta atractivo de los ebooks es lo más obvio: su condición portátil, inmaterial, tener toda una biblioteca en un dispositivo con la apariencia de un volumen (una tableta bien surtida es casi aquel libro de arena de Borges). Y, como autor, veo en el libro electrónico, justamente, la posibilidad de separar de lo literario el peso trascendental que tiene un libro publicado; quiero decir, un ebook es la oportunidad de instalar un artefacto literario que de otra forma, en la forma de libro, tal vez no se daría. Estoy pensando en la facilidad para crear antologías casuales, libros breves, combinaciones raras. Tal vez lo que estoy intentando decir es que la llegada del libro electrónico nos ha dado una oportunidad de escapar del formato que el libro como objeto de consumo cultural ha impuesto sobre la literatura. Un ebook puede ser hasta de una sola página, sin embargo un libro de una sola página (aunque sería un objeto hermoso, más en su edición de tapa dura) resulta impublicable.

La invitación de Absurdia y Suburbia, en mi caso, me permitió armar una figura con tres textos sueltos que de otra manera no se hubiera logrado.

¿Te parece importante experimentar con el formato? Pienso en el formato de entrevista y el uso de hyperlinks del cuento “Querido sobrino Gobo”. ¿Son desafíos conscientes que le pones a tu escritura?

En Querido sobrino Gobo, uno de los relatos de Antes de los aviones, el ebook, hay una realidad aparatosa, un cantante reconocido se vuelve coleccionista de algo tan disperso como la literatura cubana contemporánea, tiene los libros en un sitio protegido con diafragmas para regular la luz, acceso con control de retina, todo eso, pero más sofisticada es su idea de leer hasta lo último que se publica en la isla. El texto creo que se enriquecía si todo el tiempo podía fugarse de sí mismo. En este caso, como el libro está en su versión digital es más fácil activar estas rutas, así el acto de lectura está a la altura de la historia que se está leyendo. Pero tampoco creo que sea un experimento radical, ya estamos acostumbrados a leer así, aunque el hipervínculo no esté en la página es común detener la lectura para revisar el correo, o para propagar una línea, o una foto de la página que nos ha dejado pensando.

Se ha dicho que los latinoamericanos siempre hemos tenido una mirada estrábica con respecto a Estados Unidos. ¿Ves esto en la literatura cubana, o en los jóvenes latinoamericanos en general? ¿Te parece bueno/malo, interesante, irrelevante?

No sé. En cualquier caso, yo sería partidario de lo estrábico. Pero no estoy seguro de entender la pregunta y tal vez por eso la esté respondiendo con cierto estrabismo. Una mirada ¿fuera de la norma?, ¿hacia la literatura norteamericana o con respecto a los modos norteamericanos de leer Latinoamérica? Lo que puedo ver desde Nueva York es que la literatura, la que se escribe en inglés y la traducida, es muy heterogénea. Y esto a un nivel tal vez involuntario te hace pensar la escritura al margen de determinados autores de moda o del canon. Te permite una desorientación que facilita el estrabismo, y esta mirada perdida puede llevar a un uso bastante singular de la literatura.

Escribes desde Nueva York. Realizas/realizaste un MFA en Creative Writing. ¿Qué sacaste/ganaste de esa experiencia?

Amigos y lecturas. Que un autor chileno me dedicara un libro suyo. Cierto ritmo de trabajo. Algunos papeles inéditos. 

¿Cuáles son las referencias que ves en la literatura cubana? Sus temas, sus obsesiones. ¿Hay algunos autores o libros cubanos que recomiendes?

No me acerco, por ahora, a la literatura cubana sin usar la distancia de un ejercicio que la deje en entredicho. Prefiero leer lo nacional, si debo hacerlo, como un mecanismo atemporal. Hace unas semanas, en Cuba, encontré la reedición de una novela de Virgilio Piñera, Presiones y diamantes; ese libro de 1967 parece que se acaba de escribir ahora, o al menos tanteo la idea de leerlo simultáneo a otros que se publican por primera vez. Entonces, recomiendo en esta temporalidad arbitraria, esta novela de Piñera; más Djuna y Daniel, de Ena Lucía Portela; y Carbono 14. Una novela de culto, de Jorge Enrique Lage.

Terminaste tu MFA y ahora eres estudiante de doctorado. ¿Cuál fue/es tu motivación para seguir estudiando, ahora desde una veta más académica, la literatura?. ¿Crees que la academia te puede “contaminar” en tu escritura o bien es otra voz más para considerar en el diálogo (que en tus obras ya es bastante multifacético y dinámico)?

No es un secreto que ya en la academia no se estudia estrictamente literatura, sino estéticas y políticas de lo literario, muchas veces, en direcciones sorprendentes. Tengo curiosidad por esas lecturas, y también una deuda con mi formación inicial de arquitecto, lo cual me permite explorar saltos interdisciplinarios que a veces devuelven alguna sorpresa.

Sobre la contaminación, siempre he preferido la literatura impura, como tu misma propones. El riesgo, por ahora, se está jugando en mi tiempo ocupado, más que en el ejercicio de estilo.

¿En qué estás ahora: en términos de lecturas, películas/series que estés viendo, proyectos de escritura?

Lecturas: mencioné al principio a Berger. Series: cuento los días para el regreso de The Walking Dead y miro cada nuevo capítulo de True Detective. Proyectos de escritura: la edición final de un volumen que saldrá en Cuba, y que, ahora que lo pienso, combina algo del autor inglés con los muertos vivientes y los verdaderos detectives.

Por último: ¿tienes un cuento favorito (de los tuyos, los propios)? ¿Por qué lo prefieres a los demás?

Me cuesta pensar en los cuentos fuera del libro como proyecto. Una vez que los relatos terminan en un volumen tengo la impresión, seguramente errónea, de que no pueden agruparse de otra manera. Tal vez porque se trata de un cuento que todavía anda suelto, sin acabar en el libro que lo espera, escogeré como favorito La casa del sol naciente. Es un cuento corto, melancólico, sobre dos personajes que se pierden. Tengo en mente hace tiempo el tipo de libro donde ese cuento terminará, pero no creo que se escriba por ahora.

 

Foto: Fer Figheras/juventudrebelde.cu

Un comentario

  1. La entrevista de Osmany me ha resultado muy interesante. Somos muchos los escritores cubanos que andamos rodando por el mundo y que tomamos distancia (voluntariamente o no) respecto a la producción cubana contemporánea. En primer lugar porque los libros impresos en Cuba raramente circulan fuera del territorio nacional y sus reducidas tiradas se agotan tan pronto que cuando viajamos al país no los encontramos. Y en segundo lugar porque no existe mecanismo alguno que reúna, aunque sea información sucinta, de la amplia producción en la diáspora cubana. Yo me marché de Cuba en 1989 y hoy de mis 28 libros, solo 5 han sido publicados en Cuba, 5 en Argentina, 7 en Francia, 3 en México, 1 en Colombia, unos 15 en España… ¿cómo podría alguien seguir carreras tan dispersas como las nuetras? En Cuba no pueden leernos y nosotros mal podemos leer a los escritores que publican en la isla: en tales condiciones la pertenencia a la literatura cubana -que no cuestiono- no déjà de ser problemática.

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