Revista Intemperie

Queremos tanto a Julio

Por: Felipe Valdivia
julio cortazar

Al cumplirse treinta años de la muerte de Julio Cortázar, Felipe Valdivia se aproxima a la faceta política y social del autor, recordando la visita que el escritor hizo a Chile en el año 1970 y su admiración por el proyecto de la Unidad Popular

 

El pasado miércoles 12 de febrero se cumplieron 30 años desde la muerte del escritor, traductor e intelectual argentino (nacionalizado francés), Julio Cortázar. Afloró el recuerdo vestido de nostalgia y teñido de un tremendo vacío en términos literarios y sociales. Es que Julio Cortázar era mucho más que Rayuela, que las Historias de cronopios, que Final del juego, que Octaedro… Había algo más allá de sus innumerables relatos, novelas, poemas, ensayos y traducciones publicadas en su carrera literaria.

En 1969, Cortázar debía aterrizar en Santiago para participar del Encuentro de Escritores Latinoamericanos (que congregó a Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Leopoldo Marechal, Ángel Rama, Marta Traba, entre otros), aunque al final, suspendió su visita. El evento –auspiciado por la Sociedad de Escritores de Chile– lo organizaba un grupo de funcionarios del Gobierno, que en ese entonces era de la Democracia Cristiana. La cita no tenía el tinte y sello (inherente a esos años) del glamour revolucionario y antimperialista de conferencias realizadas en otras partes. A Cortázar debió parecerle que se trataba de una reunión-conferencia de un grupo de literatos de la región que pertenecían a diversas generaciones, géneros y orientaciones ideológicas, pero muy alejado de manifestar posturas oficiales en plena Guerra Fría. Por eso desistió de venir.

Su compromiso literario caminaba paralelo –acaso por el mismo carril– a las causas sociales. Se sentía responsable por lo que pasaba no sólo en Argentina, sino que también en el resto de Latinoamérica que comenzaba a infectarse con el fascismo y dictaduras militares. Su apoyo a la Revolución Cubana en 1962, constituyó un elemento determinante para su vida, dado que se convirtió en un promotor de Fidel Castro, de la revolución, así como también lo haría con Nicaragua y, por supuesto, con Chile.

Cortázar aterrizó en Santiago, en noviembre de 1970 para participar en la asunción del Presidente Salvador Allende. El inicio del proyecto social de la Unidad Popular, permitió conocer con mayor profundidad la faceta social del escritor. Más allá de datos con características de espectáculo como que al aeropuerto lo fue a esperar un grupo de chilenas para conseguir un beso, y que en el hotel hacían guardia para sacarse una foto con él, habría que decir, que su visita en 1970 marcó un antes y un después en la vida del intelectual. Se trataba de la primera nación que abrazaba al socialismo mediante la vía democrática lo que despertó su admiración por Chile. “No he venido como escritor, sino como expresión de una ideología”, afirmaba en una conferencia de prensa.

La estadía en nuestro país duró una semana en la que se realizaron varias actividades. Una de las más recordadas fue su visita al ex Pedagógico de la Universidad de Chile, donde se reunieron casi 4 mil jóvenes para escuchar un mensaje, que principalmente se centró en política. No podía ser de otra forma; era una de las buenas tribunas para que quienes asistieran al encuentro, conocieran al escritor más allá de su papel como uno de los principales narradores del Boom.

A esa altura, Cortázar por supuesto que era considerado una voz autorizada tanto en la literatura latinoamericana, como en la internacional. También lo sería en materia de compromiso social y político con Latinoamérica.

Según el diario La Tercera, Cortázar envió una carta a su amigo Osvaldo Rodriguez, en la que le dice: “Yo estaba enamorado de Chile –chilenas incluidas– y eso se guarda en secreto”. Y agrega: “Vine en marzo de 1973 para las elecciones parlamentarias (…) vine un poco de incógnito para observar las elecciones. Tengo la esperanza en la Unidad Popular y en la vía socialista”.

Para el Golpe de Estado, Cortázar se encontraba de vuelta en Francia y fue tanta su conmoción y compromiso con nuestro país que junto a otros autores publicó el libro Chili, le dossier noir (Gallimard, 1974), que reunió una variada documentación sobre la Unidad Popular, el Golpe y el inicio de la Dictadura. El texto, traducido al francés, además incluye el último discurso del Presidente Salvador Allende.

En el prólogo al libro La libertad no es un sueño (Signo editorial), Cortázar anota: “Un pueblo más que nunca habitado por la esperanza, encuentra en estos poemas la voz y la cifra y la clave de hoy y del mañana; del fondo de las cárceles clandestinamente mucho de lo que aquí es prueba de una libertad indomable, del fracaso del horror contra la vida. Estos poemas tienen la simple y clara autenticidad que el pueblo sabe infundir a su protesta y a su combate”.

Cortázar fue un extremista (en el buen sentido de la palabra) en el ámbito literario, pero también en el personal. Fue un revolucionario que quiso vivir las últimas páginas de su vida con la misma intensidad e ímpetu que cuando era joven… un revolucionario consecuente. Quizás por eso queremos tanto a Julio, quizás por eso aún sus libros siguen vendiéndose con vehemencia en las librerías. Quizás por eso lo recordamos con tanto cariño acá en Chile, a 30 años de su muerte.

 

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3 Comentarios

  1. alejandra dice:

    . No sabía de esos datos!! Gracias.

  2. antonio arévalo dice:

    y fue una de las mas activas personalidades que participo en la Bienal de Venecia del 1974 contra el golpe fascista de Augusto Pinochet.

  3. Mario Valdovinos dice:

    Felipe: Estuve en el auditórium de Física, en el Pedagógico, cuando Cortázar vino. Yo era un adolescente y, en medio del vendaval de preguntas sobre revolución, no me atreví a decir palabra, si bien mi boca estuvo abierta durante todo el acto, merced a su sencillez y sabiduría, y también a una alumna que capturaba mi atención, porque encarnaba en su rostro lo que el poeta decía.
    Felicitaciones por tu apasionado texto.

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