Revista Intemperie

Escapando del verano de tungsteno

Por: María Angélica Ovalle
Parque Forestal

María Angélica Ovalle contempla las vacaciones de los demás por Facebook y recomienda aprovechar la capital

 

Vacaciones en Santiago… o mejor dicho verano en la cuidad. Mi mayor paseo hasta el momento ha sido ver las múltiples fotografías en un Facebook repleto de gente viajando, que sin estar satisfechos de disfrutar de paisajes paradisiacos, fotografían hasta los boletos de vuelo. Una completa falta de respeto para los que solo aterrizamos en el estacionamiento. ¡Por favor, dejen algo para la imaginación!

Voy a dejar afuera a los fotógrafos profesionales de platos de comida. Esos en vacaciones o no, gozan subiéndolas y me da hambre señores!… soy mujer pero con ascendencia cromañona familiar.

¿Envidia yo? ¡No! Solo noto mi bronceado de oficina… y bueno, desearía por un momento flotar de espalda en algún lago, quemando mi piel casi albina (supuesta belleza renacentista), y dejar callada por un segundo a mi mente voraz… al menos me salvo de la huella blanca de los calcetines que algunos conservan en silencio, obligando a sus pies a esconderse dentro de unas zapatillas clasificadas como “bombas de olor veraniegas”.

Lo bueno del período estival es que la cuidad se calma, los parques respiran profundo, los pastos se convierten en alfombras de terciopelo verde, donde solo alguna hormiga te puede perturbar el sueño. ¡Nada como despertar rodeada de perros haciéndote compañía! ¡Esta es mi ciudad!

Aconsejo disfrutar del gran número de trekking dibujados en las montañas que encierran la capital. Tomarse unas mini vacaciones de fin de semana no anda nada mal. Es importante recordar que existen los árboles, los insectos, aparte de las arañas de rincón, polillas o cucarachas veraniegas. Que los pájaros cantan antes que el hombre fuera hombre y que las estrellas rellenan el cielo y te miran sin que tú puedas observarlas, cuando estás bajo el farol del paradero de micro.

Recién leí un artículo sobre que los niños son más inteligentes cuando están en contacto con la tierra, a pies descalzos. Esa siempre fue mi teoría para grandes y chicos, de hecho siempre intento practicarlo. También pienso que es bueno abrazar un árbol, pero el otro día un sujeto me preguntó si creía que a los árboles les gustaba eso… no supe que responderle. Aprovechando que estamos visualizando los parques, un buenísimo ejercicio de meditación: intente oler las flores, no se lo deje solo al romanticismo. Esta acción puede convertirse en una terapia floral completamente gratuita!. Claro, si usted es uno de esos que prefiere capear el calor en un mall, será extraño que ande oliendo las palmeras de plástico, es mejor que no lo intente.

Creo también que existe, hoy por hoy, un aprovechamiento del supuesto que todos andamos fuera de la cuidad, como para armar y desarmar tipo lego las vías de locomoción, demoler edificios y cerrar calles. Finalmente es la mejor época para hacerlo pero… sin ningún cargo de conciencia las faenas continúan los sábado por la mañana, con ese sonido de mega taladros infernales y aquí viene mi pregunta: ¿alguien se habrá preocupado por esa pobre anciana o ese niño que respira polvo como si estuviéramos en guerra? Aparte de esas partículas que vuelan producto de los incendios, creo que es mucho y me preocupa pensar que lo respiramos. Por eso repito la invitación de al menos visitar un parque el fin de de semana. Si quiere no abrace al árbol, no es necesario, pero volver por unas horas a donde siempre vivimos, me refiero a la naturaleza, pucha que es aconsejable para nuestra psiquis.

Salgamos de debajo de la luz tungsteno de nuestras casas y tomemos sol. Siéntase tipo planta y deje que los rayos traspasen con su energía. ¡Esta es una invitación a hacer fotosíntesis de verano!

 

Foto: La Tercera

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