Revista Intemperie

Encuentro con un Cristian Grey chileno

Por: Susana O.
50 sombras de grey

Susana O. rememora una escena del best seller “Cincuenta sombras de Grey” y considera que no es tan entretenido en la realidad como en el libro

 

Hace un par de semanas conocí a un tipo en un bar de Ñuñoa. Era atractivo, pelo castaño, largo, uñas bien cortadas,  así que le hice caso, a pesar de que usaba anillo (me refiero a anillo, no argolla), lo que a mi juicio está completamente pasado de moda.

Era una de esos tipos que hablaba con propiedad de todos los temas, y se veía muy seguro de todo lo que decía. Pero era educado y simpático así que tengo que reconocer que me empezó a interesar. En el transcurso de la conversación, no sé por qué, le comenté que trabajaba en traducciones del inglés y resultó que “justo” en la empresa en que él trabajaba estaban requiriendo traducciones, así que me entregó su tarjeta para que le mandara  información.

Me gustó que no me invitara a nada más ese día, por el contrario, se despidió muy serio, casi como si fuera una entrevista profesional.

Así que a la semana siguiente ni siquiera lo pensé mucho antes de mandarle un mail para recordarle, y casi al tiro me respondió “citándome” a una reunión. Resultó que trabajaba en una de los edificios de Sanhattan, en una oficina que debe haber sido más o menos del porte de mi departamento. No sé si era el dueño, pero a lo menos tenía un cargo importante, se notaba a las claras.

Se veía tan guapo en ropa formal y con corbata, que hasta me empecé a poner un poco nerviosa. Él (lo voy a llamar Cristian), fue siempre formal y educado, pero a diferencia de la otra vez en el bar, ahora me lanzó algunos comentarios e insinuaciones bastante directas. Al final, cuando me invitó a salir, me terminé de sentir como una Anastasia Steele cualquiera, pero lo encontraba tan guapo que le dije al tiro que sí.

Fuimos a comer y terminamos en su departamento (sí, soy fácil, a veces). Ahí las cosas empezaron a cambiar de tono. Digamos que lo que tenía antes de seguridad en sí mismo se empezó a transformar simplemente en una actitud arrogante e incluso un poco soberbia. Habló como media hora de lo espectacular que era la vista de su departamento, y después como otra media hora del super vino que iba a descorchar.

De todas maneras la noche avanzó, los tragos hicieron su trabajo, teníamos gustos musicales similares, y llegado el momento me empecé a sentir lista para algo más.

Pero el caso es que este prospecto de Cristian Grey chilensis no se decidía dar el paso, y como no me quería quedar sin mi “recompensa”, decidí darle una “ayudadita”, hasta que finalmente atinó y me dio un beso.

Todo anduvo bien por mientras nos quedamos en el sillón del living. Cuando nos fuimos a su pieza, pareció que se hubiera olvidado que había sido yo la que había tenido que darle el “empujón”, y volvió a su tono mandón y soberbio, como si fuera él el macho experimentado que me había “llevado a la cama”, y yo una pobre mosquita inexperta (cosa que, en verdad, no soy ni de cerca).

Me tendió en la cama y me sacó los jeans, y me dijo algo así como “Ahora vas a ver lo que es bueno” (ojalá, pensé). Pasé por alto un “¿Has hecho esto antes?” cuando estábamos en, digamos, la fase oral, pero cuando salió con el clásico “Tengo que advertirte que yo no hago el amor, esto va ser sólo sexo, nada más”, pensé que ya era demasiado y a era mejor aclararle algunas cosas:

-Disculpa, guapo, la verdad, si sólo quieres sexo, y ojalá del bueno, tengo que decirte que no tengo ningún problema, de hecho, a eso fue lo que vine.

Pude ver una mueca de confusión por un momento en su rostro, pero la verdad no se dio mucho por aludido, así que agregué:

-De verdad perdona si te rompo un poco la fantasía a lo Cristian Grey, pero creo que no soy ninguna Anastasia, así que, de hecho, no creo que me vaya a doler ni nada.

Quedó tan desconcertado con esto, que me tuve que poner un poco más cariñosa para que no se amurrara por completo. De todas formas el tal Cristian estaba buenísimo, y tengo que decir que nos pasamos un buen rato (bastante rato). No voy a decir que “me lo cogí”, porque sería poco “de señorita”, pero no estaría tan lejos de la verdad. Lo que sí, lo dejé exhausto en todo caso, eso puedo asegurarlo.

Cuando lo vi durmiendo, pensé que no tenía ganas de que nos viéramos las caras la día siguiente (ya sobrios), mientras nos preparábamos huevos con tomate o algo así, así que me puse de pie en silencio, fui a recoger mi ropa, que había quedado desparramada alrededor de la cama y por el living, y simplemente me las emplumé. “Adios Cristián Grey, quizás sí eres un galán, pero para otro tipo de mujeres”.

La verdad, me gustó las 50 sombras de grey, pero encontré “terrible de ahueoná” a la mina, está bien para leerlo y entretenerse un rato, pero si los hombres van a  pensar que somos así de estúpidas, estamos mal. No gracias.

 

Foto: Entertainment Weekly

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