Revista Intemperie

Concurso para encontrar programas de TV de calidad

Por: Felipe Valdivia
NUEVO PASO EN SU CARRERA

Felipe Valdivia en contra de la homogenización televisiva que tiende solo a programas de concursos y docurealities faranduleros, dejando atrás la calidad

 

Quise creer que era mentira, pero lamentablemente era verdad. Un titular que salió en el diario a principios de año aseguraba: “Los detalles del programa de Rafael Araneda para Nat Geo”. Al leer la nota seguía escéptico, pero con el paso de los minutos me fui convenciendo que ya era un hecho, que todo estaba decidido y zanjado, que nuestro insigne animador de programas de concursos encabezaría el primer espacio de este género, en uno de mis canales favoritos (que trato de seguir a través de Internet, dado que en mi casa no tengo cable).

Según la nota de prensa, el programa se va a llamar Supercerebros, y sus pruebas, entre otras, consisten en identificar cientos de aves por su sonido, reconocer una nota musical emitida desde un instrumento u objeto, realizar cálculos matemáticos de alta complejidad y resolver un cubo Rubik con los ojos cerrados y bajo el agua. Hasta ahí suena atractivo.

Se trata del primer programa de concursos que emitirá Nat Geo, situación que me provocó una tremenda pena y decepción, porque era un canal que siempre pensé que no se alinearía a los contenidos baladíes que caracterizan a toda estación de televisión y se mantendría firme en su posición de emitir documentales de buena calidad. Pero me equivoqué.

En cuanto los concursantes vayan superando las pruebas, llegarán a una final en la que competirán por la módica suma de 45 mil dólares. La competencia será ante una especie de jurado, todo en un formato muy similar a los programas que emite CHV, acá en nuestro país o, dicho de otro modo, muy semejante a los espacios que CHV ha importado.

Y ahí mi mayor decepción. Araneda debió ser contactado por su vasta trayectoria en programas de formatos de concurso, en los que prima la morbosidad del espectador por ver derrotado a su contrincante y luego conocer su historia personal que lógicamente –como es de esperarse– siempre tiene que cargar con una trágica trama por detrás.

Que no se malentienda, en todo caso, no quiero a través de esta columna dar lugar a una especie de nostalgia, a causa de este nuevo programa de Nat Geo. Quisiera ir más allá y ligar la participación de Araneda con los resultados de rating de la televisión chilena del pasado año 2013. Una columna muy televisiva y muy contraproducente, por cierto.

Ocurre que CHV cerró el 2013 con 7,68 puntos promedios de rating (según datos de Time Ibope), quedando en segundo lugar y superando por escaso margen a TVN, con 7,64 puntos. En primer lugar quedó Canal 13 que se posicionó con 8,27.

La pregunta es, ¿por qué el canal público quedó relegado a tercer lugar ubicándose detrás de CHV? Recuerdo bien y con nostalgia los innumerables programas culturales que ofrecía TVN hace algunos años. Si bien es cierto que aún es posible sintonizar series de calidad (aunque escasas), ya no se ven programas de conversación como los de antaño, basta recordar lo que ocurrió con Cristián Warnken, precisamente en TVN el pasado 2013. Es que también la red estatal se contaminó con concursos y docurealitys que les permitió repuntar –en parte– el descendente rating que estaban experimentando.

Según la misma encuesta de Time Ibope, los programas más vistos durante el año pasado fueron las Clasificatorias al Mundial 2014 y la Gala del Festival de Viña con 43,6 y 33,6 puntos promedio de rating, respectivamente, ambos espacios pertenecientes a CHV. Además, un nuevo programa de telerrealidad llamado Manos al fuego logró imponerse en las preferencias de los chilenos.

Esto nos habla de dos fenómenos. El primero consiste en entender que la televisión como medio global ha observado que el público prefiere ver programas en los que la polémica predomine. Realitys, docurealitys, concursos, entre otros, han ido reemplazando a otro tipo de presentaciones que antiguamente eran incluidos en la parrilla programática.

Hoy parece importarnos más que un flacuchento con ropas anchas le ande poniendo el gorro a su polola, que las conversaciones interesantes de Una belleza nueva o los interesantes documentales de las rutas de Ricardo Astorga, que han sido relegados al domingo por la tarde, cuando casi nadie está con ánimo de ver televisión.

En ese sentido, CHV parece “estar haciendo las cosas bien”. Con una parrilla que preferentemente emite programas de concursos y en el que se le da amplia cobertura a la farándula, en los que la polémica parece ser ley, han logrado imponerse en un triunfante segundo lugar. Es el reflejo de lo que la mayoría de los chilenos le interesa ver. Pero ojo. Si todo lo que toca CHV lo convierte en polémica y el público lo sintoniza, entonces quiere decir que los chilenos somos buenos para el cahuín. La responsabilidad es de cada uno de nosotros.

El segundo fenómeno parece un tópico majadero, pero sigue siendo una lamentable realidad. En una televisión en la que los espacios otorgados para instancias culturales son casi nulos, resulta una tarea casi titánica crear nuevos e innovadores espacios dedicados a esta área. Han quedado en el intento y agonizando algunos proyectos que prometían romper con el paradigma de que la tele chilena da pura basura. Pero sigue siendo una lamentable realidad. El tema está estancado por falta de voluntades. Es que los parlamentarios todavía no le han tomado la seriedad que requiere a este asunto, pues no han querido normar con más vehemencia para que los canales otorguen más horas a programas culturales. Por eso es recurrente apreciar cómo cada domingo las estaciones televisivas transmiten documentales del planeta, de las identidades nacionales, de los platos típicos, pues son esas áreas las que entienden por cultura. A nadie parece interesarle el tema, salvo a quienes sí nos preocupa el arte y la cultura.

En relación a los noticieros, Chilevisión Noticias se impuso con 14,2 puntos de rating promedio. El noticiero central tiene una amplia parrilla de crónica roja, pero también de “noticias ciudadanas”, en los que cada uno de nosotros tiene la oportunidad de convertirse en periodista. Pareciera que la gente necesita y quiere participar de la televisión y ser parte de lo que sucede diariamente. No hay duda que los ejecutivos de CHV han leído bien el mensaje del comportamiento de la sociedad nacional. Y mientras se sigan incrementando los puntos de rating, los canales seguirán dando programas de concursos, realitys y docurealtys y atrás irán quedando los espacios culturales, las series y los interesantes documentales. Habrá que recurrir al cable, pero nos iremos encontrando con que este tipo de espacios se irán tomando las señales especializadas como Nat Geo y su primer programa de concursos conducido por Rafael Araneda. Para ese entonces tendremos que recurrir a Internet… bendito Internet que nos permite encontrar documentales de distinto tipo a cualquier hora del día.

 

Foto: Notimex

Un comentario

  1. Federico Zurita Hecht dice:

    Nat Geo (al igual que Discovery e History) es un canal conservador que se sirve de un formato supuestamente elevado para instalar una visión estrecha de la realidad. Cristian Warnken realiza entrevistas en las que la dimensión discursiva no es importante y, más bien, ésta es apagada por una visión impresionista del arte y el conocimiento. El señor Valdivia (y no me refiero a la persona de carne y hueso sino al “autor”, pues su escritura es lo único que tengo para asociar a su nombre), además, insiste (con lo aquí formulado y lo presentado ya en su texto sobre Stgo a Mil) en nutrir sus reflexiones de lugares comunes (“Lo que originalmente era un hermoso proyecto se transformó en una maquinaria e industria que presenta espectáculos para aquellas personas que pueden pagar”, en su texto anterior) y visiones soberbias de supuesta superioridad (“A nadie parece interesarle el tema, salvo a quienes sí nos preocupa el arte y la cultura”). El autor (un sujeto hecho de texto, insisto, pues no hablo de una persona sino de sus columnas de opinión) propone, así, reflexiones que habría sido interesante formular pero las desarrolla desde una posición romántica que anula cualquier intento subversivo y sus textos se vuelven inofensivos. Por último, más que explicativo (con lo que podría desplegar su posición ideológica de forma eficiente) es impositivo (lo que lo presenta casi como un tirano de la reflexión) y, consecuentemente, se emparenta con aquello que critica. Nadie puede prohibir que él escriba, por qué yo me arrogaría tal derecho. De hecho no lo hago, es sólo que ya no me quedan ganas de seguir leyéndolo.

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