Revista Intemperie

Frente a la tumba de Pol Pot: aproximaciones al horror camboyano

Por: Sebastián López
tuol sleng

Sebastián López recala en Anlong Veng, en la frontera de Camboya con Tailandia, para visitar la tumba de Pol Pot y reflexionar sobre el horror de la dictadura comunista

 

Un final: socavones y lomas de neumáticos, cartones, plásticos, envoltorios intentando desintegrarse minuto a minuto en la frontera noreste de Camboya con Tailandia. La única historia que este lugar debe conservar es la fecha de elaboración y vencimiento de los envoltorios que vanamente esperan desaparecer o volver a la tierra en miles de años más. En la indistinguible e indivisible monotonía de un basural, sin embargo, el conductor de la moto apunta hacia cuatro pilares de madera que poco a poco desaparecen entre bolsas, botellas, plásticos, neumáticos: una placa celeste, desteñida al sol, declara silenciosamente: Lugar de enjuiciamiento de Pol Pot. Por un camino de tierra hacia la izquierda rodeamos otros basurales y otras letras en otra opaca placa celeste, “Tumba de Pol Pot”.

Pol Pot -camarada N1 del Khmer Rouge, creador del año cero en Camboya, responsable de más de 1.5 millones de muertes en tres años, ocho meses y 20 días–,  fue cremado acá en un fuego alimentado por basura y neumáticos en 1998 en la olvidada frontera rodeado de minas antipersonales que hasta el día de hoy no explotan. Una especie de patio con unos pocos árboles y pasto que en cualquier momento pueden darle una segunda cremación a la pequeña tumba que al centro, sin ninguna pompa mas bien como un ejercicio de olvido y obligación más que de memoria, se enfrenta al sol, la tierra y la arena. Pocos inciensos, ninguna flor y las mismas letras débiles dicen que Pol Pot descansa frente a uno. La tumba queda cerca de Anlong Veng, uno de los últimos pueblos donde el Khmer Rouge y sus pocos y paranoicos seguidores pudieron esconderse después de haber sido barridos de Phnom Penh por el ejercito vietnamita en 1979. Tres años antes, el 17 de abril de 1975 en Phnom Penh, Pol Pot, un ex estudiante de doctorado en París que no quiso continuar sus estudios de doctorado becado por el rey Sihanouk de Camboya, porque encontró en las protestas parisinas de 1968-69 a Mao Tse Tung, junto al Camarada Dutch o numero dos y un gran ejército de campesinos que se hacían llamar el Khmer Rouge, tomaron control de Camboya. Al tomar control del país, el Khmer Rouge pretendía barrer con la historia occidental-moderna en Camboya y comenzar desde cero: ciudades completas fueron desocupadas y las personas reubicadas en campamentos de trabajo “voluntario” o campos de concentración en las afueras de todas las ciudades. Comenzar desde cero también se traducía en eliminar cualquier presencia de pensamiento occidental: estudiantes básicos, medios y universitarios, profesionales, monjes, y hasta ropas, todo debía desaparecer. Phnom Penh y sus habitantes fue deshabitada en 24 horas.

Intento por reconstruir una memoria: miles de rostros mudos con la mirada fija en el horror. Cada uno en blanco y negro, no solo por la antigüedad de las fotos, sino también por el uniforme negro que debían usar. Una vez identificados como traidores del Imperio Khmer, de haber ayudado al capitalismo, de haber registrado toda su vida y haber tejido una red de contactos y futuros acusados a través de sus testimonios, los oficiales rojos tomaban una foto, el último registro de los miles de presos y asesinados por el Khmer Rouge. Antes de ser un lugar de tortura y asesinato, Tuol Sleng fue una escuela en Phnom Penh y mientras camino por los pabellones de la prisión -conocida como S-21-, la mirada húmeda detrás de esas fotos, con esos ojos completamente abiertos como abrazando por última vez el terror, cayendo en el encandilamiento de la muerte y del horror de ser asesinado por ser inocente, me pierdo. Cientos de miles de ojos fijos en el miedo, no sé dónde mirar, miles de personas reducidas a un retrato genocida que registra el terror, un retrato de una gran muerte como un gran papel mural que mudamente grita a través de esos miles de ojos que no pestañean hasta que encuentro el espanto: un hombre con los ojos cerrados, resistiéndose al retrato, escapando del registro, su cara tensa e irreconocible borra su identidad.

Según Pol Pot, la creación de la Camboya maoísta tenía que ser humilde, como sus bases y eso regía todos los aspectos. La tortura y los asesinatos tenían que ser económicos: ninguna bala se disparó en toda Camboya para exterminar a millón y medio de personas. Cerca de 20.000 victimas fueron torturadas y algunas asesinadas en Tuol Sleng y solo 17 sobrevivieron. Esos 17 probablemente pasaron por incontables golpes, intentos de ahogos en bidones con agua, electricidad, alambres de púas, pero lograron escapar de los machetes, martillos y clavos, chuzos, serruchos, hoces, y de los tallos de hoja de palma con cuyos tersos y dentados bordes degollaban a los traidores.

 

Foto: víctimas de la prisión de Tuol Sleng

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.