Revista Intemperie

Chile país de púgiles: surge nueva polémica entre los escritores nacionales

Por: Intemperie
gonzalo contreras

La disputa recién empieza: Gonzalo Contreras ha encarado a toda una nueva generación de narradores y ha puesto en entredicho su calidad escritural, generando un debate que quizás interese poco a los lectores

 

El mundo literario no suele estar exento de polémica: egos, mezquindades, resentimientos o ambiciones frustradas, el caso es que los escritores son buenos para pelearse, aunque posiblemente a los lectores estas disputas no les interesen demasiado.

El asunto comenzó a principios de Enero, con las declaraciones de Gonzalo Contreras, uno de los nombres destacados de la Nueva Narrativa chilena (generación que publicó libros de gran éxito a comienzos de los ’90), a propósito de su última novela, Mecánica celeste. Entrevistado por revista Paula, el autor de La ciudad anterior, manifestó disconformidad  con cierta tendencia de la actual literatura chilena hacia el minimalismo y el ensimismamiento. De paso, citó a Alejandra Costamagna –quizás sacando la cita de contexto–, que alguna vez habló de  la literatura “emo” o “anoréxica”.

Contreras no se quedo corto, y expresó su desinterés sobre el actual panorama literario nacional, escritores que carecían “de olor y color” y cuya prosa “es como ver la vida en un televisor Bolocco blanco y negro.” En una respuesta que sin duda parece un poco mezquina, ante la pregunta por los escritores chilenos que le interesaban, respondió: “Ninguno en particular. Sí me gustan mucho Houellebecq, Eugenides y McEwan. Son escritores que me nutren, que desde la ficción están en este mundo, están conectados”.

Las palabras del que podríamos considerar la última voz de la Nueva Narrativa Chilena no pasaron en absoluto desapercibidas, y tuvieron una respuesta inusual a los pocos días, cuando en el diario La Tercera se presentó con bombos y platillos “el nuevo mapa de la literatura chilena”.

El artículo, redactado por Roberto Careaga, no era para nada halagador para Contreras. Partía así: “Regresó después de casi una década de silencio y ya nada era como antes. Icono de la narrativa chilena de los 90, cuando era a la vez bendecido por la crítica y el público, Gonzalo Contreras lanzó el año pasado la novela Mecánica celeste y se encontró con los peñascazos de la crítica literaria”.

Sin pasar por alto la mezquindad de Contreras, el artículo presentaba el mapa de la narrativa chilena a partir de autores que en general bordean los 40 años, donde incluía a Alejandro Zambra, Álvaro Bisama, Diego Zúñiga, Patricio Jara, Jorge Baradit, Marcelo Leonart y Nona Fernández entre otros.

Consultados brevemente, algunos de estos autores defendieron el recambio generacional, negando (esto no es muy sorprendente en todo caso) las acusaciones de Contreras. “Hay aire, color, diversidad, hay una multitud de registros, algunos muy personales, y eso es bien interesante” dijo Álvaro Bisama, mientras que Alejandro Zambra también justificó la nueva tendencia: “los escritores hemos priorizado la escritura como indagación, desoyendo los caprichos de la moda o del mercado”.

Lejos de amedrentarse con la nota y el recambio generacional, Contreras contraatacó hoy mismo, en el semanario The Clinic. En una columna no exenta de ironía pone sobre la mesa el hecho que sus palabras, al parecer, dieron pie al nacimiento de toda una nueva generación, y aclara de paso que la Nueva Narrativa no pretendió jamás ser una generación, sino que consistió tan solo en la publicación coincidente de determinados títulos de éxito en la colección Planeta del Sur.

Pero Contreras no se detuvo ahí y volvió a disparar: “la cuestión de fondo de mis dichos no ha sido respondida (…) Dije que buena parte de la literatura que veía faltaba de energía y en su prosa, de color y olor, que su lectura era como ver televisión en un viejo televisor en blanco y negro. Y debo suponer que es deliberado. Una prosa escasa de sustantivos, sintaxis sin riesgo, una narrativa carente de tiempo (transcurso, instante y duración), de lugar físico (locaciones) y escena, que reemplaza el argumento por el estado de ánimo, confunde lo realista con lo doméstico, que ha simplificado el lenguaje hasta su mero fin utilitario, que se detiene en una estación previa a la trasmutación literaria, (lenguaje metafórico, poder cognitivo, exuberancia en la dicción, que pide H.Bloom), como si se escribiera con cierta pesadumbre o vacilación, o derechamente se trate de una obsecuencia meditada al servicio de la dificultad lectora ambiental. Por lo mismo, me pregunto, ¿para qué alguien querría escribir una novela si no pretende escribir una novela? Nadie está obligado a lo imposible. Basta con no escribirla.”

También respondió a las declaraciones de Zambra en La Tercera, quien habló de la marginalidad de la literatura actual: “Hay una legitimación de la marginalidad en que funcionan las comunidades literarias” declaró Zambra. “Hoy importa poco si publicas en editoriales mainstream o en independientes; además, ya no existen suplementos literarios”. Diego Zúñiga, que ha escrito repetidas veces en contra de los autores de la Nueva Narrativa Chilena en la Revista Qué Pasa, criticando su excesiva dependencia de Henry James, también se refirió a la independencia del mercado, y las ventas comparativamente menores a las de la época dorada de la Nueva Narrativa: “Eso hace que lo que prevalezca es la literatura” dijo Zúñiga.

Contreras respondió casi con una risotada a estas declaraciones de marginalidad, que ciertamente parecen fuera de contexto: “cuando leo en el artículo en cuestión que este grupo se pretende o se mira sí mismo como marginal, uno salta de la silla…¡¿Qué?! Con seguridad no hay registro en la historia de la literatura chilena un grupo más organizado, institucionalizado, academizado, con más desarrollado sentido de aquello que su crítico mayor Ignacio Echeverría llama “espacios de poder”, finalmente, con más sentido estratégico, que los mentados escritores”.

A propósito acusa una “crítica amiga normalizada”, “el subsidio de un diario especifico” (obviamente se refiere a La Tercera), “cadenas de radio afines” y un “entero departamento de letras de una universidad a su disposición” (obviamente se refiere a la Universidad Diego Portales).

Agregándose a esta agria disputa, Rafael Gumucio, en El Mercurio, declaró el pasado domingo: “No deja de ser llamativo el contraste entre una literatura llena de disidentes, de disconformes, de discutidores y una crítica y una academia enamoradas de la unanimidad.”

El debate se inserta en el contexto de bajos índices de lectura, y en la pregunta permanente por si ahora se lee más o menos que antes. Las cifras parecen indicar indiscutiblemente que nuestro mercantilizado país tiene índices de lectura claramente en descenso, y algunas cifras de ventas parecen sugerir lo mismo.

Mientras a comienzos de los noventa los títulos de la llamada Nueva Narrativa alcanzaban 20 mil o 30 ejemplares de venta, y ocupaban los primeros lugares de los rankings, hoy día, con un ingreso per cápita el doble o el triple en el país, es difícil que un libro de la nueva generación de escritores alcance un décimo de ese tiraje, y las listas de los más vendidos aparecen hegemonizadas por best sellers comerciales, muchas veces de origen norteamericano.

Bajo este panorama, cabe preguntarse si estas polémicas sirven para promover y profundizar el escenario literario nacional, o más bien su único destino será ahuyentar aún más a los lectores de nuestros nuevos escritores.

 

Foto: emol.com

7 Comentarios

  1. Juan Ignacio Ramírez (JIR) dice:

    Polémicas como estas nacen de ociosos que están los cabecillas de ambas generaciones. Hay que ponerse a escribir bien, de modo de tener la altura para omitirse, como otrora los más grandes escritores de américa latina.

  2. Javier Campos dice:

    Si en Chile se lee menos y se prefiere leer en el celular o iPhone es claro que los libros son una elite que las compra. Toda esta polémica solo está encerrada e los propios escritores y poco o nada le interesa a el 95 o 99% de la piblacion chilena. Queda en un reducido marco académico o en profesores extranjeros que compran alguna novelita chilena para sus cursos en EEUU o Europa. Debe ser Chile el único país que insiste en poner a poetas y narradores siempre en generaciones . O “nueva narrativa” etc cuando en otros países latinoamericanos es lo menos que les preocupa.

  3. Alvaro dice:

    Este debate, que parece eterno y se da en el mismo callejón y en el mismo barrio con los mismos rosqueros de tanto en tanto. Mientras acá abajo, en el mundo real, hay quienes pretenden escribir y aún no logran concretarlo por la carencia de título que dé la seguridad de ello (por algún motivo se cree en el inframundo que el periodismo es la solución y el paso obvio) o de algún taller que logre amparar a los prodigios en vías de extraviarse, algo que por cierto, Contreras lo expone favorablemente como parte de su dogma. Escribir no debería ser un titulo -según sus palabras- dejando abierta la posibilidad de ser un oficio adquirido.
    Si queremos una renovación mal llamada “generacional”, es la misma calidad humana de los escritores la que debería comenzar a abrirse fuera del pago universitario privado. A los escritores les encanta por lo general hablar de algún lugar en común donde no han podido entrar.
    En la universidad de Buenos Aires creo haber escuchado el mejor resumen de la situación de los escritores chilenos en la actualidad: “escriben y se dirigen a uno como verdaderos psiquiatras, con un complejísimo lenguaje uno no se sienta leer, se sienta en el diván ante la obsesión de llevar todo a un análisis”
    Cuando haya una voluntades que sean ejecutables y con resultados, discutamos, mientras tanto, estos debates son una teoría más.

  4. javier dice:

    Es cierto que Contreras fue parte de un movimiento melifluo como la nueva narrativa, pero el disparo que hace es demasiado certero. La narrativa actual es floja, fome, muy post adolescente en una vereda y muy academicoide en la otra. No hay brios, no hay cojones, no hay una “fuerza” detrás de estas novelitas que parecen haber sido redactadas en una pieza con café y galletas en la casa de los papás.

  5. Antonio Compte dice:

    Tiene mucha razón Contreras, si bien en esta discusión resulta ser el malo de la película.
    Qué daño más grande le hace la cofradía UDP-GRUPO COPESA con sus “académicos/escritores”, que pasan de sus aulas de la Universidad de la UDP, a publicar en el Mercurio, La Tercera y demases. Los mismos que, cuando publican son críticados (obvio que favorablemente), por otros académicos, críticos con sueldos de Copesa o editados por la misma UDP. ¿Cómo es posible que no se forme unanimidad ahí, si todos cobran su cheque mensual del mismo bolsillo? Hay un sobajeo donde Zambra cita a Zúñiga (este último harto mediocre), Bisama a Gumucio (ambos me gustan) y luego a Jara (me gusta harto menos), y donde todos se cuadran con Bolaño, porque claro, Bolaño (que me parece un escritor fantástico) es el “producto estrella” de la marca editorial UDP.

    A mi me gusta la literatura contemporánea actual. Me gustaría más, sin embargo, sin la burda maquinaria mercantil que esconde la cofradía UDP-Copesa (ya que con eso, tienen a todos los críticos chilenos, y al 90% de los medios de opinión… y es tan evidente y grosero que por ej. para responderle a Contreras, La Tercera dispone de dos páginas para decir su “quién es quién en la literatura actual chilena”, donde por su puesto, Contreras no existe más que como la antigualla).

    Era necesario que alguien lo dijera. Qué bueno que Contreras haya sido quien se atrevió. Qué pena que venga justo luego de una publicación tan mediocre como Mecánica Celeste; una mejor novela le habría dado más piso, y no parecería respirar por la herida.

  6. Carlos Puig dice:

    1º) La buena literatura no tiene que ver con generaciones.

    2º) Los mejores narradores chilenos para mi gusto – parcial y limitado- son:

    José Donoso
    Manuel Rojas
    Mauricio Wacquez
    Roberto Bolaño
    Germán Marín
    María Luisa Bombal
    Damiela Eltit

    3º) Existen muy buenos narradores en la actualidad.
    He leído con agrado e interés a
    Alejandro Zambra
    Álvaro Bisama
    Carlos Labbé
    Cynthia Rimski
    Andrea Jeftanovic
    Claudia Apablaza

    4º) No he leído ninguna obra del señor Contreras, pero sus declaraciones las encuentro desafortunadas.

    5º) Larga vida a la literatura chilena.

  7. jorge rossel dice:

    Estoy muy, muy de acuerdo con Antonio Compte. Sólo difiero en su último punto. Mecánica Celeste no es una novela Mediocre, sino que una novela “a medias”, y Contreras no respira por su herida, porque su gran virtud es su total independencia, no es un besamanos. Si su novela hubiera sido aclamada, diría lo mismo. ¿Por qué es una novela a medias y no mediocre?. Porque es una novela audaz, valiente, intenta ser una “novela total”, pero no a la manera del Cortazar de Rayuela, sino que a la manera de hoy. Pintar un mundo multifactorial, globalizado, en toda su complejidad y con todas sus complicaciones. Su metáfora del universo con sus constelaciones desplazándose en órbitas que se entremezclan, es el mejor reflejo del Stgo. de Chile hoy. Medrano, Victor, Rudy, el mismo Bertran, son los planetas de éstas órbitas, en donde la libertad es una ilusión, ellos deciden muy poco, sólo intentan navegar lo mejor posible, en un Stgo. muy bien dibujado, entre las mareas que los arrastran, como casi todos hoy,. Son personajes muy bien construídos, vívidos, incluso con una dosis de ternura, también de compasión,que interactúan en una trama de relaciones extrañas pero creíbles. Pero la segunda mitad de esta novela cogea,pues, las motivaciones, los bigbang individuales de éstos personajes, salen como un conejo, de debajo de la manga, encontramos vientres de alquiler, morfinómanos, mafias, perros que caen de un avión, la revolución sandinista, etc., que nos llevan a un final que en mi opinión no es abierto, sino que no está solucionado. Mejor no mencionar el juego de nombres, con Zelada, quien urde el ardid, y Salvador Estrella quien aparece de la nada y se lleva a Muriel salvándola. En éstos puntos, la novela entra a formar parte de la Teletón. Pero su valentía experimental de tratar de “abarcarlo todo”,y la creación de personajes tan queribles bien interrelacionados en su primera parte, son lo que, en mi opinión le dan valor a ésta novela.

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