Revista Intemperie

Libros para el verano

Por: Intemperie
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Playa o piscina, campo o ciudad, Intemperie entrega recomendaciones de lectura para estas vacaciones ya avanzadas. Novelas, sagas, cuentos… de Junot Díaz a Game of Thrones, de Hebe Uhart a Marcelo Mellado, libros para disfrutar en la hamaca y capear el calor junto a un melón con vino

 

asi es como la pierdes

Así es como la pierdes, Junot Díaz (Mondadori, 2013). No son pocos los críticos literarios que han notado que los aires que a cada tanto renuevan la narrativa norteamericana esta vez pudiesen soplar desde el Caribe hispanohablante. Pero nada de delicados cierzos. La tolvanera, encaramada en aviones tupidos con los bultos y los nervios del migrante transido, corresponde al fenómeno de la diáspora antillana. Su vórtice lleva por nombre Junot Díaz. Así es como la pierdes es un conjunto de relatos en que el desamor patina por los paisajes grises y gélidos que la cruda vida de las comunidades latinas en Estados Unidos niquela en sus personajes.

Desesperados viajes para intentar revivir amores desahuciados en aborrecibles complejos turísticos dominicanos. Dos hermanos que deben lidiar con la muerte, el despertar sexual y un angustioso porvenir. Una madre que se abroquela en el delirio bíblico ante la inminente muerte de su hijo. La lavandería de un hospital en el que jóvenes trabajadoras recién llegadas del Caribe, que no soportan el frío, el cansancio ni la soledad, manipulan sanguinolentas sábanas. Un panadero que acumula las cartas que le envía su esposa desde Santo Domingo, mientras recorre la ciudad en busca de una casa para mudarse con su pareja. Un depresivo académico que no puede recuperarse de una ruptura de la que es el único responsable.

La infidelidad, los afectos, las torpezas, y una mordaz reflexión sobre la tormentosa masculinidad impuesta por la cultura latina se entrecruzan con escenarios que exhiben  las duras condiciones de la migración antillana en suelo norteamericano. Un libro que a ratos se torna insoportablemente patético y no por eso menos bello. Escrito en un estilo sencillo y diligente. Se trata de uno de esos títulos que, para usar una analogía estival, es como un buen melón con vino: sabroso, fresco, y que una vez terminado, embiste con una implacable resaca de desasosiego. (Chico Jarpo)

 

a game of thrones

A Game of Thrones, George R.R. Martin. El título original de la saga es ‘Canción de hielo y fuego’, pero a estas alturas ya todo el mundo se guía por el nombre que le dieron en HBO. La serie televisiva va a la altura de la mitad del tercer libro, ‘Tormenta de espadas’, y si alguien quiere enterarse ahora mismo de lo que va a pasar la próxima temporada, puede empezar por ahí sin tantas dificultades. Game of Thrones tiene hartas gracias: sorprendernos al ver cómo tanto personaje principal muere o es mutilado; devolver el perdido espíritu de la tragedia a nuestros tiempos; mezclar historias de caballeros y dragones con dramas de intrigas por el poder y hasta con el genero de zombies; y también aprender que, menos que la suerte o los hechos externos, son muchas veces los defectos de nuestro carácter los que al final labran nuestro destino.  (Andrés Olave)

 

memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta, Fiódor Dostoievski. A los 28 años, cuando Dostoievski ya había escrito Pobres gentes y se encumbraba como una de las figuras literarias más importantes de Rusia, fue detenido por participar en el Circulo Petrashevski y acusado de conspirar contra el zar Nicolas I. Fue condenado a muerte, pero a último minuto su condena fue cambiada a cinco años de trabajos forzados en Siberia. Son los recuerdos de su época de recluso los que trae este volumen: la vida de Dostoievski en prisión, el detalle cuidadoso de todo lo que vio y oyó, el tráfico del vodka, las torturas, la crueldad de los gendarmes y el dolor del extrañamiento. La mirada afilada del maestro ruso se dirige a todas partes intentando conocer cada recoveco del alma humana. Dostoievski de paso, conoció y sacó a muchos de sus personajes de sus grandes novelas en prisión (y un punto notable del libro es su encuentro con los verdaderos hermanos Karamazov, el pequeño Aliosha incluido). (Andrés Olave)

 

un dia cualquiera

Un día cualquiera, Hebe Uhart (Alfaguara, 2013). Fogwill la colocó a la misma altura de Silvina Ocampo y Sara Gallardo, vale decir, entre las mejores de la literatura argentina. Se trata de Hebe Uhart, la escritora trasandina que lleva escribiendo muchísimos años y que sólo comenzó a ser una voz reconocida hace algunas décadas. Su última entrega, Un día cualquiera, corresponde a un conjunto de relatos que le hacen honor a su nombre, pues narran cualquier día de la vida, un suceso fortuito. En voz de su propia autora: “es como si todo fuera importante e irrelevante a la vez”. En realidad, lo trascendental en estos cuentos no son los hechos en sí, sino los cuestionamientos y las meditaciones que bordean las dimensiones filosóficas, sociales, económicas y sociológicas generadas a partir de éstos. Todos los cuentos aparecen juntos, desordenados, como si no tuvieran una línea coherente entre sí, sin embargo, si hiciéramos el ejercicio, probablemente Un día cualquiera se dividiría en una primera parte con relatos autobiográficos; un segundo apartado, con una cronología familiar repleta de personajes abandonando Buenos Aires, y una última sección con trabajos más cortos en los que se aprecia una voz más sarcástica, cuyo último cuento da nombre a la obra. Rematando: el último de libro de Uhart es ideal para este verano, porque son pequeñas novelas al precio de una sola, en la que podremos encontrar la escritura con el sello de la argentina sabia, con el tono, voz y ritmo inconfundible de Hebe Uhart. (Felipe Valdivia)

 

la broma infinita

La broma infinita, David Foster Wallace (1996). Se los recomiendo no como libro sino como almohada, dado que su extensión parece inabordable. Quién sabe si por ahí los engancha, pues David Foster Wallace logra conectar con cierta sensibilidad de la que solo se puede escapar leyendo. Además, probablemente, este libro sea el nuevo paradigma del libro objeto: hace poco encontré una versión de sus mil y tantas páginas en una edición de bolsillo. (Juan Echazarreta)

 

la ordinariez

La ordinariez, Marcello Mellado (UDP). Un libro para mearse de la risa. Mellado vuelca todo su ingenio en estos articulitos que abordan temas tan culturales como la masturbación, la música, la educación. Mellado tiene un estilo único, a veces parece un teórico educado en el Paseo Ahumada, a veces parece humorista demasiado ilustrado. En cualquier caso, el autor nos pone a todos frente a un espejo y nos hace reírnos de nosotros mismos. Un libro sano, esencial. Que puede leerse en compañía de un melón con vino. (Juan Echazarreta)

 

la tentacion del fracaso

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro (Seix Barral). Este libro contiene una recopilación de los diarios de Julio Ramón Ribeyro, uno de los mejores y más extraños cuentista de la literatura del siglo 20. Un autor de culto, que, sin duda, ha sido una gran influencia para la literatura latinoamericana que actualmente se publica. Ahora, que logre encontrarlo ya es otra cosa. Yo mismo llevo un año buscándolo. Así que aprovecho de tirarle el palo a quien tenga sus derechos, para vuelva a poner este libro en circulación, pues Ribeyro, para cualquier bípedo con una pizca de razón, es un autor imprescindible. (Juan Echazarreta)

 

contarlo todo

Contarlo todo, Jeremías Gamboa (Mondadori). No sé decir por qué esta novela es excelente. Su lenguaje no es particularmente atractivo, sus imágenes son llanas, las anécdotas que se cuentan podrían quedar simplemente en eso; en anécdotas. Las anécdotas laborales y amorosas de un joven periodista que rápidamente se convierte en un periodista no tan joven, que alberga en su cuerpo infinitas noches de cierre, de insomnio, de luchas con la identidad y con la vocación, y con la clase social y el acné, y con el alcohol y los padres idos, y la adicción al cigarrillo y la abulia, y los cambios de oficio y los cambios de vida  y esa certeza oscilante pero inmortal de que, pese a todo, en sus días hay un solo designio: Contar. Contar esa historia que se ha quedado paralizada de tanto vivirla. A Jeremías Gamboa hay que leerlo en verano, de corrido, con la cerveza y los vicios cerca. (Macarena Figueroa)

 

Escritoras en español e inglés: Gudalupe Nettel, Selva Almada, Aimee Bender, Claire Vaye Watkins. Cuatro mujeres (con tres libros de cuentos y una novela) fueron mis grandes sorpresas y delicias de este año 2013 y no me canso de recomendarlas.

el matrimonio de los peces rojos

En español, mis recomendaciones son, primero, la mexicana Guadalupe Nettel con El matrimonio de los peces rojos, volumen de relatos fascinante y ganador del prestigioso premio Ribera del Duero. Cinco historias en las cuales animales u hongos ponen en tensión o realzan los conflictos de parejas, niños y familias. Una colección inquietante y profundamente maravillosa.

ladrilleros

Segundo, la novela Ladrilleros de la argentina Selva Almada, una historia de provincia contada con una brutalidad que llega a doler en los huesos. Un relato de familias y venganzas que golpea y no se olvida fácil.

the color master

En inglés, también son dos autoras, y bastante jóvenes, mis favoritas. Por un lado, Aimee Bender con sus cuentos de The Color Master (uno de los libros nominados por el New York Times como los mejores 100 del año. En mi gusto, va por el top 5); historias perturbadoras que desbordan lo cotidiano desde los detalles o la pericia con la que se manejan los personajes. Cuentos de una creatividad deslumbrante.

battleborn

Y, por último, un libro del 2012, también de cuentos, y que hace temblar todo a su alrededor con una fuerza de mil tornados: Battleborn de la joven Claire Vaye Watkins, de esos libros para calificar con constelaciones, porque las estrellas no bastan, de esos que dan ganas de recomendar a gritos: historias sobre los seguidores de Charles Mason, personajes con problemas de amor terribles o a los que está a punto de pasarles una cortadora de pasto por el corazón. Desquiciado y magnífico. (María José Navia)

 

poco hombre

Poco hombre, Pedro Lemebel (UDP). Lemebel debe ser uno de los mejores cronistas en lengua castellana, y es tal vez, el escritor que produce la prosa más viva de Chile. Por eso, Poco hombre, la antología de crónicas que ha publicado la editorial de la UDP es ineludible. Pedro Lemebel, como ningún escritor chileno, es una voz indignada y rabiosa, que se ha mantenido vigente durante más de dos décadas, sin concesiones ni medias tintas, con un humor lacerante, embadurnado con la grasa de la capital, con el sexo marica, al paso, triste, directo. (José Ignacio Silva)

 

escenas de una vida de provincias

Escenas de una vida de provincias, J.M. Coetzee (Mondadori). Este libro reúne las novelas biográficas de Coetzee (Infancia, Juventud y Verano), un conjunto en el que el sudafricano va mucho más allá de la descripción aderezada de su crecimiento y su hechura como hombre, sino que no tiene el más mínimo temor de revelar trizaduras, obsesiones y debilidades propias, además de poner de relieve la historia de una nación en tiempos en el que apartheid pisaba fuerte. Al final el libro es un retrato incómodo, pero efectivo y honesto de un hombre que, hoy por hoy, es uno de los escritores vivos más importantes del mundo. (José Ignacio Silva)

 

lacra

Lacra, Marcelo Leonart (Tajamar, 2013). Leonart se sale de los moldes más convencionales de la literatura chilena para buscar una forma de narrar el estrambótico y maniqueo Chile actual metiéndose en la cabeza nada menos que de Carlos Larraín y Patricia Matte. Un relato delirante y sin respiración, que pone en escena los prejuicios de Chile, los estereotipos, las trancas, el clasismo, los abusos y las luchas. Una parodia que parece acercarse más a la realidad que el simple realismo, con personajes de una patria que no encuentra redención. (Pablo Torche)

2 Comentarios

  1. Gerardo dice:

    Alabo las recomendaciones y la labor de crítica cultural que realizan en revistaintemperie, sobre todo por su diversidad y el tono que presentan en los temas.

    Sólo un comentario: editen el lenguaje barroco y el cúmulo de palabrerías que a veces incluyen en los textos (ver nota “Así es como la pierdes”). A veces menos es más. Aún así me dieron ganas de leer el libro.

    Saludos.

    Gerardo

  2. Juan Ignacio Ramírez (JIR) dice:

    La selección no se desmerece a sí misma, en ello el ingenio de haberse constituido de autores diversos y sus opiniones. Bueno el rescate de Torche, porque hay mucho autor gringo y mucho autor masivo, lo que empobrece al billetón que uno se gastaría respecto del total de ventas de los verdaderamente independientes, a quienes hay que darles la importancia que merecen. Respecto a Lemebel, bueno, a Lemebel hay que leerlo todo lo que dé, porque ya la jodimos con Bolaño; podemos ser mejores a partir de Pedro, que, incluso, tiene más talento, y es lo que seguimos haciendo. No es la idea, no es el buen gusto auspiciarse a uno mismo, pero en mi caso sí lo es, en mi caso es parte del juego, así que, ¿se dignará algún medio a promocionar Instrucciones para Moya, de Calabaza del Diablo? En lo que respecta a utilidad particular del artículo, estoy seguro que en lo sucesivo compraré el de Junot Diaz y el de Mellado. Gracias por los comentarios.

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